Romances entre la historia y la leyenda, entre la tristeza y la derrota, entre la crueldad y el gobierno, entre la duda y la lealtad

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    Estas palabras de Lorenzo Morillas, con las que titulamos este artículo, sintetizan su intervención en la XXI Velada de “Alhama ciudad de los Romances”, cuyo texto reproducimos, y en las que también introdujo el ¡Ay de mi Alhama! en la versión/visión musulmana.

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     "Romances que engrandecieron y todavía siguen proyectando el nombre de Alhama más allá de nuestras fronteras. Veladas como la de hoy y las veinte anteriores contribuyen de gran manera a realzar la historia, fortalecer la convivencia, a encontrarse y mezclarse, en el testimonio oral y escrito, las diferentes culturas. Gran empeño y mejor resultado" (Lorenzo Morillas).

     Presentado por el vicepresidente del Patronato de Estudios Alhameños, y presidente en funciones, Ignacio Benítez, Morillas dijo en su intervención:

     "No soy alhameño, pero he aprendido a conocer y a querer a Alhama no tanto con presencia física, que también, sino de la mano y de la pasión por Alhama de mi compañero y amigo Nacho Benítez, invitado de honor en la XIII –decimotercera- Velada, 2009, y alhameño ilustre de corazón y de actuación. Con él he recorrido sobre la palabra y la mente, la ilusión y el conocimiento, la alegría del saber y el deseo por conocer, Alhama de Granada" .

     
    XXI VELADA ALHAMA, CIUDAD DE LOS ROMANCES

    Intervención de Lorenzo Morillas Cueva. Invitado de Honor

    Alhama 12 de agosto de 2017

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     Sean mis primeras palabras de sentido e intenso agradecimiento a las instituciones y personas que han hecho posible mi presencia e intervención como invitado de honor –el honor evidentemente es mío por tan alta distinción, como es la de poder dirigirme con la brevedad que requiere un acto de estas características a los hombres y mujeres de Alhama, tierra de contrastes, de ilusiones, de generosidades, de solidaridades. Al Excmo. Ayuntamiento de Alhama de Granada, a su Consejería de Cultura, Al Patronato de Estudios Alhameños, a Alhama Comunicación, a Ignacio Benítez Ortúzar, a Raúl Gálvez Morales, y a nuestro presentador Juan Cabezas Moreno.

     Es la XXI- Vigésimo primera- Velada, Alhama, ciudad de romances, y ello significa mucho. Significa permanencia en el tiempo, calidad en su desarrollo, sustento en una larga y reconocida tradición del pueblo alhameño. Es una clara apuesta por la cultura y la historia, por la defensa de sus valores, por la tradición y, al mismo tiempo, por el futuro de un pueblo que ha sabido con holgura y compromiso mantenerse activo desde su lejano origen Neolítico, pre-romano a su asentamiento romano, su fortalecimiento árabe hasta la actualidad del siglo XXI. Este “manantial de agua caliente” –el agua como referencia fundamental en la historia y en la vida alhameña. Como escribió Fernando de Vergara y Cabezas “entre los elementos de este mundo, ninguno se puede encontrar en la naturaleza que sea más admirable que el agua”; fuentes y manantiales alhameños que diseminan sus cristalinas aguas en formas de romances, de sabiduría ancestral, de eruditos legados, de profundas convicciones, de trasmisiones romanas-árabes-cristianas.

