
Jesús Pérez nos presenta tres composiciones que exploran la belleza de lo efímero, la persistencia de los recuerdos y la esperanza que permanece incluso en las despedidas. Una escritura íntima y reflexiva que encuentra en la naturaleza, el silencio y el paso del tiempo las palabras para hablar del amor, la ausencia y aquello que permanece en nosotros.


Lo que la noche enciende
Hay noches
que se quedan despiertas
dentro de nosotros,
y en su silencio
se encienden
las habitaciones
que creíamos vacías.
No busques
qué las despierta.
No busques
la respuesta.
Deja que la claridad
encuentre
su propio camino.
El río
no explica el suyo.
La luz
no justifica
su presencia.
El árbol
no pregunta
quién descansará
bajo su sombra.
Solo nosotros
olvidamos a veces
que, cuando toda calla,
solo queda
lo que fuimos
en la luz.
Sin nombre.
Sin tiempo.
Quizá la vida
no sea más
que una luz
temblando en la noche:
breve,
hermosa,
imposible de guardar.
Nuestra
solo mientras arde.

La forma del olvido
Cuando el otoño descienda
sin rumor sobre los campos;
cuando el reloj de la tarde
se quede dormido y manso;
cuando el último suspiro
se vuelva perfume en el árbol,
comprenderás que el olvido
nunca se parece al olvido.
¡Qué extraño es el amor!
Espera sin contar las horas,
y convierte una ausencia
en la habitación más poblada del mundo.

Rimas
I
Toda sombra
es una prueba
de que la luz
ha pasado por allí.
II
Toda despedida
deja una puerta.
La esperanza
es quien encuentra la llave.
III
Hay silencios
que son una forma
de rezar.
IV
Las raíces
no conocen aplausos.
Pero
sostienen el bosque.
V
No murió la rosa.
Se volvió perfume.
Hay bellezas
que solo existen
cuando ya no pueden verse.
VI
La luna
no ilumina el camino.
Solo recuerda
que incluso la sombra
necesita compañía.
VII
¿Qué sabe la nieve
del fuego?
Lo mismo
que el olvido
del primer beso.
XIII
Quise guardar
la tarde.
Solo pude
quedarme
con su luz.
IX
Todo lo que amamos
termina convirtiéndose en aire.
Pero el aire sostiene los árboles,
mueve las hojas,
entra en el pecho.
Quizá por eso
nunca dejamos de respirar
aquello que, alguna vez,
fue nuestro.
X
Lo que no compartes
te suele pesar.
XI
Quien guarda esperanza
ya empezó a construir.
XII
Nadie nos enseña
a despedirnos.
Aprendemos
mirando cómo cae
la tarde.
Con la misma belleza,
con la misma
inevitable lentitud.
Jayena, octubre 2026
Jesús Pérez Peregrina.
Vídeo didáctico-narrativo
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