De la subida de las pensiones

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     Grande es la zozobra que sufre el pobre cuando un inesperado golpe de la fortuna cambia su estado. Porque casi nunca es para mejor y cuando ya se está mal, no apetece probar lo peor.

      Pero también es cierto que el súbito aumento de rentas en quien está habituado a la pobreza suele traer alguna que otra preocupación sobre el uso dado a tales incrementos patrimoniales: si se guardan bajo el colchón, o se invierten previsoramente (pero están los bancos como para andar en inversiones...), o, tal vez se adquiera una nueva vivienda... Para evitar tales quebraderos de cabeza, nuestro previsor gobierno decidió en su tiempo que a los pensionistas lo mejor era tocarles la pensión lo menos posible. Cosa de un dos por ciento a los que cobramos una miseria y casi nada a los que cobran algo que se pueda llamar digno, que en este caso son mil euros, por encima de los cuales, se sube solo un uno por ciento. Tiempos aquellos en los que el término mileurista, se aplicaba a sueldos modestos; en estos lo de los 1.000 euros mensuales, a ser posible en catorce pagas es sueño inalcanzable para casi seis millones de personas, según las últimas estadísticas, número, el de personas paradas a los que hay que sumar el de las que cobran por debajo de esos mil euros de referencia para la suba de las pensiones.

     Según me informan las autoridades encargadas de gestionar estos asuntos a mi me corresponde siete euros de subida mensual. Cifra, como se ve, modesta y muy alejada de esos sobres abultados, que decía “JR” el malo de “Dallas”, de cuando éramos jóvenes, que dicen que se repartían a los esforzados trabajadores del PP para premiar sus esfuerzos ; y mucho más alejada aún de los 22 millones de euros de la cuenta en suiza de Bárcenas.

     No es que en España no haya dinero, es que lo tienen casi todo los mismos que lo han tenido siempre, lo cual tampoco es cosa sorprendente, ya se sabe que dinero llama a dinero, y si te vienen con un sobre con unos miles de euros... pues lo coges y a otra cosa.

     Para lo que no hay dinero es para las pensiones, que ya nos tienen dicho que a ver si nos jubilamos más tarde y vivimos menos, que las arcas están a lo que parece algo agotadas; por eso nos hacen una subida testimonial, más que nada para quedar bien, digo yo que será.

     Tampoco es extraño que aquí se embolsen lo que puedan los que pueden; en España hemos admirado a los pícaros desde hace siglos y el éxito se mide por la cuenta bancaria y otros signos externos de riqueza. El trabajo, el esfuerzo, el ahorro, cumplir con las obligaciones fiscales, eso es lo que está mal visto y a quien lo hace le llaman como poco, tonto. Este es el país donde a deportistas que ganan fortunas y tienen su residencia en Andorra para no pagar impuestos en España se les premia con el Príncipe de Asturias, para quien no me crea consulte la biografía de Arancha Sánchez Vicario, y es solo un ejemplo.

     En España se ha admirado tradicionalmente al golfo, al sinvergüenza, al que burla la ley y sólo esta crisis ha hecho que nos escandalicemos de tanto latrocinio porque ahora lo hacen demasiado a las claras y sin ruborizarse siquiera y los antaño aplaudidores de la gente de éxito económico andan con las economías impuestas por la falta de recursos y se ha pasado de ir sobrados a vivir de sobras, lamentablemente esto no es un juego de palabras sino la cruda realidad en muchos casos.

     Los que aún tenemos algún ingreso por poco que nos lo suban podemos decir lo de la vieja aquella del chiste que en el velatorio por un difunto muerto de coz de mulo dijo: “Aún hay que darle gracias a Dios de que el mulo no estuviera herrado”.

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