     Con una bandera, la de Alhama, que ha sabido conjugar de forma equilibrada y comprometida la influencia de esas dos culturas y enriquecedoras civilizaciones imprescindibles para comprender el ser y el estar de la ciudad de Alhama: la islámica-nazarí y la castellano española, o lo que es lo mismo, como apunta García Maldonado, magistral conocedor y escritor de la historia y cultura alhameña, la musulmana y la cristiana. Lo que ahonda con sus dos colores, en una mezcla de pasado, presente y futuro: el doble verde –ayer musulmán y hoy andalucista- con uno carmesí –toma de Alhama y presencia continuada cristiana-. Y en su centro el escudo, clara influencia de esta última, en el que se simboliza el especial papel que Alhama cubrió en la reconquista cristiana –castillo, incorporación de la ciudad a la Corona de Castilla, y asimismo y con posterioridad, según indica García Maldonado, en el campo sobre el que se fija aquél en el dibujo de la “Carta de Privilegio y confirmación” que el Rey Carlos II, concedió a Alhama en 1689, en relación a la fortaleza que fue Alhama; granada, integración ciudad-fortaleza de Alhama al Reino de Granada; tres escalas, heroicas resistencias de los defensores, una vez conquistada por los cristianos –el 28 de febrero de 1482-, con lo que se da inicio a la guerra de Granada y que en palabras de Sánchez Albornoz “ comienza la agonía de la España mora”, pues casi una década después, el 25 de noviembre de 1491, el último rey nazarí Boabdil y los Reyes Católicos firmaban las Capitulaciones con lo que se ponía fin a la guerra de Granada y con ello concluía la Reconquista-, resistencia fundamentalmente a los tres duros asedios a los que la ciudad se vio sometida, por las fuerza nazaríes, en intentos infructuosos de recuperarla, entre marzo y agosto de 1482; brazos con las dos llaves, dominio y el valor cristiano, los brazos con armadura, y las dos puertas principales que tenía la ciudad, la de Granada y la de Málaga, las llaves; además, para Fernando de Vergara, asimismo representa también el papel fundamental que significo la toma de Alhama como llave hacia la conquista de Granada; la corona, abierta, la correspondiente a los ayuntamientos de ciudad reconocida para tal.

     La dureza de la toma de Granada para el reino Nazarí, se manifestó en varios romances, el más famoso, conocido y citado, al que luego aludiré, es el de ¡Ay de mi Alhama!, Romance por la pérdida de Alhama, ahora lo haré del también sabido Moro alcaide, moro alcaide

    Moro alcaide, moro alcaide,
    el de la vellida barba,
    el Rey te manda prender
    por la pérdida de Alhama.

    Y cortarte la cabeza
    y ponerla en la Alhambra,
    porque a ti castigo sea
    y otros tiemblen en mirarla.
    Pues perdiste la tenencia
    de una ciudad tan preciada.

    El alcaide respondía,
    de esta manera les habla:
    «Caballeros y hombres buenos
    los que regís a Granada,
    decid de mi parte al Rey
    cómo no le debo nada;

    Yo me estaba en Antequera
    en las bodas de mi hermana
    –mal fuego queme las bodas
    y a quien a ellas me llamara–,

    El Rey me dio la licencia,
    que yo no me la tomara,
    pedila por quince días,
    diómela por tres semanas.

    De haberse Alhama perdido
    a mí me pesa en el alma,
    que si el Rey perdió su tierra
    yo perdí mi honra y fama,

    Perdí hijos y mujer,
    las cosas que más amaba;
    perdí una hija doncella
    que era la flor de Granada;

    El que la tiene cautiva
    Marqués de Cádiz se llama,
    cien doblas le doy por ella,
    no me las estima en nada.

    La respuesta que me han dado
    es que mi hija es cristiana
    y por nombre le habían puesto
    Doña María de Alhama.

    El nombre que ella tenía
    Mora Fátima se llama».
    Diciendo así el buen alcaide
    lo llevaron a Granada,

    Y siendo puesto ante el Rey,
    la sentencia le fue dada:
    que le corten la cabeza
    y la lleven al Alhambra;
    ejecutóse la justicia
    así como el Rey lo manda.

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     Y a pesar de todo ello –y de los profundos cambios que llevó consigo la conquista en la propia fisonomía de la ciudad, por ejemplo, sustitución de mezquitas por iglesias, antiguos zocos por plazas abiertas- la muy noble y muy leal ciudad de Alhama, supo mantener, enriquecida por la convivencia de estilos, y ha sabido perseverar y no renunciar a las notables aportaciones árabes, a su cultura, a su forma de ser y a su idiosincrasia. Generosa confluencia que marca un compromiso de ciudad, de sensibilidad hacia otras culturas que tanta influencia tuvieron en su desarrollo. Y afortunadamente no se ha olvidado, así lo explicita García Maldonado, pues fueron los musulmanes los que dieron nombre a Alhama, enriquecieron el lugar, desde las más diversas perspectivas, le proporcionaron prestigio de gran ciudad, la conservaron durante siglos bella y atractiva, como deseada dama, la defendieron e intentaron recuperar a “su” Alhama, dejando en el ansiado pero estéril camino, cientos de sus mejores soldados.

