
La conciencia de pertenecer a una determinada clase social ha existido siempre, incluso en los pueblos más pequeños. Pero a la hora de la verdad, ya fuese viviendo en el "yesón" -una casa de obra- o viviendo en el "terrón" -una casa cueva-, todos los venteños tenían que colgarse la capacha cada día para ir a ganarse el jornal.