Libertad y necesidad

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     Define la Real Academia Española, la palabra libertad como “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”.

     Sin entrar en consideraciones filosóficas en seguida se puede deducir de esa definición que el alcance real de la libertad viene limitado por las necesidades; es indispensable obrar de alguna manera para seguir viviendo, con lo cual la facultad natural de obrar o no obrar, tiene ya su primera cortapisa. Somos naturalmente libres para obrar o no obrar, y, por tanto, responsables, pero naturalmente también, nos vienen impuestas algunas restricciones a esa libertad, dada la necesidad de obtener nutrientes, vestido y refugio para mantener las constantes vitales en un equilibrio óptimo y compatible con la vida.

     Satisfechas esas necesidades mínimas es cuando comienza el verdadero ejercicio de la libertad y la responsabilidad, que incluye el proceso de ir creando la propia vida con cada una de nuestras decisiones y de idear el futuro, es decir, la forma en que vamos a vivir, o, mejor dicho cómo vamos a emplear nuestra vida. Emplear la vida en lograr la satisfacción de las necesidades básicas, no es vivir, sino una parte del vivir. Quien como primera meta y objetivo tiene el buscar con que ganarse la vida, no es libre. Para quien su principal objetivo es lograr un techo que proteja su intimidad no es libre. No actúa con libertad y, por tanto con responsabilidad, el que obligado por la necesidad roba y, de hecho en nuestro Código Penal se recoge en su artículo 20.5 el estado de necesidad como eximente de responsabilidad criminal. Por tanto el que por estado de necesidad busca un trabajo mal pagado, por debajo de sus posibilidades, con condiciones injustas o para encontrarlo tiene que dejar su país (movilidad exterior, se llama ahora), no es libre. Sin embargo el voto de esos ciudadanos computa como voto de personas libres. Naturalmente no estoy propugnando que se prive de derecho a voto a esas personas, lo que estoy proponiendo es que se libere a esas personas del estado de necesidad que orienta su voto, incluso de manera involuntaria. Y dirigido por machaconas campañas de prensa gástrica, que es la prensa que se escribe con el estómago agradecido.

     Estoy totalmente convencido de que el trabajo, incluso el trabajo no retribuido, es lo que hace humano al ser humano; entendiendo el trabajo como la realización plena y total de las facultades de cada persona, como llevar al límite posible aquello de que somos capaces. Con el trabajo efectuado gozosamente, y no como obligación por un estado de necesidad, es como se logra la integración total entre trabajo, vida, ocio, juego, estudio, experimentación, goce, que son, estoy absolutamente convencido, los objetivos del humano vivir. Este mundo no es obligatoriamente un valle de lágrimas, tampoco digo que sea, ni deba ser, un paraíso. Digo que es el lugar que nos ha tocado para vivir y que nuestra obligación es adecuarlo a nuestras necesidades, como adecuamos la casa que habitamos, porque la hacemos habitable, formamos un hogar de lo que, en principio, eran paredes desnudas. Y como el sostenimiento de la casa, con todo lo que ello implica, es obligación de todos los que la habitan también en esta casa común que es España, conviene que todos encontremos acomodo razonable y un mediano pasar. Que no sea para unos paraíso donde su capricho y deseo del momento es la ley y para otros infierno en el que toda penalidad encuentra asiento.

     Si queremos proteger al sistema, es tarea de todos, en especial de los que gobiernan, hacer que todos formemos parte de ese sistema. Sin casa, sin trabajo, sin ilusiones, sin esperanza, sin futuro, lo único que puede mantener dentro del sistema a los por él olvidados, es la fuerza de las armas, que debemos recordar que les han sido dadas a sus portadores por los ciudadanos, para defender sus derechos. Todos los derechos, los derechos de todos. No únicamente los privilegios de los que se han apoderado de las mejores habitaciones de la casa. Yo ya me entiendo, y creo que me hago entender.

     Y como por el camino por el que se anda ahora, parece ser que la salida lleva a la entrada, de nuevo, en un círculo vicioso desesperante y las medidas para crear empleo parece ser que darán sus frutos en algún futuro más o menos próximo que está por venir cuando la reforma haya cumplido sus objetivos, sean estos los que sean; como nada de lo que se está haciendo parece que dé resultado, digo yo que mientras dan con la tecla, sería cuestión de preocuparse por que todo el mundo pueda comer, pero sin caridad, con solidaridad y renta básica de ciudadanía. Total peor que estamos, casi que ya no podemos estar.

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