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El reportaje sobre la cantina rescata nuevos recuerdos del primer chiringuito de Los Bermejales

Francisco Cano, afincado en Málaga, que pasó su infancia en el poblado del pantano de Los Bermejales, conserva fotografías del establecimiento de madera que regentó su abuelo, Francisco Cano Muñoz, conocido como "El Susto", y reivindica la memoria de quienes dieron vida a aquellos primeros años.

 La publicación, el pasado 1 de julio, del reportaje "Salvemos la cantina del pantano de Los Bermejales" ha despertado recuerdos que permanecían guardados desde hace décadas.

 Uno de ellos ha llegado a la redacción de alhama.com a través de una llamada telefónica realizada desde Málaga por Francisco Cano Gil, de 75 años, tras haber leído el artículo de "Salvemos la cantina del pantano de Los Bermejales", quien asegura haber pasado su infancia en el poblado del pantano en aquellos primeros años de vida junto al embalse.

 Su intención era sencilla: aportar un nuevo capítulo a la historia de Los Bermejales y reivindicar la figura de su abuelo, Francisco Cano Muñoz, conocido popularmente como "El Susto", comerciante que, según recuerda su nieto, puso en marcha el primer chiringuito que existió junto al pantano.

 No se trataba de la cantina cuya conservación reclama actualmente la Asociación Pantano Avanza, sino de un modesto establecimiento de madera situado junto a la orilla, donde los visitantes podían tomar un refresco mientras contemplaban el embalse.

 Pero aquel pequeño negocio iba mucho más allá. Francisco Cano Muñoz disponía además de una tienda de comestibles en la zona de los antiguos barracones, donde residían trabajadores y familias vinculadas a la construcción de la presa.

 Cada domingo, recuerda su nieto, toda la familia descendía desde los barracones hasta el chiringuito empujando un carro cargado de bebidas y alimentos. El hielo permitía mantener frescos los refrescos durante toda la jornada y, según recuerda con orgullo, su abuelo fue uno de los primeros en vender Coca-Cola en el pantano, cuando aquella bebida todavía era una auténtica novedad en muchos pueblos de la comarca.

 Otro de los atractivos era una pequeña barca que Francisco Cano Muñoz había adquirido para pasear a los visitantes por las aguas del embalse. Francisco Cano Gil conserva incluso una fotografía de aquella embarcación que mostramos en este artículo, convencido de que constituye uno de los primeros testimonios gráficos del incipiente turismo que comenzó a desarrollarse en Los Bermejales.

 Aunque la familia acabó trasladándose a Barcelona cuando él era todavía un niño, los recuerdos permanecen intactos.

 Recuerda especialmente la vida en los barracones, aquella larga cuesta que descendía hasta el agua y, sobre todo, la impresión que le causaba visitar la central hidroeléctrica.

 Todavía hoy describe con emoción el enorme salto de agua que alimentaba las turbinas. "Aquello era una maravilla", rememora. El estruendo del agua, la humedad constante y el frescor que se respiraba junto a los motores forman parte de las imágenes que nunca ha olvidado.

 También conserva el recuerdo del primer ahogamiento ocurrido en el pantano, al parecer de un vecino de Arenas del Rey, un episodio que presenció siendo un niño y que quedó grabado para siempre en su memoria.

 Su padre trabajó igualmente en las obras de construcción del embalse, mientras que su abuelo mantenía una estrecha relación con ingenieros y responsables de la presa, circunstancia que, según cree, facilitó que pudiera desarrollar aquella actividad comercial que convirtió al chiringuito, la tienda y los paseos en barca en los primeros servicios destinados a quienes comenzaban a acercarse al nuevo pantano.

 Aunque nació en Jayena, donde su abuelo también tuvo una tienda e incluso un salón de baile antes de establecer su actividad en Los Bermejales, hoy vive jubilado en Málaga. Sin embargo, continúa sintiendo como propios aquellos años vividos junto al embalse.

 Su deseo no es otro que recuperar la memoria de quienes hicieron posible aquella pequeña comunidad que surgió alrededor de la presa, al tiempo que solidarizarse con quienes quieren mantener y recuperar el entorno.

 "Lo único que me gustaría es que se recordara la figura de mi abuelo. Fue un precursor. El primer chiringuito, la primera barca para pasear a los turistas, la tienda... todo empezó con él", afirma.

 Agradecemos a Francisco Cano Gil que nos haya facilitado las fotografías de aquella época con la que ilustramos estos recuerdos, unas imágenes que, además de enriquecer el archivo histórico del Pantano de Los Bermejales, al tiempo que servirán para seguir reconstruyendo la memoria colectiva de un lugar cuya historia continúa apareciendo, poco a poco, gracias a los recuerdos de quienes la vivieron.

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