
Querida por toda Alhama y respetada por todo ser humana, era universal en practicar el amor -no olvidemos que del amor que hablamos no existe límite- que sentida por el Dios Creador, su Inmaculada Concepción, y por Santa Clara y San Francisco.










Si en Granada el exotismo moruno ha llegado a convertir la ciudad de la Alhambra en un parque de atracciones exclusivo para el turista, donde la evolución de los tiempos sólo se considera políticamente correcto en extramuros, en Alhama no podía ser de otra manera.
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