     Y vuelvo al principio, a la evocación de regocijos. El primero de ellos y nuevamente por estar aquí, pero ahora en lo concreto: en esta Plaza de los Presos –denominación derivada del edificio que fue cárcel de la ciudad y que hoy en una muestra más de transformación en positivo se ha convertido en un Centro para la Interpretación, el Conocimiento, la Difusión de la historia y la Cultura de Alhama de Granada -; antes, Plaza Real/Plaza Mayor de Alhama, -aunque legalmente parece seguir con esta última de las denominaciones citadas-, para otros, más como reivindicación de una relevante posición, plaza de las Tres Culturas. Sea como fuere, y evidentemente, es conocida actualmente como Plaza de los Presos, lo que quiero significar es que ha sido permanente y ancestral testigo de lo que hoy nos reúne en ella, los romances, allá en el Medioevo, mediante los cuales, a través de la transmisión oral, se trasladaba al pueblo una parte de su historia, de sus sentimientos, de sus heroicidades, cuando no de sus amoríos, de sus cuitas, o de sus propias fantasías.

     El segundo, mi intervención, casi volviendo al pasado, como moderno romance de un juglar renovado, no lírico sino simplemente narrativo, pero basado en la palabra, en la transmisión oral, lo que significa proximidad, acercamiento físico a las gentes, lo que me llena de orgullo y complacencia.

     Y el tercero, que en estas XXI –vigésimo primeras- Jornadas además de su propio significado, se conmemora, como un canto a la libertad, el 75 Aniversario de la muerte del insigne y brillante poeta Miguel Hernández, de corta vida, murió a los 32 años en una oscura y sombría prisión alicantina de las secuelas que le dejó la fratricida Guerra civil y su posterior encarcelamiento, pero de larga, al menos en su calidad, obra poética. Referente en el compromiso ideológico. Como escribió Pablo Neruda recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Y hoy, esta noche, un pueblo, de exquisita trayectoria cultural, de esa España, al sur, en nuestra Andalucía, esa Andalucía en la que nuestro himno nos requiere a los andaluces ¡Pedid tierra y libertad. Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad! Este pueblo llamado Alhama de Granada lo está haciendo con el poeta alicantino por la libertad y la justicia del recuerdo.

     Siguiendo con Neruda, Miguel Hernández posiblemente no tenía la luz cenital del sur, sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera, que no pudo cortar la cruel muerte en plena juventud.

    Llamo a la juventud
    Sangre que no se desborda,
    juventud que no se atreve,
    ni es sangre, ni es juventud,
    ni relucen, ni florecen.
    Cuerpos que nacen vencidos,
    vencidos y grises mueren:
    vienen con la edad de un siglo,
    y son viejos cuando vienen.

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     Como habrán comprobado no soy historiador, si acaso aprendiz de historiador, soy penalista, jurista. Pero me precio de rastrear e investigar acerca de las cosas bellas, de interés, de transcendencia; sobre obras de calidad, de referencia. Sobre ciudades bonitas, Alhama de Granada, ciudades históricas, Alhama de Granada, ciudades culturales, Alhama de Granada, ciudades comprometidas, Alhama de Granada, ciudades solidarias, Alhama de Granada. Tampoco soy alhameño que soy de Jaén, plateado Jaén de Machado, y nexo de conexión con el recordado Miguel Hernández con sus Andaluces de Jaén, escrita en 1937.

    Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    pregunta mi alma: ¿de quién,
    de quién son estos olivos?
    Jaén, levántate brava
    sobre tus piedras lunares,
    no vayas a ser esclava
    con todos tus olivares

     No lo soy, alhameño, pero he aprendido a conocer y a querer a Alhama de Granada no tanto con presencia física, que también, sino de la mano y de la pasión por Alhama de mi compañero y amigo Nacho Benítez, invitado de honor en la XIII –decimotercera- Velada, 2009, y alhameño ilustre de corazón y de actuación. Con él he recorrido sobre la palabra y la mente, la ilusión y el conocimiento, la alegría del saber y el deseo por conocer, Alhama de Granada.

