“El mensajero” en el “¡Ay de mi Alhama!” y las albricias


  Sí, “las cartas echó al fuego y al mensajero matara”. Naturalmente las cartas venidas de que Alhama era ganada por los cristianos nada habían de agradar a Muley Hacén, pero la vieja injusticia de despreciar y hasta dar muerte a quien traía las malas noticias quedó consagrada por los siglos junto con la pérdida de Alhama por los musulmanes, más en la leyenda que en la historia, en el maravilloso romance. Mientras que los portadores de buenas nuevas, como el mensajero Alfonso Muñiz que portó la buena nueva de la conquista de Alhama a Sevilla, eran tan gratamente agasajados, recibiendo tan importantes gratificaciones, “albricias”.

“El mensajero” en el “¡Ay de mi Alhama!” y las albricias
“Alhama, histórica”
Andrés García Maldonado

 Antonio Robles, sensible y culto donde los haya, ya en la anterior Velada de “Alhama, Ciudad de los Romances”, con la nobleza que le es propia, distinguió entre los personajes de histórico “¡Ay de mi Alhama!” a “El mensajero”. Queriendo, ante la próxima Velada, ya la decimonovena, hablar de alguno de los aspectos de nuestros romances, aportando algún dato histórico, oportuno es hablar, precisamente, de los mensajeros en aquella guerra de Granada y, sobre todo, en los momentos de la toma de Alhama.

 Recordemos ante todo que en la época medieval los medios de comunicación fueron raros, no existiendo prácticamente las vías de transporte. En el reino de Granada existió el sistema de mensajeros, utilizando estos la red viaria existente en el mismo, cuya vía de comunicación más importante y de mayor tráfico, en todos los órdenes, era, precisamente, el camino real nazarí que unía la capital del reino, Granada, con la segunda ciudad en importancia del mismo, Málaga, teniendo esta su centro en Alhama.

 Como nos dice Arias Horcajadas, “aunque no suele aparecer en las guías de itinerarios, la ruta por Alhama y Vélez aparece en las “Memorias” del rey Abd Allah cuando narra una campaña a Málaga en 1082, en los relatos de viaje de Ibn Battuta y Abd al Basit, en las crónicas castellanas del XV y, tras la conquista, se mantiene y aparece, por ejemplo, en la correspondencia del conde de Tendilla”.

 Entre Alhama y Granada, en aquellos mismos años de la guerra de Granada recién iniciada, el itinerario que con mayor probabilidad hubo de recorrer “el mensajero” para dar a Muley Hacen la mala noticia de la conquista de Alhama por los cristianos, es el que se describe en un relato sobre la entrada de junio de 1483, exponiéndolo el mismo Arias Horcajada de este modo: “Tras meter las provisiones en Alhama, estuvieron junto con la puerta de Granada. A continuación, la hueste fue á asentar real en una ribera de un río que se llama Cacín, en el camino que va a Granada, junto a la alquería de Cacín. El ejército continuó la vía de Granada, quemando todas las alcarrias y lugares que en la comarca había hasta que llegaron a un lugar de buena población con su fortaleza que se llamaba el Almalaha”. El camino seguiría por la torre de la Gabia aunque los cristianos sientan el real junto a la alquería de Alhendín. Probablemente, este comino sea el que aparece en los mapas como “camino viejo de Granada” y “Cañada” y fuera el escenario del trasiego de ganados de los pastos de Zafarraya a Sierra Nevada, García Carrillo señala que la ruta nazarí pasa a control de la Mesta.

 A la inversa, pasada Alhama, el camino seguía por el “puerto de Zafarraya”, lugar citado para el encuentro de cristianos para socorro de Alhama, para pasar junto a la fortaleza de Zalías, núcleo que se despobló finalmente bajo domino castellano. Desde la fortaleza se ejercía un control sobre los ganados que iban a la dehesa de Zafarraya. En 1492, se concedió la merced de una casa-mesón en las puertas de Zalías. El camino continuaba hasta entrar, por la puerta de Granada, en Vélez de la que se dice “que es de tres mil vezino, a la marina, ciudt muy fuerte e de las principales desde reyno”. Hacia Málaga, el camino pasaba junto a Bezmiliana (actual Rincón de la Victoria) y a su paso estaba dispuesta una mezquita, donada por el rey castellano para la construcción de una venta.

 Paradójicamente, hablándose en nuestro “¡Ay de Alhama!” de la muerte del mensajero que llevó las cartas sobre la toma de Alhama al rey granadino, debemos recordar que la palabra “albricias” viene de la árabe “al-bixara” que significa buena nueva, la que se transformó para expresar el regalo que se hacía al primero que comunicaba una buena noticia, hasta el punto de que la expresión “¡Albricias!” lo es de júbilo partiendo del mismo que causaba la llegada de una buena noticia. De aquí, igualmente, que “ganar uno las albricias” viene a ser el haber logrado uno ser el primero en comunicar una buena nueva a quien está interesado en ella.



