Libro-disco "Las voces que no callaron", del hueteño Juan Pinilla



El libro-disco "Las voces que no callaron" recoge información sobre aquellos flamencos comprometidos por las libertades, tanto en la República como en la dictadura, como en la actualidad. Un ejercicio de memoria histórica sobre el flamenco, precisamente en año del 75 aniversario del fusilamiento de Blas Infante. En él también aparece el alhameño Paco Moyano.


 Varias medios han recogido en estos días la presentención del libro-disco de Juan Pinilla. Presentado en la tierra de Bals Infante, como homenaje al padre de la Patria Andaluza, recoge el compromiso social de algunos cantaores. Nosotros, en esta revista de prensa al respecto hemos seleccionado lo publicado en el diario PÚBLICO, de tirada nacional, y en el provincial diario IDEAL.

Fandangos en la trinchera

Un libro del cantaor Juan Pinilla rescata la historia del flamenco revolucionario y desmonta el mito que retrata a estos artistas como alérgicos al compromiso social.

Por Ángel Munárriz, publicado en el diario PÚBLICO, el 25/09/2011

 En una de sus últimas entrevistas antes de fallecer en diciembre de 2010, a Enrique Morente le hicieron una pregunta con truco. "¿Por qué el flamenco es de izquierdas y los flamencos de derechas?", le soltó el periodista Paco Espínola. Morente se quedó sorprendido, pero reaccionó desplegando ironía: "Somos de donde más nos convenga. Que viene la izquierda, para la izquierda; que viene la derecha, para la derecha; el centro, para el centro... Menos para atrás, para cualquier lado".

 A Morente le pudo la tentación de dar una respuesta socarrona, de reírse del topicazo que describe al flamenco como un artista pícaro, como un bohemio desinhibido que vive al día, siempre listo para asomar la voz allí donde brillen un par de monedas. Pero bien sabía el geniecillo del Albaicín que la historia suele escribirse en el envés del mito. Él mismo, sin ir más lejos, estuvo siempre en el mismo sitio, en el que dictaba su conciencia.

 Lo estuvo el 20 de diciembre del 73, en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, cuando arrancó su recital con este fandango de José Cepero: "Pa' ese coche funeral / yo no me quiero quitar el sombrero. / Pa' ese coche funeral / que la persona que va dentro / me ha hecho a mí de pasar / los más terribles tormentos". La letra, aunque grabada desde los treinta, sonó aquel día distinta... teniendo en cuenta que, horas antes, ETA había asesinado a Carrero Blanco. El recital se suspendió y Morente pagó con una multa de 100.000 pesetas y una noche en el calabozo.

 Esta historia está recogida en el libro Las voces que no callaron. Flamenco y revolución (Atrapasueños), que acaba de publicar el cantaor Juan Pinilla (Huétor-Tájar, Granada, 1981), premio Lámpara Minera en el Festival de Minas de la Unión de 2007. "El flamenco no va al sol que más calienta, como se suele decir. Los críticos que explican el flamenco como un arte en su burbuja no lo entienden", opina Pinilla.

El infarto del Chato

 Estudiosos como José Manuel Gamboa o Alfredo Grimaldos ya habían documentado la vinculación de numerosos flamencos con la República, el antifranquismo, la causa obrera... La particularidad aquí es que es Pinilla, cantaor de izquierdas, quien rinde homenaje a sus mayores en un compendio de nombres, anécdotas y reflexiones. El cantaor repasa decenas de casos. Está el del Chato de las Ventas, un payo nacido en 1887 que gustaba de dejar oír por Lavapiés sus letrillas jocosas, sin esconder su republicanismo. Murió en la cárcel de Cáceres, en noviembre de 1936, se cree que de un infarto al comunicársele que iba a ser fusilado.