     He de comenzar por sus hermosos contornos, aquéllos sobre los que el caminante avanza ensimismado, curioso, ilusionado para llegar a la majestuosidad de Alhama. A los que García Maldonado señala en su libro “Los baños de Alhama y la apología de Fernando Vergara” cómo la naturaleza misma enriqueció la ciudad con unos alrededores llenos de muchos y diversos sones y propiedades, de modo que este lugar, por su propio placer y fertilidad, parece haber sido dedicado a la voluptuosidad y a las Gracias. El que lo vea lo hará plantado con la abundancia de los bienes que produce el terreno, verá las rocas sublimes, colocadas sobre las altas y abruptas montañas, los valles y fuentes; todo para que a estos lugares no le falte nada para llenar el placer de la vista y el recreo de la mente.

     Alhama, “colgada, como detalló, Teófilo Gautier, sobre una enorme roca o pico como un nido de águila”, se muestra a los ojos del viajero asimismo como la ciudad de los Tajos, ese conjunto de cañones y tajos de areniscas, producto de la erosión del río Alhama y a los desprendimientos de rocas fundamentalmente como consecuencia de los terremotos sufridos por la ciudad a lo largo de su historia. Debajo ante los ojos atónitos, ante tanta belleza, del observador, el rio de idéntico nombre a la ciudad - nuevamente el agua fluyendo, libre, transparente, fresca, endiosada, entre bosques de ribera, alamedas y sauces-. Integrada en el parque natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, de espectacular paisaje, con numerosas crestas y profundos valles, asentado sobre el dicho río Alhama, se ubica entre la provincias de Granada y Málaga y recuerda desde este aspecto el papel fundamental de la Alhama histórica como ciudad fronteriza, y no solo, que ya es mucho, por su carácter hospitalario y de descanso sino también por el embrujo de sus buenas gentes, de sus majestuoso monumentos, de sus espléndidos rincones, de sus proliferas fuentes, acequias, molinos -a destacar entre estas la magnífica alberca almohade, de origen andalusí, un lugar fascinante por la mezcla de su atractiva historia, del agua como valor especial y de la luz o la fuente de Caño Wamba, levantada en 1533, de estilo renacentista-; todo ello me hace visualizar en el tiempo la vieja ruta Nazarita, recordada como vía habitual y mítica de unión entre ambas, ambientada por juglares y narradores de romances que hacían del recorrido, un mágico caminar, a pesar de sus no ocultas inseguridades.
     
     Aproximadamente a dos kilómetros de Alhama, viniendo de camino de Granada, se encuentra otra importante referencia alhameña, de gran atractivo y proyección, sus baños termales que, además de su importancia y proyección internacional como tales, es otra prueba significativa del asentamiento de culturas y civilizaciones en esta envidiable tierra alhameña. Así, en cita de García Maldonado y de Fernando de Vergara, su origen haya que identificarlo con la misma presencia del hombre en estas tierras, desde el paleolítico medio, del neolítico, cuyos hombres y mujeres vivieron en las cercanas Cuevas de la Mujer y el Agua, otros estandartes de la historia de Alhama, de los fenicios y, sobre todo, de los romanos –de destacar el puente Romano cercano a las termas- y árabes. La realidad, en todo caso, es que la confluencia de todas ellas en cuanto a su forma y, fundamentalmente, la aportación de la propia naturaleza, en su fondo, que los dotó de abundantes fuentes de agua caliente que de ellas emanan, y se calientan, así mismas, sin ningún aporte artificial –de milagro de la naturaleza, lo señala García Maldonado-.

     Y entro en la ciudad, en la muy bella, noble, leal, hospitalaria, ciudad de Alhama, a su casco antiguo, conjunto histórico artístico, embelesado por tanta exquisitez, por tanto historia, atento a todas sus particularidades, a todas sus bellezas a todos sus significados, que ¡en verdad! son muchos. Como cita esta Plaza de los Presos la que ya he referenciado y en ella su Cárcel, construida en 1674 bajo el mandato de Carlos II. Alusión especial merece, en el contexto que me estoy moviendo, la Iglesia Mayor de Santa María de la Encarnación que se construye, en inicio a partir de 1505, sobre la Mezquita Mayor, por orden de los Reyes Católicos, en un alarde de potencial religioso y político de los vencedores. Se trata de la primera Iglesia cristiana consagrada en el antiguo Reino de Granada, después de la toma por los cristianos. Es una espléndida obra de estilo gótico tardío y renacentista. Así la ve García Maldonado “dignifica y exterioriza la nueva imagen de la ciudad hasta el punto de que al correr a cargo de la Corona la construcción se traduce, a nivel artístico y decorativo, en dos acciones: la elección del gótico como estilo artístico y la epigrafía gótica y elementos reales laudatorios de los Reyes Católicos, todo ello como referencia directa a la toma de Alhama”. Junto a ella, no podía faltar un nocivo recuerdo de la historia más negra de España, la Casa de la Inquisición, estilo barroco final y como parte de su negativa simbología en la fachada aparece una pequeña escultura en bajorrelieve del diablillo de aquella.

