Responsabilidad



Si fuese un gurú o cualquier forma de maestro espiritual, afirmaría que la responsabilidad es una de las columnas esenciales.

 Pero, como es sabido, sólo soy un opinador por libre, sin más respaldo académico que mi autolicenciatura en “Philosophía de lo Cotidiano”. Ni siquiera tengo un máster de esos que daba la Universidad Rey Juan Carlos; pero para defenderme en lo mío tampoco me hace falta. Opino, por libre y con libertad; y con la certeza de que soy responsable de cuanto escribo y público. Que es prácticamente todo lo que escribo. Únicamente una mirada escrita, a lo largo de más de diez años no la entregué para su publicación. Fue fruto de un calentón y, posiblemente me hubiese dado algún dolor de cabeza. Ya lo dijo Larra: “De lo que no se puede escribir, no se escribe”.

 Pero no sólo soy responsable de lo que escribo, lo soy de todos y cada uno de los aspectos de mi vida que afectan, o pueden afectar a los demás seres humanos que comparten planeta conmigo. En un mundo global y globalizado es bastante lo que puede afectar, para bien o para mal, el hecho de que colabore o no con entidades no gubernamentales dedicadas al alivio del sufrimiento infantil. O que vote o deje de votar a partidos que, una vez en el gobierno no ven con malos ojos determinadas guerras. Para las que siempre tienen una justificación.

 Y, sin dejar el asunto de la importancia del voto. Si hubiera votado a alguno de los partidos de la derecha tricéfala que gobierna en Andalucía sería responsable de que un individuo que afirma que contratar a los ocho mil profesionales de la salud que faltan no es garantía de resolver los problemas de la sanidad andaluza esté gobernando.

Soy responsable del agua que gasto o que malgasto, hay una sutil diferencia entre uno y otro término...
 Soy responsable del agua que gasto o que malgasto, hay una sutil diferencia entre uno y otro término y para asumir esa responsabilidad de no malgastar un bien tan necesario me basta con controlar el caudal con que me ducho o friego los platos. Soy, también, responsable de mi salud o de la falta de ella y responsable de la salud de los que me rodean si salgo a la calle sin mascarilla o si no me he vacunado. Soy responsable de los actos y eventos a los que voy o a los que no voy y de las consecuencias que para la salud de mis vecinos tiene mi conducta.

 Cada uno es responsable de sus acciones y de sus omisiones, de su muro de Facebook y, según dijo, creo que Manuel Vázquez Montalbán, de su cara a partir de lo cuarenta años.
 
 Y es mucho lo que sin heroísmos ni grandes sacrificios podemos hacer en favor de quienes nos rodean. Comprar en comercios locales lo que se encuentre en los comercios locales y lo que no se encuentre, comprarlo sin complejos a través de otros medios. Los reponedores, dependientes, cajeras y otros empleados de las grandes superficies también tienen que comer, pagar su hipoteca, la universidad de sus hijos y vivir decorosamente. Si puedo comprarme ropa en Alhama no voy a comprarla a otro sitio. Y siempre he podido hacerlo, y ahora con más facilidad.

Pero sabes que, en el fondo, una parte de culpa sí que tienes en el hecho de que te quite el trabajo un señor o una señora venida de fuera
 Y, sobre todo, recordar que la responsabilidad implica el asumir las consecuencias de nuestras acciones o inacciones y que el quejarse de los políticos o de quien quiera que te quejes, es cosa tuya, puede que te alivie tu sensación de impotencia por el momento. Pero sabes que, en el fondo, una parte de culpa sí que tienes en el hecho de que te quite el trabajo un señor o una señora venida de fuera. Aunque sea por permitir que haya gobiernos, o los haya habido que han sido cómplices con sus políticas laborales de esas situaciones. O de mirar para otro lado ante el incumplimiento de las leyes que promueven quienes contratan por debajo de lo pactado en los convenios colectivos.

 Y oye, de eso último te garantizo que yo no soy responsable.

 Que el año entrante sea más justo, más solidario y más sano para todos. Que cada uno haga lo que esté en su mano.