La loca



“Viene la Navarreta”, gritaban los chiquillos por las calles mientras se dispersaban. Algunos la seguían a distancia. Otros, la apedreaban.

La loca

La llamaban “la loca”.
Desde Alhama bajaba caminando
hasta entrar por el pueblo.
A veces, dando voces;
otras veces, cantando.

“Viene la Navarreta”,
gritaban los chiquillos por las calles
mientras se dispersaban.
Algunos la seguían a distancia.
Otros, la apedreaban.

La recuerdo (¿o, tal vez, la imagino?)
alta, enjuta y casi desdentada.
Con su vestido negro,
sus alpargatas viejas
y pidiendo, si le abrían la puerta,
de casa en casa.

Un día ya no vino
y nunca más supimos qué fue de ella.
Tal vez se fue por veredas de estrellas,
andando despacito,
con su locura a cuestas.

De “locos” o de “tontos”,
aquella vieja sociedad ignorante,
colocó sobre enfermos indefensos
una cruel etiqueta.
Y arrastraron su vida
entre burlas e insultos.
Huéspedes de insalubres manicomios,
de asilos de miseria.
Apartados, donde el resto del mundo
no los viera.

Santa Cruz, octubre 2019
Luis Hinojosa D.




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