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Dichos del Llano: “Cuando suenan las cuevas de Roca, agua en la torca”

¿Sabías que antiguamente en el Llano se anunciaba la lluvia por el sonido de unas cuevas a cientos de kilómetros? Juanmiguel Ortigosa repasa las señales con las que nuestros mayores leían el cielo.

 Desde los refranes del campo hasta las nubes que anuncian la lluvia sobre el Llano, la memoria de nuestros mayores guardaba su propio parte meteorológico. Hoy, Juanmiguel Ortigosa rescata uno casi legendario: el de las Cuevas de Roca, cuyo eco avisaba de que llegaba el temporal.

La sabiduría popular y los pronósticos del tiempo

 Desde tiempo inmemorial, el hombre ha utilizado distintas señales atmosféricas, formas de las nubes, aires característicos, puestas de sol especiales, comportamiento de los animales, cercos de la luna o el sol, fases de la luna, etc. etc. para predecir desde sus propios y limitados medios, el tiempo meteorológico más inmediato, o incluso a más largo plazo, que luego se plasma en cientos de dichos y refranes, más o menos acertados, que después se cumplen o no, pero que la tradición y el saber popular los valida a rajatabla, como si fueran dogmas infalibles. 

Dichos y refranes como: “agua de marzo, quita cuartos, la de abril te da mil”; “agua de febrero, trigo en el granero”; “norte claro y sur oscuro, chaparrón seguro”; “pájaros en bandada, tarde aguada”; “”septiembre, o seca las fuentes o se lleva los puentes”; “cuando marzo mayea, marzo mayea”; “agosto, frío en rostro”; “cuando retoza el gato, agua al canto”; “gran calma, seña es de agua”; y así hasta el infinito.

 Dichos y refranes que, sobre todo para la gente del campo se convierten en su Biblia de la meteorología, sin ninguna o escasa ratificación científica, pero que ya forma parte de nuestro patrimonio inmaterial histórico cultural. 

 Especialmente, recuerdo uno que recitaban con verdadero énfasis y casi como dogma de fé, agricultores y ganaderos, aunque no recuerdo que pudiera ratificar alguna vez y que rezaba así: “¡Santa Bibiana, cuarenta días como mañana!”. Esta santa, virgen y mártir romana del siglo IV, celebrada por la Iglesia el día 2 de diciembre, garantiza un periodo climatológico idéntico, durante cuarenta días al de su festividad.

El microclima y las particularidades meteorológicas del Llano

 En el Llano participamos del conocimiento y la fidelidad a estos dichos y refranes, pero como tenemos una geografía especial (casi mil metros s.n.m.) y una climatología específica, como clima de alta montaña, dentro del más general clima Mediterráneo Continental, tenemos nuestras propias reglas, señas y peculiares características meteorológicas, por lo que a veces hablamos incluso de microclima del Llano. 

 Cómo me gustaría que la gente joven del Llano se familiarice con el argot del lenguaje meteorológico de la gente mayor de nuestros pueblos, iré mostrando esa señales, formas y palabras, que desde siempre definen nuestro clima. 

Los siete aires del Llano

 Los aires según su procedencia son siete: Levante, al que sopla del Boquete; de Abajo o del Sur, al que sopla desde la Umbría; Poniente, al que lo hace desde la Torca o puesta del Sol; Gallego, al viento del noroeste, Viento del Norte, al que sopla desde la dirección de Madrid; Granaino o Siberiano, el más frío, que sopla desde el Noreste, desde la dirección de Granada y Siberia; y por último, el viento del este, o Sedellano, de la dirección de Sedella. 

 Los dominantes quizás sean los de Abajo y el Gallego. Los habituales de las lluvias, los de Poniente y de Abajo. De la llovizna fría y fina, el Gallego. Los más fríos y relacionados con las nieves, el del Norte y Granaino y el menos frecuente, el Sedellano, pero paradójicamente es el habitual de huracanes y ciclones en El Llano. De los más viejos escuché alguna vez: “El aire sellano que poco sopla, pero cuando sopla arrasa El Llano”.

La niebla y el fenómeno del «tarol»

 La niebla es uno de los fenómenos climatológicos más característicos del Llano, cayendo en cascada por la Umbría y El Boquete. Echándose sobre el campo en toda su extensión, con una niebla densa que anula la visibilidad. A veces, se deposita sobre la totalidad del fondo del Polje que compone el Llano, en un fenómeno conocido localmente como “tarol” y que visto desde la montaña, aparece como un mar de niebla blanca. 