 El romance mantiene la muerte del mensajero por decisión del mismo Muley Hacén. José Zorrilla, glosando toda esta historia y el mismo “¡Ay de mi Alhama!”, en su “Granada, poema oriental, precedido de la Leyenda de Al-Hamar”, narrando poéticamente la pérdida del reino de Granada por los musulmanes y figurándolo ello desde la visión de éstos, nos presenta la presencia y muerte del mensajero tras comunicar a Muley Hacén la gran pérdida y pidiéndole el mismo la muerte a la vez que venganza por la desolación de Alhama.

 Mientras pocas “al-bixara”, buenas nuevas, y regalos se harían a partir de aquellos momentos a los mensajeros musulmanes granadinos que irían informando en el transcurso de aquellos diez años que duró la guerra de Granada, mientras que por parte cristiana muchos fueron los que “ganaron las albricias”, comenzando por el mensajero que llevó a Sevilla la noticia de la toma de Alhama por los cristianos. Quien, muy al contrario que el mensajero de nuestro romance, fue recibido con satisfacción y bien premiado.

 Tan solo unos días después de la toma de Alhama, los regidores de Sevilla, concretamente el 8 de marzo de 1482, acuerdan que se pague cinco mil maravedís a un tal Alfonso Muñiz, criado del marqués de Cádiz, mensajero que hubo de llevar las cartas de su señor pidiendo ayuda para mantener Alhama, y se le gratifica como “de albricias por las buenas nuevas que trajo de cómo la ciudad de Alhama, con la fortaleza de ella, está tomada por los señores marqués de Cádiz, adelantado don Pedro Enríquez y asistente Diego de Merlo, y estaban aposentados en ella, para el servicio del Rey y la Reyna nuestros Señores”.

 Se preparó, desde la misma Sevilla, el socorro para Alhama, enviándose inmediatamente correos, mensajeros, en todas las direcciones. El mismo Muñiz retornó a Alhama, como nos dice Carriazo, a traer una carta al asistente Diego de Merlo, por lo que le dieron otros trescientos diez maravedís. “Hasta mil quinientos cincuenta maravedís se dieron a “un trotero” -correo ó mensajero que llevaba y traía la correspondencia- que fue a Medina del Campo, a los Reyes nuestros señores, con cartas de la ciudad e con la carta que había enviado el asistente de Alhama”. Ciento cincuenta percibió “otro trotero que fue al señor duque de Medina, a Sanlúcar, con cartas”. Un escudero de don Pedro Niñez de Guzmán, “que fue a Antequera quando vino la nueva de Alhama”, percibió cuatrocientos. Y otros troteros fueron a los caballeros del Aljarafe, al gobernador de Llerena, al conde de Feria, en Zafra, siempre para comunicar la toma de Alhama e informar del socorro que se preparaba para mantener esta ciudad en poder cristiano.



 Las albricias se cumplieron fielmente por parte de los castellanos-andaluces en todo momento. Así, el mismo marqués de Cádiz, cuando recibe la buena noticia de una victoria de sus tropas sobre las granadinas, tras recibir al mensajero con gran alegría, manda vestirlo de seda.

 La ciudad de Sevilla, cuando años después se toma Málaga, en 1487, paga hasta tres veces las albricias en un mismo día, aunque la cantidad que se le da a cada uno de los distintos mensajeros se va reduciendo: “...el 27 de agosto, el mayordomo Juan de Sevilla recibió órdenes para pagar: a) A Fernando Charrán, “criado del caballerizo de la Reyna nuestra señora... por una carta que del rey nuestro señor nos trajo, por la cual su Alteza nos hacía saber de cómo había ganado la ciudad de Málaga de poder de los moros”, 6.000 maravedís; b) A Fernando de Pareja, vecino de Sevilla, “ de albricias por las buenas nuevas que nos trajo en cómo el rey nuestro señor avía ganado la ciudad de Málaga de poder de los moros”, 2.000 maravedís; c) a Gonzalo García, vecino de Sevilla, por lo mismo, 1.000 maravedís”.

 Como siempre, entre la historia y la leyenda, los portadores de buenas nuevas son recompensados de alguna forma, los que llevan las malas noticias despreciados o, cuando menos, ignorados, habiéndoseles dado muerte en tantas ocasiones, no sólo como dice nuestro romance, sino como nos confirma la historia.