Opinión


     Quien fuera durante dieciséis años alcalde de Málaga y tuviera tan excepcional y brillante vida política, profesional, intelectual y humana, Pedro Aparicio Sánchez, visitó Alhama, dio una conferencia en la misma, y durante muchos años, hasta su muerte, cada vez que hablaba de Alhama la recordaba como uno de los pueblos andaluces y españoles que le habían encantado en su vida.



     No pueden explicarse como una simple opinión, basada en argumentos históricos, haya servido para generar una campaña contra “El mejor embajador que tiene Alhama”, sólo explicable desde la manipulación de los que, sin dar la cara (incluso desde las instituciones), han intentado un linchamiento indigno tergiversando y aprovechando una situación que no pasa de ser una mera consulta de opinión de recabar información de un tema local, y como presidente de la asociación a la que representa.

     

     La torre de mí pueblo, majestuosa, inmensa e inigualable, está siendo “protagonista” en estos días. Sí en el Mundo hay una ciudad con una torre, como sucede en tantos lugares, que represente y defina lo más importante de su fructífera historia y sea su indiscutible símbolo, esa es la de la iglesia de la Encarnación de Alhama. La que desde mediados del siglo XVI es el faro, histórico y visual, de toda la población.

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