Las señales de lluvia: nubes y formas del cielo

 En cuanto a las señales de predicción metereológica que la experiencia popular ha ido seleccionando como válidas, por el color de la atmósfera, la forma de las nubes, los halos de la luna o el sol, señalaré los más usados en esas proyecciones: la llamada Palma Gibraltareña, son unas nubes cirrosas, que con origen en La Torca,en dirección a Gibraltar, se van abriendo ramificadas sobre todo el Llano, en forma de palma y que puede presagiar aguas próximas. 

 La Barra: una línea de nubes en forma de barra pegada al horizonte suroeste y extendida desde el sur hasta el norte, que avanza hasta cubrir El Llano en su totalidad como una persiana de nubes y significa lluvia inminente.

 Nubes bajas y oscuras, en cúmulo nimbos, avanzando desde la Torca, procedentes del golfo de Cádiz, puede significar el paso inminente de borrasca atlántica. 

 Todos estos síntomas de lluvia, son acompañados de un testigo previo, que suele aparecer incluso ya, desde el día anterior, que denominamos “El Caballo”, una nube alargada y que se sitúa como un gorro en la cima de Sierra Tejeda, que según se sitúe inclinada hacia el norte o hacia el sur, pueden presagiar nieves o agua. 

 Cuando la lluvia está más próxima, a las nubes bajas por la parte del sur del Llano y de sus sierras, les llega una tonalidad y textura que denominamos “efecto panza de burra”. Y cuando la lluvia es inminente, lo señalará fehacientemente, unas tenues, alargadas y deshilachadas nieblas a media falda de la Umbría, que denominamos como “la gata”.

 La lluvia con el aire gallego dominante, no pasará de lloviznas frías e intermitentes (“gallegás”), que a veces se quedan restringidas a la zona noroeste del Llano. 

Tormentas, granizadas y temporales de nieve

 A veces y después de medio día, suelen situarse sobre La Torca unos enormes cúmulos de tormenta, que pueden descargar fuertes chaparrones de tormenta o temibles granizadas como la de septiembre de 1990, que arrasó la totalidad de cultivos del Llano.

 En la parte opuesta del Llano, o sea en la zona del Saliente, en ocasiones desde la mañana, suele aparecer unos rumbos y cúmulos nubosos, conocidos como “el rumbo de la nieve”, que anuncia los temporales de nieve en invierno o en verano, a veces produce lluvias tormentosas del noreste, poco frecuentes en El Llano o que llegan aquí en su tercer día de actividad. 

 Las olas de frío invernales, las predicen con bastante exactitud, dos o más pequeñas nubes lenticulares, o “amoladeras”, conocidas como “las Barquillas de Maico”, en el argot del Llano, que se sitúan sobre las sierras del noreste del Llano, en la dirección del aire Siberiano o Granaino. 

El antiguo dicho de las Cuevas de Roca

 Y hoy quiero incorporar otra señal o predicción meteorológica, usada en nuestros pueblos y que estoy casi seguro que desconoce la mayor parte de la gente del Llano, sobre todo, los más jóvenes. Está mítica predicción, casi legendaria, que la escuché siempre de los viejos más viejos del lugar, con los que tuve contacto personal en el pueblo y que tuve la feliz experiencia de oírla y comprobarla en vivo y en directo en dos ocasiones y que en El Llano se expresa con un antiquísimo dicho, que sin tener una absoluta ratificación científica, sí expresa una razonable lógica de actuación, que puede justificar los fenómenos que encadena. Dice así: “cuando suenan las Cuevas de Roca, agua en la Torca”. 

El origen de los sonidos y su relación con los temporales

 Las Cuevas de Roca están situadas en algún acantilado de la costa gaditana, que según nuestros antepasados, con los vientos y el fuerte oleaje de los temporales de Poniente, provocaban unos sonoros estampidos que reverberaban por la cordillera de montañas que desde la costa gaditana se prolongan, a través de las Sierras de Grazalema, hasta llegar al macizo de calizas que circundan El Llano. 

 La audición de estos sonidos, que oí claramente en dos ocasiones en mis años mozos, eran un indicio claro de que se iniciaba en Cádiz un temporal de Poniente, que por las características meteorológicas del Llano, es muy razonable predecir que nos afectara a nosotros en pocas horas. 

 La gran distancia de la costa gaditana, necesitaría de la ayuda de los vientos dominantes y de la reverberación de los estampidos en la continuidad de la cordillera, para facilitar la llegada al Llano de esos sonidos. No es una evidencia científica pero sí una consecuencia lógica de que si las olas del temporal de Poniente, golpeaban las bocanas rocosas de las cuevas, provocando un ensordecedor ruido, ese sonido significaba borrasca o temporal de Poniente, inminente ya. 

 Y oírse.. oíanse, o al menos, yo las escuché en dos ocasiones.

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Vídeo didáctico-narrativo

 

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