La vuelta al ruedo

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    Como en el viejo chiste hay gente que pide que se le dé la vuelta al ruedo.

     Con la esperanza de que esa vuelta haga que los tendidos de sol, troquen a sombra. Naturalmente. O también la vuelta a la tortilla para aquellos que no gustan de alusiones taurinas.

     La situación está realmente complicada, por no emplear otra palabra malsonante y hay mucha gente que lo está pasando entre mal y peor. Y la cosa se agrava porque no hay ni siquiera esperanza de que vaya a mejorar a medio plazo. Mal la situación política, mal la sanitaria, mal, todo mal. Y, reitero, sin mucha esperanza a corto o medio plazo.

     Ante tal situación, algunos, supongo que los más damnificados, desean un cambio a toda costa, en la creencia, creo que errónea, de que ese cambio les va a beneficiar. Concretamente ese cambio al que me refiero es el siguiente: Que el rey coja el poder de una vez y eche a todos los políticos. No veo imposibilidad física ni ética ni metafísica para tal asunción del poder real por el rey. Existe el ligero inconveniente de la dudosa constitucionalidad del hecho. Pero ya imagino que a quien no puede con su situación, la Constitución, lejos de ser la casa común en la que refugiarnos todos, les parezca más bien cárcel que se interpone entre ellos y una vida libre, plena, sin problemas y sosegada. Que lógicamente es lo que apetecemos todos.

    La mejor forma de que ese deseo de algunos españoles llegase a buen puerto, sería que se presentasen, mejor uno sólo de ellos, a las elecciones para presidente de la república
     A ver si me explico. Que no hay motivo alguno, para que una pareja joven, culta, instruida y al tanto de la situación, como sin duda son los habitantes de la Zarzuela no pudiesen, si fuese legalmente posible, asumir la tarea de gobernar España. Ya uno sólo de ellos, con el auxilio de la otra parte o los dos en común. La mejor forma de que ese deseo de algunos españoles llegase a buen puerto, sería que se presentasen, mejor uno sólo de ellos, a las elecciones para presidente de la república. Por lo demás no veo yo a Don Felipe de Borbón con la cabeza despejada para afrontar la enormísima tarea de gobernar a un pueblo como el español. Y menos aún con la situación de sus padres que andan en lenguas de las gentes y en los papeles por unas tarjetas con las que pagaban gastos, no baratos precisamente, sin que tales gastos fuesen del conocimiento de Hacienda. Y otras cosillas como lo que publica hoy ABC -se puede ver aquí-  (escribo el 4 de noviembre).

     No creo yo que el rey desee cambiar su estado más que cómodo, por una situación en la que tenga que implicarse en resolver los problemas de España y, de paso, contentar a todos los españoles. Tarea de tal magnitud que ni siquiera Hércules, el de los doce trabajos. podría llevar a cabo. Un único lugar hay en el que los españoles estamos todos de acuerdo. Que nos espere a todos muchos años es mi más ferviente deseo.

    Sé perfectamente que nadie me ha pedido consejo, ni me lo va a pedir. Pero me atrevo a iniciar la parte de autoayuda de esta mirada de hoy.
     En primer lugar, tú, que detestas a los políticos, la democracia y prácticamente a todo lo que se mueve a tu izquierda, plantéate si tu situación es realmente fruto de la acción de los políticos o hay algo que has hecho o que no has hecho para llegar a esa situación en la que clamas por lo que a todas luces es un golpe de estado.

     Si tienes la conciencia tranquila, es decir si de ese escrutinio de tu interior se desprende que efectivamente no hay nada que hayas hecho o dejado de hacer para estar en tu triste situación, tal vez antes de dar el paso de alentar acciones de dudoso resultado desees pensar seriamente si de verdad crees que tu situación va a cambiar para mejor o te vas a quedar como estás o, Dios no lo quiera, puede que incluso peor.

    El odio, la xenofobia, la aporofobia, la homofobia y en general todas las actitudes que, según tú se resolverían con la desaparición de los políticos...
     Tal vez incluso puedas acudir a los diferentes servicios y trabajadores sociales para que te ayuden a resolver algunas de tus necesidades más acuciantes. No van a darte todo lo que tú quieres, efectivamente, pero igual sí te ayudan a salir de ese pozo negro en el que estás, que te hace ver todo lo que te rodea oscuro, sucio y apestoso. Y peligroso, igual que las emanaciones de un pozo negro real son letales, también lo son las derivadas de uno mental. El odio, la xenofobia, la aporofobia, la homofobia y en general todas las actitudes que, según tú se resolverían con la desaparición de los políticos, provocan malestar intenso, irritabilidad y, oye no te enfades, pero tengo que decirlo: una malafollá muy grande que no hay quien te aguante.

     Entiendo perfectamente que, si has perdido tu trabajo, has agotado todos los subsidios y estás con el agua al cuello te sientas desesperanzado. Y lo entiendo por haberlo vivido más de una vez. Pero te aseguro que ninguna dictadura va a mejorar tu situación, no va a resolver todos tus problemas mágicamente. Ni siquiera eso reyes que tenemos tan guapos, tan bien plantados y tan elegantes y estilosos tienen una solución mágica para que de un día para otro yo sea más alto, guapo, tenga más pelo y toque la guitarra mejor que Rory Gallagher. Y sin tal cosa fuese posible preferiría seguir como estoy antes que beneficiarme de un baño de sangre. Me imagino que los que abogáis por la desaparición de los políticos los queréis enterrados o arrojados al mar. No contéis conmigo para eso. Prefiero a Abascal haciendo el idiota que muerto. O a Pedro Sánchez, para daros gusto a todos. Veeeenga, también a Casado ¡Menuda tropa! (vosotros, no los políticos).





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