 Son muchos los que mostraron compromiso tricolor: La Niña de los Peines, Vallejo, Guerrita, Fanegas... Llegada la dictadura, el castigo era el ostracismo o la persecución. O el exilio. Angelillo, cantaor vinculado a la CNT, se fue a Argentina. Otros muchos, a Francia o a Portugal. Juanito Valderrama, que había combatido en el bando republicano, los homenajeó en El emigrante (1959), de la que el propio Franco llegó a pedirle un bis durante una fiesta en una cacería. "Esto es para enterarse bien de lo que dice y meterme preso", pensó, según confesó. Pero tuvo suerte.

 "Aún está por reivindicar la posición ética y de compromiso de tantos y tantos", dice Pinilla, que completa el libro con un CD en el que canta una selección de letras reivindicativas. ¿Por qué triunfó el tópico del "olé, María y fandango"? En primer lugar, por el éxito del nacionalflamenquismo promovido por Franco, que subrayaba sus aspectos lúdicos y triviales, postergando su naturaleza de quejío de un pueblo -el gitano- históricamente castigado.

 Esto provocó el "absurdo" equívoco de ligar en la opinión generalizada el flamenquismo y la copla con la derecha, señala Félix Grande, poeta y flamencólogo. "Es un mito asentado sólo en que a Franco le gustaba llamar de vez en cuando a un artista para que le cantara algo. ¡A ver quién le decía que no!", reflexiona Grande, que recuerda que, en las fiestas de señoritos, los flamencos eran en muchos casos "humillados" y sufrían terribles desconsideraciones.

 A la formación del tópico de la indolencia se suman los prejuicios sobre el flamenco alentados desde el último tramo del siglo XIX por el antiflamenquismo, una corriente con eco en la Generación del 98 según la cual aquellos cantes quejumbrosos eran el primer indicador del atraso cultural de la atávica España, junto con los toros.

 Eugenio Noel (1885-1936) fue de los primeros en abonar la idea del flamenco como patria de hedonistas achulados. "Un hombre flamenco es un ser humano a quien toda clase de cuestiones le tiene sin cuidado, a excepción de las que puedan afectar a su interesante persona", dejó escrito.

 Pero no es así, aunque el control de la dictadura dejó bajo mínimos el flamenco profundo y acalló las voces de los artistas críticos. "Como todo trabajador que depende [...] del señorito de turno, no eran artistas libres [...]. Algunos hubieron de hacerse carnés de Falange para trabajar", escribe Pinilla.

 Ocurre, además, que tanto el estrato social de los flamencos como su nivel cultural eran más bajos que los de, por ejemplo, los poetas, que sí dominaban más recursos y sutilezas para expresar su rabia y homenajear a colegas represaliados.
La censura puritana

 Las letras sufrieron mutilaciones groseras. La copla -prima hermana del flamenco- Ojos verdes, de Rafael de León, cambió su inicio picante, "Apoyá en el quisio de la mansebía", por otro menos sugerente: "Apoyá en la trama de mi celosía". El tabú sexual se cebó además con los artistas homosexuales.

 La mordaza funcionó. El actor y director teatral Salvador Távora (Sevilla, 1934) observó, ya en los sesenta, que "el flamenco iba por un lado y el pueblo andaluz por otro". "Cuando el arte y la sociedad se alejan, es que fallan los dos", opina Távora, que incorporó a las tablas un imaginario flamenco sin folclorismos. Su obra Quejío fue un aldabonazo para la lectura progresista del flamenco, que también reivindicaron Caballero Bonald o Fernando Quiñones. "Hoy el flamenco debe recuperar su papel perdido en las conquistas sociales", apunta Távora. Pinilla va más lejos: "Antes era el señorito, ahora es la administración, con su control sobre el circuito artístico, la que ejerce una labor castrante".

