Virgen de la Amargura, de rojo florecida. A la Zamarrilla de Málaga



Virgen de la Amargura Coronada, va para ti mi canto:
¡Virgen de la Amargura!, plata de brisas marinas, ecos de caracola, en una noche mágica de dolor y de esperanza… Belleza desgarrada que caminas tras el varonil y exánime Cristo yacente de los Milagros. Amparo de Zamarrilla.

María Jesús Pérez Ortiz
Filóloga, catedrática y escritora

 ‘Virgen de leyenda, Virgen del dolor amargo, Virgen de hiel y de amor que nos cubre con su manto’. Hermosa y delicada, bella y dolorosa, sufriente dolor convertido en Suprema Belleza, con la mirada al azul infinito y las delicadas manos implorantes en busca de consuelo a su dolor.

 Derramas tu amargura sobre un trono de orfebrería andaluza: mesa, cajillo, arbotantes, barras, manto, candelería, peana, jarras, ánforas…; mecen, bajo la luna, palios monjiles. ¡Cuánta belleza!

 Virgen de la rosa de fuego dolorido en compases de bandas celestiales… Báculos, bastones, mazas, estandartes, capirotes burdeos con cíngulos dorados, toques de trompeta, marchas militares, tambores…, y esa cera en bola de sueños infantiles. Todo un mundo de cálidas nostalgias. Y cómo no ‘ese decir Coronado, ese romance creado con infinita emoción…’: “¡Amargura, ay, ay, ay/ ay madre hermosa/ la del color broceao/ deja que ponga esta rosa/ junto al puñal que han clavao/ tu amargura ay dolorosa…”

 ¡Con ella al cielo…! ¡con ella al Paraíso…! El pueblo, anhelante, espera su salida, con los brazos abiertos, sin mover un solo músculo y contando el paso del instante al ritmo de los latidos de su corazón. Es la salida de la Virgen de la Amargura un chorro de luz que despierta la primera emoción, aquel instante en que la vida se detiene, vuelve a latir, -se detiene- vuelve a latir…como sus propios pasos, sus propias paradas, sus ojos implorantes de amargura dolorida.



 Jueves Santo, Virgen de Zamarrilla. Capirotes rojos y túnicas blancas en la noche de la Amargura malagueña. Blanco y rojo como la blanca rosa de leyenda que lloraba sangre. Virgen de la Amargura, Virgen de Zamarrilla, flotando en la brisa salada, bajo un palio de malla de oro que traspasa el cielo.

 El supremo instante, cuando el sol se apaga se ilumina de belleza amarga, de dolor estremecido. Rosa roja aliada a los varales, a las bambalinas…Paso lento…; el dolor rasga el silencio. La primavera huele, el dolor estremece, la belleza sobrecoge. Todo es silencio.

 Flores mecidas con sones de amor, brisas del azul mediterráneo. Tarde-noche-madrugada, fundidas, en un sublime juego de sensaciones.

 Zamarrilla trinitaria, rosa encendida del perfume de su barrio, inundado de rojo y oro. Esquinas embrujadas, calles silenciosas se mezclan con la algarabía del sentimiento y la saeta…Estallido de aplausos en la noche. Y el manto carmín va tiñendo de sangre las calles de Málaga. ¡Cuánto amor encendido por esas calles rojas…! Mientras una cortina de pétalos de rosas llueve sobre el palio, ventana del cielo.

 Tribuna de los pobres, dolor con bullicio, palmas, sudor y lágrimas. Exaltación de un pueblo que grita, entusiasta, sus oles, sus vivas…y ese canto desgarrado, fundido en sensuales aromas de primavera. ¡Virgen de Zamarrilla! La de la rosa blanca de arrepentimiento, clavada en su pecho, y roja de sufrimiento.

 “Los lindos pétalos blancos/ que armiño y nieve semejan/ se han teñido de carmín/ cual si tintado se hubieran/ con la sangre que María/ vierte por las culpas nuestras.” Pues como dijo el poeta: “Zamarrilla de leyenda, Rosa roja de milagro, trinitaria y perchelera, Amargura caminando…(…) Tus ojos al cielo miran, llenos de triste quebranto…”



 Contemplar la belleza de Málaga en la noche del Jueves Santo, embriaga el alma de sonidos y olores de azahar y jazmín, bullicio por sus angostas calles y rincones donde parecen florecer pretéritas emociones. Sinfonía de colores al atardecer, desgarro de saetas que gritan pasión, con sonido de biznagas marchitas. Rumores de marinas lejanas se integran en una común vibración sensorial. Cascadas de susurros misteriosos se funden con el azul infinito. Escenarios de leyenda. Y acaso desde un balcón florido, la súbita saeta suspendida en el tiempo.

 Cuando pasa la Virgen de Zamarrilla, el pueblo se arrodilla y se huele el curso de la sangre en las venas y, en Málaga, donde el mar juega con el jardín, una fuerte brisa se lleva las rosas y toda la botánica del parque se estremece.

 Noche donde el dolor se esconde en los rincones y esquinas de sus calles adoptando una actitud lírica. Noche donde la voz sensual y sentimental de una Málaga, enfervorizada ante el paso de la Virgen del manto escarlata, arranca lágrimas.

 Van para ti , Madre Amantísima, estos versos de algunos de nuestros poetas españoles que parece que pensaban en ti cuando plasmaron su esencial palabra, llena de sublime belleza: “En tu barco de luces/ vas/ por la alta marea/ de la ciudad, / entre saetas turbias/ y estrellas de cristal…”(Lorca).

 “Tú, bálsamo de mirra; Tú, cáliz de pureza;/ Tú, flor de paraíso y de los astros luz,/ escudo sé y amparo de la mortal flaqueza/ por la Divina Sangre del que murió en la Cruz.”(Zorrilla).