El Miño nace en fuente Miña


 
 “El Miño nace en Fuente Miña, provincia de Lugo, pasa por Lugo, Orense y Tuy…” y sigue (no el río, que también; sino el párrafo que la Enciclopedia 2º Grado, de Álvarez, dedica a este río español). Y luego el Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Segura, Júcar y Ebro. Y sus afluentes. Pues me los aprendí, los ríos principales y sus afluentes. Vaya si me los aprendí. La retahíla entrecomillada del principio la he soltado de memoria y algún que otro párrafo de este tema seguro que sería capaz de recitar.

 No creáis por lo que acabo de decir que tengo una memoria fuera de serie, que no. Ni que me gusta la Geografía más que nada, que tampoco. Es que los dichosos ríos me costaron sangre, sudor y lágrimas. Bueno, sangre no llegaría a derramar; y tampoco creo que sudara mucho allí en la escuela; pero lágrimas… lágrimas derramé yo y lágrimas derramaron la mayoría de los de aquel grupo de 2º grado que, a fuerza de cogotazos y otros recursos no menos pedagógicos, memorizamos para siempre la hidrografía española.

 No recuerdo los detalles, pero supongo que aquella mañana D. Manuel nos dictaría o nos mandaría copiar de la Enciclopedia aquella lección; y dibujar el mapa, claro. “Y os la preguntaré antes de salir al medio día”. Pero eso ya es harina de otro costal. La hora de salida llegó y ninguno de nosotros fuimos capaces de dar cuenta al maestro del lugar de nacimiento o desembocadura de los dichosos ríos.

 Las consecuencias, “os quedáis encerrados estudiando hasta que yo vuelva”. Y encerrados nos quedamos; y solos, que el maestro tiene que ir a poner inyecciones. Pero, como es de suponer, estudiando no.

 Se oye ruido. Que viene, que viene. Cada uno en su sitio, serio, con cara de no haber roto nunca un plato. D. Manuel entra y, como sabe que tendremos que comer y él también tendrá que hacerlo, intenta poner su semblante más severo y nos manda salir, pero que esta tarde ya veremos. Con cara de circunstancias, pasillo abajo, tras de él, estamos a punto de alcanzar la libertad provisional cuando una cruel fatalidad vuelve a cruzarse en nuestro camino: unas manchas de algún líquido alrededor de un pequeño agujero que hay en una de las tablas que forman el entarimado del suelo.

 - “¿Quién ha sido?” –pregunta el maestro, esta vez sí, con la cara encendida de rabia. Nadie responde. Y es que hemos sido todos. La vejiga se llena y hay que vaciarla. Encerrados como estábamos, no podíamos ir a la era de debajo de la plaza, lugar habitual para estos menesteres. En algún sitio habría que hacerlo; y aquel agujero nos pareció el lugar más idóneo para ello.

 La tarde prometía emociones. Fui el primero. Y recuerdo el río: el Ebro. Con el puntero en la mano, comencé a buscarlo por tierras andaluzas, pero allí no estaba. Tampoco tuve tiempo de buscar demasiado; una manta de bofetadas llovió sobre mi cabeza, mientras D. Manuel gritaba: “a tu sitio; Miguelito, sal tú”. Tampoco Miguelito encontró el Ebro y recibió la misma recompensa. Uno a uno fuimos desfilando frente al viejo mapa y uno a uno fuimos devueltos a los corrales con las mismas banderillas. Y es que previamente nos habíamos puesto de acuerdo para que, saliese quien saliese, nadie iba a decir nada.

 La sesión de aquella tarde se prolongó, como era de esperar, más de lo acostumbrado. No sé qué hora sería, pero era de noche cuando salimos. Los muchachos de la clase de adultos (tarea también del mismo maestro, aunque creo que con remuneración privada) esperaban ya para entrar y, entre burlas y algún coscorrón, nos abrieron paso.

 Antes de llegar a mi casa entré con Pepe Luis a la suya. Su hermana Juanita, sentada junto al fuego, movía con una paleta una sartenada de costillas que con su inoportuno olorcillo avivaron mi ya crecido apetito. Ni su familia ni la mía se inquietaron demasiado por nuestra tardanza. Se imaginaban dónde nos habríamos entretenido.

Nota.- Queridos antiguos alumnos: creo que nunca os conté esta anécdota cuando nos tocó estudiar este tema; perdón. Pero comprenderéis que no era el ejemplo más edificante para vosotros ni motivo de orgullo profesional para mí.