
Actuó para el público reunido en la Taberna del Casino Círculo de la Unión.

El pasado 8 de mayo pudimos disfrutar de un recital de flamenco en la calle Boticas, nº 6, o lo que es lo mismo, en la Taberna Cultural del Casino, regentada por Jihène. Además del recital, también se inauguró la exposición de acuarelas de los artistas Javier Rodríguez y Ricco Ciocci.
El que esto narra llegó con tiempo, se sentó cerca del escenario y se dispuso a disfrutar del buen hacer de Paco Moyano, al cante, y de Antonio El Haro, al laúd y guitarra. Estaba yo ojeando el periódico, ensimismado con la crónica literaria de Jorge de Arco, cuando, de repente, Paco se acercó a los pies de las tablas y empezó a interpretar un cante de trilla a palo seco. Ahí es nada.

Francisco de Asís Fernández Moyano, nombre completo de este mítico cantaor nacido en Alhama de Granada, allá por 1951 (echen cuentas), fue considerado en la década de los setenta como uno de los llamados “cantaores comprometidos”, muy en la línea de Manuel Gerena y José El Cabrero —que nos dejaba esta misma semana—, compartiendo con ellos escenarios, además de ideales políticos y culturales.

Moyano grabó algunos discos, como El cante de Paco Moyano, Yo os canto, A corazón caliente o De sur a sur, y actuó en escenarios de España, Europa y América Latina junto a figuras fundamentales del flamenco como Camarón de la Isla, Paco de Lucía y Tomatito. Después de retirarse parcialmente de los escenarios en los años noventa, esporádicamente suele ofrecer algunos recitales, como el del viernes pasado, manteniendo intacta su forma de entender el flamenco. “Sin llanto, no hay cante”, afirmó Paco al comienzo del recital. Luego fue repasando varios palos con el acompañamiento del laúd de Haro, que, como bien advirtió, llenó el patio del Casino de reminiscencias andalusíes. Mientras sonaba el laúd, uno pensaba que, debajo de esta ciudad, reposan los cimientos de Arkus. ¡Cuánta historia en tan poco espacio!

Y entre granaínas, malagueñas y seguiriyas; entre el laúd y la guitarra flamenca, fue cayendo la tarde sobre el patio, y las sombras de los solemnes edificios del casco antiguo comenzaron a lamer las encaladas paredes con sus oscuras lenguas.
En esa voz de aspereza noble y poderosa reside el eco del flamenco rebelde; en su cante sobrio y apasionado sigue retumbando la memoria de otro tiempo. Paco concluyó su recital cantándole a Arcos y amenazando con volver en diciembre.
¡Ay de mi Alhama!, versión flamenca de Paco Moyano
Enhorabuena a la organización del evento por hacer cultura para y por el pueblo, al margen del intencionado exhibicionismo institucional.
Concluyo esta breve crónica con las mismas palabras con las que concluyó Moyano: ¡Salud, equilibrio, fortaleza y resistencia!
TEXTO, VÍDEO Y FOTOS COLOR: MIGUEL ÁNGEL RINCÓN PEÑA, en andaluciainformacion.es.
Entrevista a Paco, por Juan Cabezas