Carta abierta a Yolanda Díaz

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    Señora ministra: Me dirijo a usted con el tratamiento respetuoso que considero más adecuado.

     No tengo por costumbre tutear a desconocidos, sean ministras o jornaleros, fruto tal vez del residuo de la educación que recibí en un colegio nacional en las postrimerías del franquismo. Educación que fue compensada con creces con la que recibí de mis padres que, estoy convencido, fueron los que hicieron de mi un hombre de izquierdas.

    Para cambiar a peor sobran aspirantes (y es mucho más fácil) y, lamentablemente, no siempre entre las clases más favorecidas, si no entre las más necesitadas de acciones de gobierno
     No es muy usual que quien se dirige al poder lo haga para felicitar y animar a continuar con la trayectoria, salvo en los casos de gente que espera alguna prebenda o sinecura. Le puedo asegurar, señora ministra que no es mi caso. Lo único que espero de usted es que continúe, en la medida en la que le sea posible, con su limpia trayectoria de comunista convencida de que es posible, mediante las leyes, cambiar la vida, para mejor, de los trabajadores. Para cambiarla a peor sobran aspirantes (y es mucho más fácil) y, lamentablemente, no siempre entre las clases más favorecidas, si no entre las más necesitadas de acciones de gobierno que, por ejemplo, hagan subir el Salario Mínimo Interprofesional para garantizar algo tan básico como vivir decentemente. No aspiro a vivir como un rey, ni siquiera como un rey emérito, básicamente porque las aficiones de este último, la navegación y caza (toda clase de caza), me aburrirían.

     Un salario digno, lo más alto posible, unas condiciones de trabajo que no conviertan el empleo ni en un recreo, eso no lo hay, ni en un infierno. Y de eso sabemos usted y yo que sí hay, y mucho.

    … muy pocas esperanzas de que una larga experiencia laboral pueda competir con la juventud y sus sueldos más competitivos
     Por eso me congratulo de que sea una mujer comunista, con mucha lucha sindical y como abogada laboralista, la que tenga en sus manos el Ministerio de Trabajo y sólo lamento que lo sea en unas circunstancias tan absolutamente adversas. Pero no dudo, ni por un momento, de que hará usted todo lo que esté en sus manos para mejorar la vida de la gente que más necesitada está de mejoras. Los trabajadores jóvenes, las trabajadoras de todas las edades y los trabajadores que en edad tardía pierden el empleo y han de ingresar en el mercado de trabajo (odio esta expresión) con muy pocas esperanzas de que una larga experiencia laboral pueda competir con la juventud y sus sueldos más competitivos, que todos sabemos que en este caso competitivo quiere decir barato.

     Nunca ha sido el trabajo medio de salir de la pobreza, únicamente de la miseria; pero últimamente vengo leyendo en la prensa que ya ni siquiera trabajar aleja a la gente de la pobreza. Que yo entiendo que es la miseria. Resultado, supongo de las políticas neoliberales y las reformas laborales del anterior gobierno del señor Rajoy.

    … estoy convencido de que usted, señora ministra se va a plantear la defensa de los trabajadores de este país con todo el empeño y el esfuerzo que sea necesario
     Muchos son las trabas que le ponen y le van a poner todos aquellos para los cuales los trabajadores son meramente un eslabón más de la cadena de producción. Pero estoy convencido de que usted, señora ministra se va a plantear la defensa de los trabajadores de este país con todo el empeño y el esfuerzo que sea necesario; cuenta para ese esfuerzo con el impagable talante dialogante y dispuesto a hablar con quien sea preciso, de lo que sea necesario.

     Le deseo muchos éxitos en su camino, en el absoluto convencimiento de que seremos los trabajadores de este país los que nos beneficiaremos. Aunque algunos de ellos supongan que los comunistas son los que nos están llevando a la ruina. Desgraciadamente la incultura y la ausencia de concepto de clase, hoy todos somos clase media, por lo visto, abundan más de lo que conviene.

     No abuso más de su tiempo y, por último, me permito la licencia de despedirme con un ¡Salud, compañera! que es lo que me pide el cuerpo.




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