Espacio literario

Ser padre, cuidar, educar en los valores a un hijo, no es tarea fácil, pero se aprende y es el mayor gozo de tu familia. Es el gran reto personal, familiar y de un pueblo culto y con valores.

Detuvo tu mirar mi tiempo cuando escuché tu melodía, fiel duende dejó en mi silencio, y a fuego prendió tu sonrisa.

Aprender el manejo de la honda, no el del lápiz.
Aprender a leer en las estrellas, no en los libros.
Aprender de los golpes de la vida, aprender a aprender.
A todas aquellas mujeres que pudieron ser y no fueron. Simplemente… porque eran otros tiempos.

A las gentes y al pueblo de Agrón, el pueblo de mi madre, en el que pasé largas temporadas durante mi niñez.

Mujer, madre, gran persona y tierna amiga. A ti, desnudo mi alma y en mi verso arde tu llama, esa humillante injusticia mezclada con bella sonrisa. Tus pesares, mi buena amiga, noble alma los comparte como en gozares se suma a tu alegría. Un fuerte abrazo y un beso...

Y unos marineros cuentan que en una frágil patera lo vieron junto a su madre navegar. Mas los vientos del Estrecho no le fueron favorables; y su cuerpo, tan pequeño, quedó una noche flotando sobre el mar.

Sentado sobre la gran piedra de majar esparto está el abuelo. Con el ala de su viejo sombrero de paño se protege los ojos; y en la empuñadura del bastón apoya sus huesudas manos. Los últimos rayos de un cansado sol de diciembre mitigan apenas la fría tarde invernal. Juanillo, el porquero, regresa ya al cortijo con la piara; y, en el cercano olivar, mujeres y zagalones, recogiendo una última solera, piden con desenfadadas cancioncillas al manijero que ‘eche ya el Cristo’.