     Después el Castillo, de origen árabe pero remodelado a principios del anterior siglo; las iglesias y conventos, construidos como muestra del fervor cristiano y como testimonio implacable de la cristianización de la ciudad, posterior a su toma: la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de estilo renacentista del siglo XVI, con decoración barroca, antiguo Convento de las Carmelitas Calzadas, Convento de San Diego, Iglesia de las Angustias. Añadir, desde una perspectiva más laica, el Hospital de la Reina u Hospital Real –en este segundo de nominación igual al existente en la ciudad de Granada actual sede del Rectorado de la Universidad-, renacentista, primer hospital de sangre, y edificado sobre la que fuera casa del cadí de Alhama - actualmente en su interior se encuentran la sede de la Asociación Termalismo de Andalucía y el Centro de Exposición de Artesanal de Alhama de Granada-.; el Granero Comunal o pósito, primera mitad del siglo XVI, fue edificado sobre la sinagoga existente.

     Muchos otros panegíricos podría incluir acerca de edificios, naturaleza, fuentes, paisajes, aguas, tradiciones alhameñas; pero no puedo ni debo abusar de la paciencia de ustedes y de su comprensión, sobre todo porque ya he tenido el atrevimiento de hablar de cuestiones que conocen mejor que yo y que viven en su espléndida cotidianidad, por lo que he rayado en la imprudencia; he querido, no obstante, hacerlo para dar testimonio externo, de un invitado deslumbrado por la excelencia, la cultura y el compromiso histórico de Alhama de Granada.

     Esta Velada, lo voy a recordar, se titula Alhama ciudad de los romances y está dedicada a Miguel Hernández, con ello voy a terminar. Ciudad, historia, romance. Este último es un tipo de poema característico de la tradición literaria española, ibérica e hispanoamericana. Su esplendor popular, como he adelantado, se produce en el siglo XV. Son muy variados en cuanto a su temática: históricos, novelescos, líricos, épicos, fronterizos. El último me da entrada a los romances de Alhama, cuyo estandarte, casi himno de una pérdida dolorosamente aceptada y que cambió la vida de Alhama es el ¡Ay de mi Alhama!, que no por oído y sabido ha perdido interés su lectura; fundamentalmente si, como haré, lo pongo en comparación con otra versión

    Paseábase el rey moro
    por la ciudad de Granada,
    desde la puerta de Elvira
    hasta la de Bibarrambla.
    –¡Ay de mi Alhama!

    Cartas le fueron venidas
    que Alhama era ganada;
    las cartas echó en el fuego
    y al mensajero matara.
    –¡Ay de mi Alhama!

    Descabalga de una mula
    y en un caballo cabalga,
    por el Zacatín arriba
    subido se había al Alhambra.
    –¡Ay de mi Alhama!

    Como en el Alhambra estuvo,
    al mismo punto mandaba
    que se toquen sus trompetas,
    sus añafiles de plata.
    –¡Ay de mi Alhama!

    Y que las cajas de guerra
    apriesa toquen al arma,
    porque lo oigan sus moros,
    los de la Vega y Granada.
    –¡Ay de mi Alhama!

    Los moros que el son oyeron
    que al sangriento Marte llama
    uno a uno y dos a dos
    juntando se ha gran batalla.
    –¡Ay de mi Alhama!

    Allí habló un moro viejo,
    de esta manera hablara:
    –¿Para qué nos llamas, rey,
    para qué es esta llamada?
    –¡Ay de mi Alhama!
    –Habéis de saber, amigos,
    una nueva desdichada;
    que cristianos de braveza
    ya nos han ganado Alhama.
    –¡Ay de mi Alhama!
    Allí habló un alfaquí
    de barba crecida y cana:
    –¡Bien se te emplea, buen rey;
    buen rey, bien se te empleara!
    –¡Ay de mi Alhama!

