
Entre árboles, luz y sombra, nos invitan a caminar por el Bosque de la Poesía de Berméjales, ese territorio íntimo donde el verso se convierte en mirada, en conciencia y en esperanza.

Hay lugares donde los árboles parecen guardar palabras entre sus ramas y donde el silencio aprende a decir versos. Hay palabras que no se escriben: echan raíces. Se hunden lentamente en la tierra de la memoria, atraviesan el silencio y, un día, florecen en la voz de quien las pronuncia.
Por eso no hay mejor lugar para hablar de poesía que un bosque. Entre árboles, luz y sombra, Joaquín Martín Quirosa y el grupo Sakura Teatro, con Fernando Gessa y Aurora Hernández, nos invitan a caminar por el Bosque de la Poesía de Berméjales, ese territorio íntimo donde el verso se convierte en mirada, en conciencia y en esperanza.
Después de que Azul calado encontrara sus primeras voces en Jayena y viajara hasta Alicante, Joaquín vuelve a encontrarse con la palabra desnuda: esa que busca la belleza, despierta el asombro y nos recuerda que la poesía también puede ser raíz, refugio y libertad. Con él la palabra vuelve a su esencia. Porque, como nos recuerda Joaquín en su poema: «Ahora que la poesía lo inunda todo, renace la conciencia del asombro».
Jayena, Alicante, Berméjales… distintos lugares para una misma idea: que la poesía no permanece encerrada en un libro. Echa a andar, encuentra voces, se comparte y, como un árbol, extiende sus raíces allí donde alguien está dispuesto a escuchar.
Porque, al fin y al cabo, cuando la poesía echa raíces, también florece la conciencia.

UN BOSQUE DE POESÍA
de Joaquín Martin Quirosa
Me acerqué, sigiloso como raíz herida
que busca su árbol,
para contemplar con asombro
la pureza de su aire
y la magnitud que alcanzan sus márgenes
—no hay nada defectuoso
en un bosque de poesía—.
La palabra, llena de luz
—comparable a un dolmen capaz
de soportar toda existencia—
se extiende como el fuego.
Hasta el último verso
consigue filtrarse sobre los ríos,
calar la piel forjada y asimilar su destino.
La voz recupera su sitio
y la experiencia se comparte
para ampliar las dolientes lindes
reconocidas por los hombres.
Ahora que la poesía
lo inunda todo,
renace la conciencia del asombro.
Lo frágil recupera su poder,
lo bello se desprende de ataduras
y la razón florece.
Bienaventurados aquellos
que renacen con la palabra,
los que eligen ser portadores
de libertades
y los que recuperan la valía
para cambiar de lugar su horizonte.

Vídeo didáctico-narrativo
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