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La jaula de Gabriel García Márquez

Inspirándose en el célebre relato de García Márquez, esta reflexión aborda cómo las comodidades del mundo moderno se han convertido en la jaula de oro más sutil e invisible.

El reto literario: reimaginar la obra de Baltazar

 En el Taller de Escritura “Zarabanda en Zafarraya”, que imparte el profesor Carlos Pérez, nos ha echado “como deberes” para el próximo sábado, comentar el pasaje del libro de relatos de Gabriel García Márquez, Los funerales de Mamá Grande, donde “Baltazar”, un experto carpintero del pueblo, construyó “la jaula más bella del mundo”, y además debemos describir su encanto. Como imagino que habrá más descripciones similares, me gustaría introducir una variante, comentando una jaula imaginaria, como “la jaula más amplia, lujosa y hermosa del mundo”.

El origen de la libertad y la traición de las élites

 Durante millones de años, los hombres fuimos libres. Recogíamos los frutos de la tierra, cazábamos animales y recorreríamos nómadas las estepas y los bosques, buscando los recursos para nuestro sustento y el de nuestra prole. Mientras, evolutivamente se desarrollaba también nuestro cerebro, que nos hizo más inteligentes, dotándonos también de libre albedrío que nos liberó de la esclavitud del instinto. Y fue entonces como practicando el “altruismo recíproco” o cooperativo, podíamos defendernos de las bestias y de los fenómenos naturales, precisamente en un estadio de nuestra evolución, donde paradójicamente, el crecimiento de nuestro cerebro y por ende de nuestra inteligencia, era propiciado desde una mayor ralentización en la madurez del individuo, en sus inicios. Y esto que nos hacía más vulnerables como especie, lo compensamos genéticamente con el altruismo recíproco.

 Luego, y gracias a nuestro desarrollo, fuimos entrando en sociedades civilizadas más sedentarias, en las que por el efecto de la inteligencia y de la colaboración y cooperación mutua, llegamos a ser hegemónicos y libres entre todas las especies. Entonces fue cuando poco a poco, los grupos ventajistas privileged, tal vez carentes de ese gen altruista o que habían renunciado a él por intereses espurios, se fueron apoderando de todos los bienes materiales y espirituales de la comunidad y de todas las comunidades. Y con los beneficios obtenidos, compraron mercenarios “renegados”, creando sus propios ejércitos. Con hechiceros y brahmanes corruptos, crearon la casta sacerdotal que diseñaron religiones para el dominio espiritual de la gente. Y con eruditos vendidos a sus intereses, diseñaron sus propias normas y leyes, para después desde ahí y ejerciendo su poder hegemónico, dominar el mundo. Y poco a poco, nos hicieron esclavos, siervos, plebe, súbditos o ciudadanos.

Resistencia frente a la opresión

 Nos llevaron a sus guerras, nos hicieron enemigos de sus enemigos y nos metieron en sus cárceles. Nos explotaron con sus trabajos, nos oprimieron con sus leyes y nos asesinaron con sus verdugos. Y siempre, siempre, nos amenazaban con sus dioses y sus castigos. Pero seguíamos siendo libres, “porque la libertad no se pierde cuando intentan arrebatárnosla con violencia, cárcel o la misma muerte, sino sólo cuando voluntariamente renunciamos a ella”.

 Después, nos sublevamos muchas veces y nos aplastaron otras tantas. Y emprendimos numerosas revoluciones y nos vencieron en todas. Pero nunca dejamos de ser hombres libres, por mucho que quisieran privarnos de esa libertad. No había cárceles ni castigos en la Tierra que nos la pudieran quitar.

La construcción de la jaula moderna

 Hasta que llegaron los tiempos modernos y sus nuevas fórmulas de engaño y opresión, mucho más sofisticadas e inteligentes, y los poderosos del mundo hicieron construir la más hermosa jaula de oro que jamás habían visto los tiempos y tan grande como la misma Tierra. Para ello, pusieron a trabajar a todos los artesanos “Baltazar” del mundo, incluido el Rey Mago, o el artesano supremo de García Márquez, que como mercenarios privilegiados y bien pagados, fueron construyendo aquella maravillosa jaula. Los barrotes fueron elaborados de oro translúcido y estaban situados tan lejos, que entre las brumas del fin del mundo y su transparencia, apenas si algunos hemos conseguido verlos en contadas ocasiones.

