Gracias, Barcelona

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    No por los años allí vividos, los primeros de la niñez, adolescencia y juventud si no por los libros.

     Acabo de coger un libro al azar, se trata de “La ciudad sin tiempo”, está escrito por un barcelonés, Francisco González Ledesma y, se puede decir que la protagonista de la ficción es esa ciudad sin tiempo, Barcelona. No es el único libro cuya acción está situada en la Ciudad Condal que tengo. También está impreso en un pueblo barcelonés. Barcelona es una ciudad que edita libros. Barcelona es una ciudad en la cual han nacido algunos de los autores a los que he dedicado más horas de lectura: Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán, el anteriormente mencionado González Ledesma, Eduardo Mendoza, Jordi Sierra i Fabra, por citar a algunos. Es, también, la ciudad que vio nacer a las editoriales a la que tengo especial cariño: Bruguera (todo empezó con la Editorial Bruguera),Seix Barral, Destino, Salvat, Tusquet...Gracias, por tanto, Barcelona por los libros, por los autores que los escribieron, por la editoriales que los editaron y por los pueblos en los que se imprimieron y con los que tengo la pequeña coincidencia de que mi primer trabajo en esa ciudad fue en un taller del ramo de las artes gráficas, concretamente de troquelado. El contacto con el papel, el olor del papel, es algo a lo que no renuncio.

     Y es que hubo un tiempo en el cual Barcelona era conocida, no por las ocurrencias de esta gente provinciana de ahora, si no por las genialidades de un grupo que nunca reconoció que era la “izquierda divina”, traducción apresurada que hago de Gauche divine, pero que constituyó en su tiempo, años sesenta y setenta, el núcleo de la intelectualidad catalana que dio algunas de las mejores y más lúcidas mentes de la época. Supongo que como dijo uno de ellos, si no lo fue tenía méritos para serlo, Vázquez Montalbán, “Contra Franco vivíamos mejor”. De esa izquierda de Bocaccio y reuniones para beber y hablar hasta el amanecer es de donde nació ese espíritu universal, libertario y europeo (Barcelona era Europa mucho antes de entrar España en la Comunidad, ahora no sé si lo sigue siendo) y toda esa colección literaria y artística que nutre mi modesta biblioteca.

     Gracias Barcelona por ese más del setenta por ciento de mis libros editados allí, (en Madrid el porcentaje es de algo más del 27 por ciento), y no únicamente por los libros si no por las ideas, vivencias e historias que cuentan esos libros que son, a fin de cuentas, los que me han ayudado a ser el ser humano que ahora soy, que no es exactamente como yo quería, pero si una versión bastante aproximada.

     Uno es como lo hacen los demás, por mucho que se quiera no se puede dejar de ser influenciado o manipulado por la gente que te rodea, lo que sí podemos, y debemos hacer es elegir cuidadosamente la gente de la que nos rodeamos. En ese sentido puedo afirmar que siempre he procurado rodearme de gente de la que pude aprender algo, no siempre necesariamente útil para la vida. Debo, creo haberlo dicho ya anteriormente a mis padres, hermanos, familiares, amigos, libros y canciones casi todo lo que no soy, o no creo ser: Fanático, intransigente, machista, xenófobo, aporófobo y maloliente; de mis defectos, que los tengo y creo saber cuáles son, soy el único responsable.

     Gracias, por tanto, Barcelona por todos esos años vividos en una ciudad europea y abierta, por mis primeros amigos, estudios, libros, amores, noches compartidas con gente amiga al calor de unas copas, sabiamente dosificadas, porque tampoco había presupuesto para muchas.

     Pero sobre todo, gracias Barcelona por los libros, por todos los que tengo, por todos los que he leído, pero no conservo y por todos los que aún espero leer.

     En lo que concierne a esta Barcelona de ahora, tan distinta a aquella otra que yo conocía, espero de todo corazón que vuelva a encontrar el camino hacia la universalidad y se aleje del provincianismo burgués, vestido de independentismo de extrema izquierda o extrema derecha, pero que en el fondo no es más que el viejo nacionalismo burgués, de la alta burguesía catalana, que no le hizo ascos a Franco ni se los hace a quien le pueda ayudar a seguir consolidando su posición más que prominente. Y es que, como solía repetir Jordi Pujol “la pela es la pela”.


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