
El CEIP Cervantes de Alhama de Granada lleva años transformando la educación desde la sostenibilidad. Hoy, la comunidad educativa ve cómo la burocracia y la falta de sensibilidad sepultan bajo una capa de cemento un proyecto nacido de las familias y del propio alumnado.

«Para los niños que quedan…»
Esa fue la respuesta que recibí hace unos cinco años cuando trasladé al Ayuntamiento mi primera propuesta: recuperar el espacio de la antigua cámara de agua de la Avenida Andalucía —tras su demolición— para ampliar el huerto escolar y crear allí un aula de naturaleza. La respuesta vino de boca del propio alcalde, D. Jesús Ubiña Olmos, quien consideró más oportuno dedicar ese suelo a un aparcamiento.
Lo paradoja de aquel momento fue desgarradora: en ese mismo curso, en el colegio investigábamos sobre el impacto medioambiental del uso del vehículo a motor para incentivar los desplazamientos a pie y reducir nuestra huella de carbono. Ese mismo año recibimos por primera vez el galardón de la Bandera Verde Internacional. Hoy, aquel espacio sigue siendo un aparcamiento. Y la frase formulada entonces resuena en la memoria como una dolorosa profecía de resignación.

Una identidad construida entre todos
Desde aquel episodio, el CEIP Cervantes no se ha detenido. A través del programa Ecoescuelas, y con la participación incansable de docentes, AMPA La Joya, familias, alumnado y colaboradores como Germán Jiménez (padre), Alina Strong (asociación El Quejigo) o José Jiménez (Cooperativa Los Tajos), hemos hecho del medio ambiente nuestra seña de identidad.
Juntos hemos ampliado el huerto escolar, creado un vivero de plantas autóctonas para responder a los incendios que sufren nuestros montes y puesto en marcha el Aula Jane Goodall como laboratorio ecológico. Hemos plantado árboles para ganar sombra en el patio, creado jardineras experimentales para educación infantil, diseñado una pradera perpetua frente al cambio climático y recuperado espacios con rocallas naturales. Todo ello promoviendo el reciclaje, el consumo responsable, el ahorro de agua y energía y los hábitos de vida saludable.
El colegio se ha transformado no por azar, sino por la convicción colectiva de que educar también es cuidar el entorno.

Inversiones sin escucha
En este tiempo, el Ayuntamiento ha ejecutado varias inversiones en el centro. Las agradecemos, por supuesto. Sin embargo, en ninguna de ellas se ha tenido en cuenta la voz ni la experiencia pedagógica de la comunidad educativa.
Las obras de acceso tras la remodelación de la Avenida Andalucía, la instalación de aire acondicionado sin adecuar la red eléctrica o el revestimiento SATE —que finalizó con deficiencias visibles y remates pendientes— se han hecho de espaldas a quienes habitamos el colegio cada día. La historia, lejos de cambiar, se ha vuelto a repetir en la reforma que actualmente se ejecuta en el patio y ,seguramente, en la próxima que se acometa en los tejados.

«Raíces de futuro»: la propuesta ignorada
El 3 de septiembre de 2025 se nos prometió la remodelación del patio exterior, un espacio en estado lamentable. Recogiendo la mano tendida del propio alcalde en el Consejo Escolar, nos pusimos a trabajar inmediatamente. Nos formamos, escuchamos los sueños y necesidades de los niños y de sus familias y redactamos con ilusión el proyecto «Raíces de futuro: un patio vivo y para todos».
Buscábamos un patio amable, inclusivo, cómodo, integrador y lleno de oportunidades de aprendizaje. Durante un año solicitamos información mes a mes, sin respuesta. Pasó el año, pasaron los meses de julio y agosto con las obras ya empezadas, y el silencio municipal continuó.
No fue hasta septiembre de 2026 cuando la concejala D.ª Matilde Molina Olmos y un técnico de Urbanismo se presentaron en el Consejo Escolar. Nos mostraron una idea plasmada en un borrador improvisado esa misma mañana. ¿El resultado? Cero participación. Cero escucha. Ninguna de las aportaciones del centro fue incluida. La única propuesta "verde" consistía en una hilera de Ginkgo Biloba en alcorques: una especie ornamental de copa piramidal, crecimiento lentísimo y sombra casi inexistente para los días calurosos de juego.

La masa gris de la impotencia
A pesar de que en una reunión posterior con la oficina de urbanismo se lograron ciertos compromisos verbales, la realidad a pie de obra nos ha devuelto al punto de partida. Hoy los operarios vierten toneladas de hormigón sobre el patio, dejando alcorques escasos de metro y medio y cubriendo todo el recinto de adoquines industriales.
«Es algo duradero y fácil de limpiar», nos dijeron. Se olvida que el pavimento natural no necesita limpiarse, se autorregula y enseña. Hoy, al ver cómo cientos de horas de trabajo, formación, ilusión y propuestas de niños y adultos quedan sepultadas bajo el hierro y el cemento, la sensación que nos embarga es de una profunda impotencia y frustración.

Pese a todo, seguimos
No se trata solo de un patio de recreo. Se trata de qué modelo de pueblo queremos construir y qué valores transmitimos a la infancia. No podemos enseñar sostenibilidad en las aulas mientras en la puerta del colegio asfaltamos el futuro.
A pesar de la falta de previsión, del desdén institucional y de las capas de cemento, los maestros, las familias y el alumnado de Alhama no nos vamos a rendir. Seguiremos trabajando con todas nuestras fuerzas para que el CEIP Cervantes sea un lugar de encuentro, de diálogo y de esperanza. Por la dignidad de la escuela pública y, sobre todo, “para los niños y niñas que quedan” en Alhama... y por todos los que están por venir.





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