 Y así fueron elaborando una jaula tan preciosa y confortable, que ya era un placer vivir en ella: nos ascendieron al rango de ciudadanos libres; crearon miles de escuelas públicas, para instruir a toda la población y facilitar a nuestros hijos el acceso a estudios superiores; crearon la Sanidad Pública y la Seguridad Social, que luego han ido privatizando de forma sutil y sofisticada; permitieron el empoderamiento de la mujer, dotándola de los mismos derechos que al hombre e incluso aprobaron el “sufragio universal”, para poder elegir libremente a nuestros representantes. Y hasta “éramos ya libres para tomar las cañas de cerveza que nos viniera en gana” (Ayuso dixit). Eso sí, también construyeron numerosas cárceles subterráneas casi secretas, en los sótanos de esa inmensa jaula, en la que encerraban temporalmente a los que osaban manifestar que no se sentían totalmente libres o pretendían desenmascarar el juego sucio de los dueños de la jaula y sus manejos sobre el diseño del mundo.

El control del pensamiento y la ignorancia funcional

 Para ello, fundaron también enormes cadenas de “prensa libre” y “medios de desinformación”, (radio y tv.) afines al sistema, con preparadísimos desinformadores mercenarios, creando también las modernas redes sociales y la IA, con la que garantizan la globalización de la desinformación y por medio de la que pueden controlar hasta el último de nuestros pensamientos. Debilitando paulatinamente los contenidos de humanismo y filosofía en los programas de formación académica superior, habían logrado su gran objetivo de conseguir profesionales pragmáticos, muy bien preparados técnicamente, pero condenados de por vida, a ser “ignorantes funcionales”. Y sobre todo, a no cuestionar nunca la esencia del sistema: la propiedad privada de los más importantes y esenciales recursos de la Tierra. Porque con su nuevo y generalizado sistema de Instrucción Pública, habían conseguido transformar unas masas ignorantes pero sensatas y hasta inteligentes, en una masa instruida, pero sin conciencia de clase y a veces infinitamente estúpida.

 Y lo que es peor y el verdadero drama de esta situación: puede ser irreversible. Porque la ignorancia, tratada correcta y objetivamente, tiene cura, pero la estupidez puede ser infinita, definitiva e irrevocable.

El espejismo del consumo y la pérdida definitiva

 Y ahora seguimos disfrutando de nuestra maravillosa súper jaula de oro: nos introdujo de lleno en la sociedad de consumo: disfrute de vacaciones para todos, de coche último modelo, de coaching sentimentales para nuestras crisis emocionales, llenamos nuestras casas de modernos electrodomésticos, ya tenemos todos móviles de última generación, tablet, ordenador y hasta las claves de pago para ver a nuestro equipo de fútbol favorito por televisión… y así, hasta la saturación.

 ¡Y es en ese momento, y precisamente en ese momento, cuando perdimos definitivamente nuestra libertad! Y lo peor… ¡quizás hasta la posibilidad de recuperarla algún día!

Un recuerdo del pasado: el pajarito satisfecho

 Con esta reflexión sobre el texto de García Márquez, me viene a la memoria un teatrillo que representamos en el año 1974, recién ascendido a los cielos el Almirante Carrero Blanco, aún en plena dictadura franquista, con una obra de un autor danés de vanguardia, titulada El mercado del agua y cuyo contenido representamos gráficamente en la papeleta de entrada para acceder al espectáculo: bajo un título en letra mayúscula más grande, que decía: “ENTRADA PARA SALIR DE LA JAULA”, dibujamos la imagen de un satisfecho pajarito en una cómoda jaula de oro, que tenía todas las comodidades posibles, como televisión, relajantes sofás, jacuzzi, calefacción, modernos electrodomésticos, aire acondicionado… Lo que lo hace exclamar: –¡les pedí todas estas comodidades y me las concedieron! ¡Me tratan tan bien y han sido tan buenos conmigo que ahora me da pena salir de la jaula!

Juanmiguel.

Radio Alhama en Internet - RAi

Vídeo didáctico-narrativo

 

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