    Mataste los Bencerrajes,
    que eran la flor de Granada;
    cogiste los tornadizos
    de Córdoba la nombrada.
    –¡Ay de mi Alhama!

    Por eso mereces, rey,
    una pena muy doblada,
    que te pierdas tú y el reino,
    y aquí se pierda Granada–.
    ¡Ay de mi Alhama!

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     José Zorilla en su obra “Granada, poema oriental, precedido de la leyenda Al-Hamar, narra poéticamente, asimismo, la pérdida de Alhama y la muerte del mensajero por decisión Muley- Hacén, sobre el mismo ¡Ay de mi Alhama, pero figurándolo desde la versión musulmana

    En pie, junto a un pilar de peristilo,
    Vió un hombre cuya cara le era extraña,
     Pálido, ensangrentado, silencioso,
     Y de torvo ademán, pero tranquilo
    Sonrió al divisarle, satisfecho
    De hallar en quien la cólera del pecho
    Descargar, y con calma aterradora
    Fuese Muley a él. De pie derecho,
    Contemplándole audaz, con ojo fijo,
    El hombre le aguardó, y hasta él llegando
    El iracundo Rey así le dijo:
    -“¿Quién eres?”- “Nadie ya”, repuso el hombre

    De la ira de Muley sintió la llama
    Subirle al rostro, y de furor temblando:
    “¿tu raza, dijo, tu país, tu nombre?”
    Y con acento de tristeza lleno
    Al Rey el hombre contestó sereno:
    “No tiene nombre ya, país no tiene
    “Ni familia ni tribu le reclama
    “Por suyo aquél que, su país dejando
    “Esclavo, huyendo de su patria viene
    “Á contar el baldón con que se infama.
    “Mi pueblo yace, Amir, muerto ó cautivo;
    “Y él solo ves en mí que escapó vivo
    “De la tremenda asolación de Alhama”.
    Palideció el Monarca de pavura
    Á esta nueva fatal: su mensajero
    Sonrió con sárdonica amargura
    Así siguiendo:-“Amir, mi alma está pura
    “De traición: combatir junto al primero:
    “Más cuando todo se perdió, mi escaso
    “Aliento aproveché con la esperanza
    “De poder, Á tus pies llegando acaso,
    “Pedirte, no favor sino venganza;
    “Pero no para mí: yo no la quiero:
    “Sin honra y sin hogar morir prefiero
    “Alhama se perdió por tu abandono
    “y clamó contra ti su pueblo entero:
    “Mas yo soy un creyente verdadero
    “Y, en tí mirando Á Aláh sobre tu trono
    “En nombre de mi raza te perdono,
    “Dijo el leal; y con sublime calma
    En su pecho la daga sepultando
    Expiró, buen Muslim, encomendando
    Su venganza á su Rey, á Dios su alma.

    Reinó un punto el silencio más solemne:
    Luego, hablando Muley consigo mismo,
    Dijo: -“Sí, la verdad está perenne:
    “La aparición…Alhama… todo es cierto!
    Y Él libre ya! -¡confúndale el abismo!
    “Más valiera al nacer haberle muerto!”
     
     Romances entre la historia y la leyenda, entre la tristeza y la derrota, entre la crueldad y el gobierno, entre la duda y la lealtad. Romances que engrandecieron y todavía siguen proyectando el nombre de Alhama más allá de nuestras fronteras. Veladas como la de hoy y las veinte anteriores contribuyen de gran manera a realzar la historia, fortalecer la convivencia, a encontrarse y mezclarse, en el testimonio oral y escrito, las diferentes culturas. Gran empeño y mejor resultado.

    Termino con un poema de nuestro conmemorado de hoy, en esa línea de libertad, de aires huracanados de libertad, que marca este acto:

    Las manos

    Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
    brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
    saltan, y desembocan sobre la luz herida
    a golpes, a zarpazos.

    La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
    y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
    Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
    hombres de mi simiente.

    Gracias alhameños y alhameñas por vuestra atención y comprensión. Tener la seguridad que en mi corazón hay destacado hueco donde puede sentirse en una lectura imaginaria: Alhama de Granada.

    Muchas Gracias.

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    >>> Versión en inglés. English version.

     

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    Lorenzo Morillas recibió un detalle como recuerdo por su paso por la Velada de los Romances 2017
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    Fotos: Juan Cabezas y Prudencio Gordo

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