
Si la tristeza supiera del olvido, / del tiempo detenido entre los días, / del eco de tu voz entre las sombras / y de estas noches inertes

La tristeza iba sola
por un camino viejo.
Llevaba polvo y horas
cosidas en la memoria.
No sabía del agua
ni del pan ni del fuego.
Ay, tristeza cansada,
si supieras del tiempo.

La tristeza tiene mala memoria
Olvida
los días azules,
la voz que dijo mi nombre con ternura,
el cuerpo volviendo a creer en el descanso.
Exagera los inviernos.
Hace de cada noche
una frontera,
y del silencio,
una casa demasiado grande para habitar.
Si la tristeza supiera del olvido,
del tiempo detenido entre los días,
del eco de tu voz entre las sombras
y de estas noches inertes.
Si supiera de la ternura,
de las manos que el tiempo no desata,
de los besos guardados en la memoria
y del calor que aún me sostiene.
Ay, si la tristeza supiera.
Que a veces
una canción cualquiera flotando entre la gente,
la lluvia recién caída sobre el asfalto,
un mensaje que llega tarde,
rescatan algo.
No la vida entera.
Solo algo.
Y a veces, eso basta.
Que hay mañanas pequeñas regresando
como pájaros humildes a la ventana,
y una luz temblando entre las cortinas
capaz de sostenernos un instante.
Que después de la noche queda el agua
lavando lentamente las heridas,
y manos que en silencio nos encuentran
cuando ya no sabemos dónde ir.
Si la tristeza viera cómo crece
la hierba entre las grietas de la piedra,
y entendiera al árbol en invierno,
que parece muerto
mientras guarda la primavera.
Si supiera
que el amor no salva, solo permanece.
Que hay gente rota riéndose fuerte
en cualquier esquina de madrugada,
sobreviviendo
a fuerza de café,
de canciones tristes
y de un poco de esperanza.
Ay, si la tristeza comprendiera
que también el dolor se cansa un día.
Tal vez no dolería de esta forma,
ni viviría así bajo mi pecho;
tal vez entendería que en la ausencia
también sigue latiendo lo vivido.
Porque hay amores
que no aprenden el idioma del adiós
ni obedecen al peso del olvido,
y permanecen,
incluso cuando el mundo
empieza lentamente a borrarnos.
Si la tristeza al fin supiera
todo lo que en mí sigue encendido,
entendería:
que aún te amo
como si nunca te hubieras ido.

II
Proverbios
1
Hay tristezas dormidas
bajo la piel del alba.
2
Quise olvidar la noche,
y amanecí contigo.
3
No era el silencio triste;
triste era tu distancia.
4
A veces una sombra
también sabe abrazar.
5
El invierno más largo
termina en una flor.
6
Qué pequeña la pena
cuando alguien nos espera.
7
La esperanza no hace ruido,
por eso cuesta reconocerla.
8
Nadie vuelve siendo el mismo
del lugar donde ha sufrido.
9
Hay heridas orgullosas:
prefieren doler antes que cerrar.
10
No toda soledad está vacía.
11
La tristeza habla fuerte;
la paz interior casi siempre susurra.
12
Lo que fue no regresa,
pero insiste en parecer futuro.
13
Hay personas que llegan tarde,
pero llegan como la lluvia a la tierra seca.

Epilogo
Y un día
la tristeza se cansó de mí
y también me dejó solo.
II
Camino
con la soledad al lado.
No me empuja.
No me detiene.
III
Hoy me duele la vida
en lugares que no sé nombrar.
No me quejo: constato.
También esto soy.
IV
Perder fue haber tenido.
Llorar, haber amado.
Seguir
—con la soledad al lado—
es mi manera de razón:
hacer del corazón
su rebelión
V
Dejé el alma
donde dolía.
No para salvarla,
sino para saber
qué era vivir.