El antiguo mercado



Una de las cosas que tienden a desaparecer con la irrupción de los nuevos modos de comprar y consumir son las plazas o mercados de abastos.

 Eran lugares en los que se podía encontrar en un lugar cerrado y, relativamente pequeño toda clase de productos comestibles perecederos como carnes, pescados, verduras y frutas, convirtiendo el acto de hacer la cesta de la compra en algo cómodo y fácil, que aunaba las ventajas de una gran superficie y las de los pequeños comercios de barrio.

 En mi vida entraron a una edad bastante temprana y para aquel niño de pocos años resultó novedoso el descubrir un mundo de sabores, olores, colores, griterío de las pescaderas pregonando que lo tenían fresco y en el cual era posible comprar lo necesario para la semana sin cambiar de tienda, para mi mirada infantil aquello era una tienda muy grande y muy rara en la que se podía encontrar casi de todo.

 En Alhama también dispusimos durante los primeros años de mi llegada de mercado de abastos con carnicería, frutas y verduras y pescado. Con la irrupción de los supermercados, cuyo nombre todos recordamos, empezaron a decaer y en la actualidad ni el viejo edificio ha sobrevivido y, es conocido de todos, en la actualidad el solar es utilizado como público aparcamiento. Uso que en mi opinión es cuando menos extraño. Pero ciertamente es el que menos mantenimiento y personal requiere, si lo que se busca es la economía, entendida aquí como ahorro.

 Son distintos usos y modos de entender el cotidiano asunto de llenar la cesta de comestibles y otros productos. En los hipermercados y grandes superficies todo resulta más frío y aséptico, incluso creo que los productos allí exhibidos carecen de olor o si lo tienen es más atenuado. En una gran superficie siempre me encuentro como de visita. En los mercados y plazas de abastos, en cambio, siempre me he sentido como en mi casa y la ordenada geografía de sus calles de pescado o carnes, o ultramarinos (esta palabra ya casi está en desuso) me resultaba cómoda y habitable. No sé si me explico o son desvaríos de un nostálgico vocacional a pesar de que piense que esta época que nos ha tocado en suerte o desgracia vivir es bastante mejor que otras anteriores de nuestro país.

 El viejo mercado o plaza de abastos que nos acompañó durante un trecho de nuestras vidas, y ahora es solo recuerdo, es símbolo de otros mercados donde sólo se venden ilusiones y vaguedades, quincalla y baratijas, pero se nos hace creer que son el no va más de la calidad y la excelencia. Igual que el viejo mercado es recuerdo espero que llegue el día, aunque yo no lo vea, en el cual esos otros mercados sean únicamente recuerdo. De vez en cuando nos debe ser permitido soñar con un mundo, no ya mejor sino, simplemente habitable y vivible.