Payasos

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    Los fallecimientos relativamente recientes de Miliki y Tony Leblanc han dejado el mundo un poco más triste, y no son precisamente causas para el desánimo y la tristeza lo que faltan.

     El primero era un Payaso, lo escribo así con mayúscula inicial para otorgarle la maestría en ese arte siempre difícil de hacer reír de una manera sana e inteligente; el segundo un actor especializado en papeles en los que mezclaba la comicidad, la ternura y esa cierta chulería que se supone a los madrileños. Ambos me han hecho reír, disfrutar con sus actuaciones y olvidar por un rato que vivimos en un valle de lágrimas.

     Por esa razón me indigna el uso de la palabra payaso como insulto; creo que es una hermosa palabra que define a una de las más nobles de las profesiones; ilusionar y entretener a los niños. Y cuando actúa un verdadero profesional de este arte todos somos niños, tengamos la edad que tengamos.

     Estoy convencido de que el mundo es un lugar al que hemos venido a disfrutar, aprender, gozar, sufrir, llorar, experimentar... porque todo eso forma parte de la vida, pero sabiamente dosificado.

     Es la ambición de poder, de lucro desmesurado, de acumular bienes y riquezas a toda costa lo que hace que una minoría disfrute del mundo a sus anchas y la inmensa mayoría apenas tenga lo necesario para tener un buen pasar. Y esto no es así por ninguna ley divina, sino por leyes humanas. No sé si después de este ahora vendrá un después en el que disfrutemos de las dichas celestiales. No sé si en ese después los explotadores, saqueadores, privatizadores y recortadores sufrirán su justo castigo. Lo que si sé es que todos cuantos hacen lo posible por dejar el mundo mejor de lo que lo encontraron, merecen mi más absoluto respeto y admiración, y entre esa gente se encuentran los payasos, y payasas, que también las hay, que nos recuerdan que este mundo es mejorable, haciéndolo mejor con su trabajo, que las lagrimas, cuando son de risa son hermosas y que el valle de lagrimas, de las de llanto, en el que nos hacen vivir todos aquellos dispuestos a recetar sacrificios, trabajos, esfuerzos y austeridad para los demás se puede transformar, no el paraíso, pero si en un lugar habitable para todos. Tampoco estaría de más que cuantos recetan trabajo esfuerzo y recortes para los demás empezasen por predicar con el ejemplo, que es la mejor manera de predicar.

     En cuanto a los payasos y payasas, de los que en Alhama tenemos una magnifica representación, mi más sincero agradecimiento por su trabajo que consiste en hacer, por un ratito, felices a los demás. Ellos, junto a músicos, literatos, pintores y otros creadores hacen de este mundo un sitio bastante mejor. En el cual a esa pregunta:”¿Cómo están ustedes?, que todos los de mi edad recordamos con cariño, podemos responder ¡Bieeeenn! Al menos mientras dura la función.

     Como no podía ser de otra forma, dedico esta mirada al Payaso Pepo y Son-risas y Animaciones infantiles.



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