El campesino inquieto
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Hace unos días leí una sabia reflexión del afamado catedrático de la facultad de Harvard, Arthur Brooks, en la que afirmaba que “las personas más felices son las que nunca dejan de aprender, pero que no lo hacen por obligación o necesidad, sino impulsadas por una curiosidad genuina por comprender el mundo que las rodea”.

Al iniciar este relato me siento abrumado y casi superado por el reto y la responsabilidad, de atinar a expresar y plasmar en el papel, la personalidad de aquella mujer humilde, pero orgullosa y digna; modesta, pero grandísima y entrañable persona y de todos los matices de la tremenda realidad y testimonio que supuso su vida.








