Frecuentar la realidad

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    Pero no vivir en ella.

     En el magnífico ensayo “La vida contada por un sapiens a un neandertal” escrito a dúo por Juan José Millás y José Luis Arsuaga, el literato atribuye al paleontólogo, en uno de sus capítulos, el hecho de frecuentar la realidad, pero no vivir en ella. La frase me llamó la atención y me detuve en ella el tiempo suficiente para extraer toda la sabiduría que en esa actitud hay. Frecuentar la realidad, claro que sí; para acudir a las gestiones y obligaciones diarias que la vida nos impone, para pagar las deudas contraídas, comprar los ingredientes del próximo almuerzo o el penúltimo libro que añadir a la biblioteca. Gestionar el día a día de la mejor forma posible. Para todo ello es preciso frecuentar la realidad, caso contrario puede suceder que uno cometa dislates como el de la presidenta de la Comunidad de Madrid, que quiere garantizar el español como idioma vehicular, creo que dijo; o no menos dislate, si no más, el del vicepresidente del gobierno, confundir al señor Puigdemont con los exiliados republicanos. Si no vives en la realidad en horario de trabajo, Pablo Iglesias, te pueden pasar cosas como esas.

    Ni yo voy a poder vencer a Estados Unidos. Larga vida, pues a Biden y que sea lo que Dios quiera.
     Para todo lo demás, para el tiempo de ocio, particularmente, elijo no vivir en la realidad de ahora mismo si no irme a pasar el día, o lo que quede de él, hechas las tareas cotidianas. Como inciso aclaro que, como no dispongo de tres asistentes pagados por el Estado, es decir, por todos nosotros, tengo que asistirme yo mismo en casi todas mis necesidades y ayudar al mantenimiento de mi hogar en la medida de mis posibilidades. Acabado el largo inciso necesario para que nadie se llame a engaño y me crea un tipo acostumbrado a a la molicie, prosigo con ese alejarme de la realidad cotidiana en mis momentos de ocio, en los cuales me apetece más acompañar a Arsuaga y Millás a ver qué es eso a lo que llamamos vida, o a una turma de la caballería romana enfrentándose a los hispanos comandados por Sertorio en busca de una imposible independencia del imperio. Ni él pudo vencer a Roma. Ni yo voy a poder vencer a Estados Unidos. Larga vida, pues a Biden y que sea lo que Dios quiera.

     Y ya que he mencionado a ese país he de decir, creo que repetir sería el término exacto, lo mucho que me gustan bastantes de los aspectos de su cultura, cuyas creaciones me hacen también alejarme, siquiera por un rato, de la incómoda realidad en la que estamos metidos todos. O casi todos, menos nuestros políticos que más bien parecen vivir en uno de los muchos multiversos que la física teórica y la mecánica cuántica nos incitan a creer posibles.

     Y esto es lo que no me parece ni medianamente bien. En sus momentos de ocio se pueden ir a el mundo de “Narnia”, de “Los juegos del Hambre”, de Camelot, o acompañar al Quijote en sus luchas constantes contra sus delirios. Pero cuando están en horas de trabajo deberían centrarse en lo que últimamente se viene llamando atención o conciencia plena (mindfulness para los más modernos) y estar a lo que están, que debería ser resolver nuestros problemas y no aumentarlos.

    No tengo nada en contra de los curas en las iglesias, los militares en los cuarteles o en misiones humanitarias en países exóticos; y deseo vivamente que los gestores a los que confío el pago de mi pensión tengan solidísimos conocimientos en economía.
     Y eso que he escrito es un llamado a nuestra clase política, a toda, a que intente de vez en cuando acertar en las soluciones y no, en modo alguno una aseveración de que prefiero que me gobiernen curas y militares o expertos en los arcanos de la economía más liberal. No tengo nada en contra de los curas en las iglesias, los militares en los cuarteles o en misiones humanitarias en países exóticos; y deseo vivamente que los gestores a los que confío el pago de mi pensión tengan solidísimos conocimientos en economía. Pero de ahí a verlos en el gobierno sin elecciones media un abismo. Aclaro que, si se presentan a unas elecciones y obtienen el acta correspondiente, serían políticos incluso siendo curas, militares o economistas. Es el pequeño matiz de ser electos o designados por un electo, lo que hace a las personas políticos.

     Una cosa es no vivir en la realidad, pero frecuentarla y otra muy distinta, vivir siempre en el mundo irreal de las moquetas en los despachos, de las secretarias y los asistentes, de los conductores y escoltas; en un mundo en definitiva en el cual empiezas por creerte que vives en el mejor de los mundos posibles. Puede que tú sí, pero el resto de la ciudadanía seguimos esperando que os pongáis de acuerdo para encontrar soluciones reales a problemas muy reales.




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