Tiempos recios

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    Una vez más el Vargas Llosa escritor demuestra estar muy por encima del personaje.

     Al hablar del personaje hablo de sus tendencias políticas, respetables, como casi todas y de sus andanzas sentimentales. Pero nada de esto me importa lo más mínimo a la hora de sentarme a leer, de hecho tengo en mi biblioteca gente a la que nunca invitaría a mi casa; al menos un delincuente convicto y confeso, Chester Himes, varios alcohólicos públicos y notorios (lo mejor de la novela negra americana se escribió entre borrachera y borrachera), un soldado que luchó con los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, o eso decía, y, en fin, al mayor libertino de la historia, el Marqués de Sade. Es decir que no soy remilgado a la hora de escoger lecturas. Únicamente no admito a pederastas y violadores, razón por la cual tengo vetado por violador y mal padre a Neruda.

     Los tiempos recios del título de la que espero que sea la penúltima y no última novela de Vargas Llosa se refieren a principios de los años cincuenta en Guatemala, concretamente al golpe de estado que derrocó al muy centrista y moderado presidente Árbenz, al que acusaron de comunista. La verdadera razón fue que sus políticas agrarias molestaban a la, entonces United Fruit, hoy Chiquita Brands. Así de simple. Bastó una campaña de noticias falsas, descrédito y mentiras para convertir a un político que sólo deseaba para su país, Guatemala, una democracia como la de Estados Unidos, en un peligroso comunista al que derrocar. Aconsejo a quien quiera profundizar leer la novela de Vargas Llosa. Por cierto, el personaje estereotipado que representó en sus películas la cantante y actriz Carmen Miranda, cuya imagen ilustra esta mirada, cuasi fue creado por la frutera de marras, que, gracias a sus sempiternos tocados frutales, en los que nunca faltaban bananas, dio a esta fruta, poco conocida todavía, una popularidad que le dio dólares a espuertas.

     Yo, que la he leído en clave actual no puedo menos que pensar en otros presidentes americanos poco gratos al actual inquilino de la casa Blanca, o lo que es lo mismo, poco gratos a las grandes compañías que necesitan libre acceso, lo más barato posible a recursos económicos de los países con regímenes comunistas, o que violan los derechos humanos o las dos cosas a la vez.

     No seré yo quien defienda a la señora Delcy Rodríguez, pero si diré, y no creo que le sorprenda a mis lectores habituales, que entre ella y Guaidó, me quedo con ella. Simplemente creo que el candidato del actual presidente de los Estados Unidos, o del próximo, sea del partido que sea, nunca, bajo ningún concepto, en ninguna circunstancia, va a ser un presidente que pueda resolver los problemas de Venezuela. Antes bien, estoy convencido de que los va a agravar. Y mucho.

     Por otra parte, me basta con ver la catadura moral de los medios de comunicación (lo de llamarlos medios de comunicación es una cortesía mía) que atacan con saña a Ábalos para que, como poco, me dé en dudar de lo que afirman: Son todos medios conocidos por su escaso respeto a la verdad y su uso de manipulación, tergiversación y desprecio a la inteligencia de sus lectores, entre lo que me encuentro yo, cómo es lógico. Antes de opinar conviene hacerse una idea de lo más cabal de como anda el patio, para lo cual la lectura, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha y en diagonal de la prensa es imprescindible.

     Y como la empresa Chiquita aún sigue con el negocio de las bananas y las repúblicas bananeras, me voy a permitir rogar a mis lectores que consuman plátanos de Canarias, aceite andaluz o de Lérida, legumbres de Castilla León. Vinos de toda España, salchichones y cavas catalanes, si es posible comprados en comercios de barrio o de pueblo. Y los libros, termino como casi empecé, también, en la librería de siempre.

     Y, puesto a aconsejar, una vez más, tengan mucho cuidado con lo que leen en las redes sociales, en la prensa e incluso en mis miradas. Yo no miento a sabiendas, pero si me puedo equivocar. Y, como dijo Mafalda, “si él dijera que es buena, entonces dirían que es mala y la prohibirían aquí... ¡Por qué Fidel Castro no dice que la sopa es buena! Es un simple chiste, que contiene todo un editorial.





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