
Así Arento, que mirando sus manos y repasando con sus dedos, dedujo que sus cuentas eran correctas, cerrando su ojo izquierdo, como era habitual en él y rascándose la cabeza...
Cuando en los años cincuenta del pasado siglo, nuestro entrañable y recordado “Arento” (José), sentado al fresco de la tarde en la puerta de la Fonda de su parienta Margarita Vázquez y Antonio Palacios, contabilizaba con los dedos de sus manos, los camiones que pasaban por esa travesía del pueblo, poco podía pensar, que estaba haciendo las primeras elucubraciones sobre el absurdo y la sinrazón de algunas operaciones comerciales y su disparatado desarrollo en el tiempo.
Y es que el bueno de José Villanueva, “Arento”, cuando después de una tarde de vigilancia intensiva, comprobaba fehacientemente que, sólo en esa tarde habían subido desde Vélez Málaga y en dirección a Loja, cuatro camiones de un cierto tonelaje, todos cargados de orujo de aceituna, curiosamente los mismos que habían bajado, en dirección opuesta, desde Loja en dirección a Vélez, y cargados …¡de orujo de aceituna!, nuestro hombre, flipaba en colores.
Así Arento, que mirando sus manos y repasando con sus dedos, dedujo que sus cuentas eran correctas, cerrando su ojo izquierdo, como era habitual en él y rascándose la cabeza, al tiempo que se echaba la boina un poco sobre los ojos, comenta entre ausente y maravillado con su proverbial media lengua y con su típico tono, como el que habla consigo mismo: -”¡yo esto no lo entendo, odduo pa’rgiba, odduo pabao’, yo no lo entendo!” (yo esto no lo entiendo, orujo para arriba, orujo para abajo, yo no lo entiendo).
Poco podía saber el inefable, simple, sencillo y bondadoso amigo de todos, menos del cura, José Villanueva “Arento,” que, casi ochenta años después, la humanidad seguía haciéndose la misma pregunta, del sin sentido del “orujo pa’rriba, orujo pa’bajo”, sólo que ahora a nivel mundial, y donde el “orujo” se traslada por miles de millones de toneladas, en enormes flotas de camiones, ferrocarril, barco o en los casos más sofisticados, en aviones fletados para tal fin.

El “nuevo orujo” de los tiempos modernos puede ser, los cientos de contenedores de naranja valenciana que alguien vio la oportunidad comercial de colocarlas en Sudáfrica, para a continuación, cargar un número similar de contenedores de naranja sudafricana, con destino a Europa, con buenas expectativas comerciales. Otro día, será el avión especialmente fletado, para llevar una carga completa de “jamón ibérico de bellota” para su degustación por magnates chinos, con alto valor adquisitivo y volver cargados de “jamones pata negra”, “made in China”, con precio muy competitivo, para consumo de las capas más populares en España o los barcos completos de aguacates españoles, en contenedores refrigerados, enviados al mercado americano… ¡que vuelven cargados de aguacates chilenos o argentinos, para el mercado europeo!
Y como estos, podríamos poner cientos de ejemplos, donde la única justificación a este absurdo e irracional comportamiento, sólo se comprende por otro dicho muy nuestro que reza: “en el despacho, va la ganancia”. O sea, que la compraventa y movimiento masivo de mercancía, le produce beneficio privado a alguien y esto es, en la lógica del capitalismo y del neoliberalismo económico dominante. Condición más que suficiente, para su justificación lógica y legal, más allá de consideraciones como el innecesario impacto de contaminación producido para su transporte, el negativo desequilibrio comercial provocado en los mercados locales donde se produce, la desestabilización y distorsión del mercado de trabajo en las zonas afectadas, y otras tantas afecciones complejas y dañinas, provocadas sólo por la voracidad del beneficio privado del depredador comercial de turno, sin que el sistema sea capaz de impedir los daños colaterales de este comportamiento ni de racionalizar esos absurdos del libre mercado.
Hoy nos parece mentira, que hace casi 80 años, un hombre simple, analfabeto y con su media lengua, fuera capaz de hacer un análisis tan certero de todo este absurdo, con su rotundo “oruo pa’rriba, oruo pa’bao” y que hoy con tanto analista prestigioso e Inteligencia Artificial, nadie atine a denunciar contundentemente está aberración.
