Cualquier tiempo pasado, fue anterior



Robo la frase pronunciada por Miguel Ángel Santaella en la clausura de los actos del cincuentenario del IES Alhama.

 Y la robo por estar absolutamente de acuerdo en que cualquier tiempo pasado no fue mejor y que esa frase recurrente de “en mis tiempos”, encierra mucha más nostalgia que verdad; especialmente si consideramos que nuestros tiempos son estos, y los tenemos a título de préstamo fugaz: cualquier presente avanza inexorablemente hacia el pasado, por una cara y hacia el futuro por otra, en la moneda en la cual el ahora es el canto de la misma. Cualquier pasado fue peor, más jóvenes somos ahora, cantaban por los años ochenta, creo recordar Ana Belén, Miguel Ríos y Víctor Manuel. Y, precisamente ese “creo recordar” es el que me salva del error, puesto que mi memoria me ha engañado en un par de detalles de esa canción y de los componentes del equipo cantante. Hubiera podido fácilmente ver el video de la copla antes de escribir; pero precisamente lo que quiero constatar es que mi memoria me engañaba, como suele hacerlo en la mayoría de los casos.

Sospecha la Neurociencia que el papel de la memoria no es traernos un fiel reflejo de lo que fuimos, si no darnos una visión edulcorada, y tratada con “Photoshop”, si se me permite la expresión, de quienes fuimos en el pasado que revisamos, lo que contribuye, no poco precisamente, a que el pasado, “mis tiempos” nos parezcan mucho mejores en comparación con los de ahora mismo, en este preciso instante que se va mientras escribo y que no es el mismo en el que el lector lee. De esa manera podemos llegar a la conclusión de que todo lo que se hizo hace (ponga el lector el número de años que más le cuadre) era mejor que lo que ahora mismo se hace en el mismo género, ya sea cine, teatro, literatura, música...lo cual en algunos casos puede ser cierto, pero en otros probablemente no; y ahí tenemos el caso de alguna de la música que se hizo en los años de la movida que hoy nos sonroja a poco que les prestemos atención.

 Pero no es de música de lo que quiero escribir, sino que lo que pretendo es insistir en esa idea de que la memoria no es que nos engañe, si no que más bien no nos dice toda la verdad, oculta detalles, altera situaciones y, algunas veces inventa recuerdos de sucesos que no ocurrieron y todo ello para darnos una imagen de nosotros mismos y de nuestra realidad que satisfaga a nuestro ego. O, dicho de otro modo, tanto el cerebro como la memoria nos engañan para que vivamos lo más confortablemente instalados en una realidad lo más grata posible. Que, a fin de cuentas, parece ser la función principal o una de las principales funciones de ese esa masa gelatinosa de nervios, neuronas y sinapsis que dan forma a lo que somos, a lo que pensamos y a como actuamos en este teatro que es la vida, teatro en el cual, además no te dan el papel escrito de antemano y toca improvisar sobre la marcha.

 Conviene pues, desconfiar de la memoria a la hora de asegurar tajantemente cualquier cosa, de dar por seguro cualquier acontecimiento y emplear mucho más la duda que la certeza a la hora de enjuiciar el pasado, sobre todo si éste se nos viene teñido de un color mucho más alegre de aquel que le corresponde. Lo cual me trae a la memoria esa conversación en la que un hermano de mi padre señalaba las excelencias de los jamones de antes y la mala calidad de los actuales, a lo que mi progenitor respondió: ¿y tú qué sabes?, antes no podías comer jamón. Creo que en este caso la memoria me da una versión más o menos real de la conversación...

 Yo he sido un niño de calle, de solar, de descampado, un niño con las rodillas desolladas y comido de mierda hasta que llegaba a casa y me lavaba y creo que de haber tenido acceso a los chismes electrónicos de que hoy gozan los niños, igual hubiera frecuentado árboles de los que caerme, campos en los cuales buscar moras y plazas en las que jugar el fútbol y molestar a los viandantes, lo creo porque podía compartir calle y juegos con casa y lectura. No me adhiero, por tanto al rechazo de quienes abogan por la supresión a los infantes y adolescentes del derecho a chismes electrónicos y si a los que piden más parques, calles, plazas y descampados y más tiempo libre para que los niños hagan niñerías, que es lo suyo.

 Cualquier tiempo pasado no fue mejor, fue anterior, y si pensamos que este no es nuestro tiempo y nos dejamos llevar por la añoranza del pasado estamos perdiendo lo mejor de la vida que, como dijo Ortega y Gasset es “esto que estamos haciendo ahora”.

 “Nostalgia, evocación, recuerdos”, solía decir, creo, a modo de saludo en “Radio Recuerdos”; como juego placentero puede resultar agradable recrearnos unos minutos con las imágenes que nos ofrece la memoria. Pero la vida está aquí, ahora y en el minuto siguiente, que es al que tenemos que llegar para seguir haciendo lo único para lo que hemos sido creados, para vivir nuestra vida. Ya tendremos tiempo de recordarla.