 Según Távora, en los setenta el flamenco sí consiguió quitarse las ataduras que tan gráficamente empleaba él en Quejío. Fueron por entonces incómodos para el régimen los bailarines y coreógrafos Antonio Gades y Mario Maya. Y un puñado de cantaores que dijeron lo que había que decir, desde el rupturismo o el posibilismo: El Lebrijano, El Cabrero, Manuel Gerena, José Menese, Paco Moyano, Morente... "A mí, por cantar a Lorca, me entraron en mi casa los de Fuerza Nueva, pegaron un tiro y casi me matan. Fui a denunciar y el malo era yo, joé. Claro, gitano y con patillas", cuenta con gracia el mítico Curro Albayzín, responsable de organizar, por su cuenta y riesgo, los primeros homenajes a Lorca en la curva de Víznar, en los albores de los setenta.

     
 

Título: ‘Las voces que no callaron. Flamenco y revolución’.
Autor: Juan Pinilla (Huétor Tájar, 1981).
Editorial: Atrapasueños.
Ilustraciones: Vázquez de Sola.
Precio: 18 euros
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El granadino repasa cantes con letras de grandes flamencos de la República hasta la Transición, y algunos temas propios

 «El cante flamenco es la música de un pueblo históricamente avasallado. Los andaluces, gitanos y no gitanos, sufrieron la embestida en unos tiempos en que la esclavitud existía y los señores, amos, dueños, duques, condes, reyes, burgueses o terratenientes ejercían la potestad plena sobre el tiempo y la vida del pueblo. En ese contexto social, como manera de redención o exacerbación de la voluntad doblegada, nace el flamenco ». Con estas líneas comienza el cantaor granadino y especialista flamenco Juan Pinilla el libro-disco ‘Las voces que no callaron. Flamenco y revolución’.

Por Juan Luis Tapia, publicado en la edición impresa del diario IDEAL del viernes 23/09/2011

 Con este título, el autor pretende «desterrar ese tópico aterrador que ofrece una imagen de los protagonistas del cante como que siempre son del sol que más calienta ». Juan Pinilla pretende en este libro «mostrar al lector que por las venas de los flamencos corrió a la par un ramalazo de compromiso, que también ellos lucharon por la libertad y la democracia, con el valor añadido de la honradez y coherencia que aporta tal valentía a su ya de por sí valiente carrera musical ».

 El cantaor-escritor se ha centrado para desarrollar su peculiar estudio del compromiso político flamenco en los periodos históricos comprendidos entre los años 1931 y principios de los años  ochenta, o sea la Segunda República, la Guerra Civil, la posguerra, el franquismo, la lucha clandestina, la transición y la democracia.

El especialista granadino considera que el flamenco «no es apolítico sino apartidista» y «sírvase de ejemplo cualquier vistazo a las letras de la historia del género:

La tierra pa er señorito
Pa’l obrero las fatigas.
¡Cuándo pensará el obrero
deshasé estas injusticias,
que ayudan los manijeros!

O esta otra:

Hoy la clase patronal
levantó el pendón de guerra
sabe negarle con la sierra
al obrero más jornal.

 Pinilla considera que «las reivindicaciones históricas de las letras están más cerca del izquierdismo filosófico y los postulados marxistas, aunque sea por inercia, que de la ideología totalitaria». Pero si acudimos a las biografías de los ‘flamencos’, «más que de izquierdas, han profesado la acracia como ‘modus vivendi’ o forma política en su quehacer diario», comenta el autor.

Los perseguidos

 El autor destaca, entre otras ‘voces que no callaron’, a El Chato de las Ventas, «que fue una víctima de la Guerra Civil. Junto a su nombre se suman los de Guerrita, ManuelVallejo, Valderrama, Fanegas, La Niña de los Peines, Ramón Perelló, Niño de la Huerta, Mochuelo, Angelillo, Paco ‘ElAmericano’ o Carmen Amaya, en el caso de los que estuvieron vinculados, por distintosmotivos, a la República». Como consecuencia de esta vinculación o militancia, en palabras del cantaor, «algunos tuvieron que emigrar y otros, los que se quedaron, sortearon no pocas vicisitudes para continuar con su vida laboral».

 El granadino Paco Moyano, que sufrió torturas por parte de los grises y la Guardia Civil, José Menese y los revolucionarios textos de Moreno Galván,Manuel Gerena, que fue el cantaor de la transición por excelencia y que visitó más de trescientas veces los calabozos, Luis Marín, Enrique Morente, Mario Maya, Antonio Gades, el grupo sevillano Gente del Pueblo, Salvador Távora, Curro Albayzín o ‘El Piki’, son algunos ejemplos que Juan Pinilla destaca comoartistas comprometidos
con la lucha por la libertad y la democracia en los años setenta.

 En el disco, el joven granadino, que fuera Lámpara Minera 2007, repasa cantes con letras de  grandes flamencos de la República hasta la Transición , además de otros temas propios.





     
 

Breve biografía artística de Juan Pinilla

  Nace en Huétor-Tájar en 1981 en el seno de una familia obrera de aficionados al flamenco. La música que suena en su infancia como banda sonora es la que salía de los viejos cassettes de Chacón, la Niña de los Peines, Marchena, Caracol, Mairena, Manuel Vallejo, El Gloria o El Carbonerillo. Se aficiona decididamente tras asistir al concurso de cante flamenco de Loja en el año 91, donde conoce en primera persona el sentimiento y el pundonor de quienes cantan como mejor saben para alcanzar un premio.

 Al comenzar su carrera universitaria (Traductores e Intérpretes) entabla contacto con el mundo del flamenco granadino, aprendiendo de ‘maestros’ como Curro Albayzín, Curro Andrés, Paco Moyano, José Carlos Zárate y Francisco Manuel Díaz. Paralelamente entabla amistad con Francisco Ávila, gran aficionado de Montefrío, que le introdujo en las formas de Manuel Ávila, Chacón, Tomás Pabón y Manuel Vallejo. Poco a poco se va abriendo camino en el mundo del flamenco granadino logrando sus primeros premios en los concursos de Illora y Granada.

 Obtiene diversos primeros premios en provincias como Almería, Málaga o Barcelona. Se enrola en la compañía Zárate, junto a los que comienza a subirse a los escenarios. La escritora Paula Marín, que trabaja en la biblioteca de la Facultad donde estudia Pinilla, es la que lo introduce en el 'mundillo' intelectual del flamenco, presentándole a destacados personajes de la cultura y el flamenco granadinos, y es la que lo lleva también por primera vez a la peña de La Platería, de la que más tarde sería miembro de la junta directiva.

 Comienza por entonces a colaborar en prensa e inicia algunas investigaciones aún por concluir sobre los cantes de Granada y los perfiles biográficos de Cobitos y Manuel Avila. Posteriormente visita países como Alemania, Polonia, Irán, Dinamarca, República Checa, Japón, Portugal o Austria.

 Comparte cartel con figuras como Fosforito, Juanito Valderrama, Chano Lobato, Luis el Zambo, Miguel Poveda, Marina Heredia, Rancapinos y un largo etcétera. Paralelamente destaca como estudioso e investigador de flamenco, pronunciando conferencias por toda España. En el Festival de las Minas de La Unión obtiene hasta siete primeros premios, alzándose en 2007 con el máximo galardón ‘LÁMPARA MINERA’ lo que lo convirtió en el único cantaor granadino que posee esta distinción en la actualidad, ya que el único cantaor que lo poseía hasta entonces era Manuel Ávila, su maestro, fallecido en 1993.

 Ha participado en programas de televisión y radio en cadenas nacionales e internacionales. Participa en varias antologías de cante flamenco, así como en la grabación que acompaña al libro ‘The song of the outcast’ del escritor británico Robin Tottem. En la actualidad prepara la grabación de su primer disco con el sello RTVE. Ha sido asesor de la Peña Flamenca ‘La Platería’ y del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, así como colaborador del diario La Opinión de Granada y la revista El Olivo.

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