
El nuevo Bosque de la Poesía, impulsado por la Asociación Pantano Avanza, reúne a premios nacionales, escritores locales, escolares y vecinos en un acto cargado de simbolismo.

Una jornada histórica junto al pantano para reivindicar la vida cultural y el futuro de este enclave de la comarca de Alhama

Hay días que un pueblo recuerda durante años. Jornadas que, aunque aparentemente sencillas, terminan convirtiéndose en símbolos colectivos capaces de resumir la memoria, las heridas, las esperanzas y la voluntad de seguir existiendo. Eso fue lo que sucedió este domingo en Los Bermejales, donde la inauguración del Bosque de la Poesía transformó el antiguo recinto escolar del pantano en un espacio de cultura, emoción y reivindicación del territorio.

La lluvia obligó a modificar parte de la organización prevista. El público no pudo distribuirse como se había previsto inicialmente. Los poetas y participantes tuvieron que adaptarse a un formato más concentrado y cercano. Pero lejos de restar valor al encuentro, el mal tiempo terminó aportando incluso un aire íntimo y auténtico a una jornada donde cada intervención parecía dialogar con el paisaje húmedo del pantano y con la historia de resistencia de este pequeño núcleo de población perteneciente a Arenas del Rey.
El acto estuvo conducido por el presidente de la Asociación Pantano Avanza (APA), Manuel Fernández Guzmán, y por nuestro compañero maestro, periodista e investigador Antonio Arenas, que fueron alternándose en las presentaciones y contextualizando una iniciativa que trasciende con mucho el simple recital literario.

Porque el Bosque de la Poesía de Los Bermejales no nace únicamente como una actividad cultural puntual. Su vocación es permanente. Árboles y poemas convivirán de manera estable en el entorno mediante placas instaladas en el recinto, creando un espacio abierto a la visita, al paseo y a futuras actividades culturales y medioambientales.
La iniciativa forma parte del movimiento internacional Bosques de la Poesía, surgido en Argentina en el año 2020 a raíz de la devastación provocada por los incendios forestales. Antonio Arenas explicó durante el acto cómo fueron los poetas argentinos Pedro Solans, Teuco Castilla y Aldo Parfeniuk quienes impulsaron este movimiento internacional con una idea tan sencilla como poderosa: utilizar la poesía como herramienta de conciencia ambiental y de defensa de la naturaleza.

Precisamente desde Argentina esperan lo vivido en Los Bermejales. Antonio Arenas recordó que el acto estaba siendo grabado y documentado para compartirlo posteriormente con la red internacional de Bosques de la Poesía, donde este enclave granadino pasará a ocupar un lugar destacado.
Y no es para menos. Granada se ha convertido en la provincia española con mayor número de Bosques de la Poesía gracias al trabajo de coordinación realizado por el poeta José María “Chema” Cotarelo, también presente en el acto. Maracena, Huétor Santillán, Santa Fe, Padul o la Dehesa del Generalife forman ya parte de esa red, a la que ahora se incorpora Los Bermejales como primer bosque de la poesía de toda la comarca de Alhama.

Pero en este caso había además una dimensión emocional y social muy profunda. Los Bermejales es un pueblo marcado por la despoblación y el progresivo cierre de servicios. El colegio lleva años cerrado. Los negocios desaparecieron. Muchos vecinos se marcharon. Y precisamente frente a esa sensación de abandono ha surgido en los últimos años el movimiento ciudadano liderado por la Asociación Pantano Avanza.
Antonio Arenas lo resumió con claridad al hablar del “renacimiento de Los Bermejales”, mientras Manuel Fernández Guzmán insistía en que la cultura, la naturaleza y el compromiso vecinal pueden convertirse en motores de futuro.
“Estamos creando el primer bosque de la poesía de la comarca de Alhama”, afirmó el presidente de la APA durante su intervención. “No es solo una plantación, es un centro cultural al aire libre donde convivirán árboles y poemas, música y cultura”.
Manuel Fernández Guzmán recordó además el trabajo realizado desde hace tres años por la asociación: campañas de limpieza, plantaciones de árboles y flores, actividades culturales, recuperación de espacios degradados y promoción constante del entorno del pantano como lugar de encuentro y convivencia.

El presidente de la APA tuvo palabras de agradecimiento para las muchas personas que han colaborado en el proyecto y citó expresamente a Antonio Arenas, Juan Manuel Romero, Ángel Almenzar, Ana Serrano, Teo Ordóñez, Luis Villaverde y otros vecinos que participaron en el acondicionamiento del recinto escolar para hacer posible la celebración del acto.
También agradeció el apoyo de la Asociación Árboles contra el Cambio Climático, presidida por Lola Ortega; del Ministerio de Educación a través de Paco Olvera; y especialmente de José María Cotarelo, coordinador nacional de los Bosques de la Poesía.
Uno de los momentos más significativos de la apertura llegó cuando Manuel Fernández evocó una frase de Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. A partir de ahí defendió la necesidad de sumar educación, cultura y naturaleza como herramientas contra el abandono rural y la pérdida de identidad de los pueblos.
La música estuvo presente durante toda la jornada gracias a la pianista Paloma Herrero Ocaña, antigua alumna de Fernández Guzmán, que acompañó altruistamente las lecturas creando una atmósfera especialmente delicada y emotiva.
El recital reunió a autores de enorme prestigio junto a voces locales y escolares de la comarca, mezclando generaciones y estilos en una apuesta claramente integradora.

La primera gran intervención corrió a cargo de Ángeles Mora, Premio Nacional de Poesía, que leyó su poema “Abril”. La escritora confesó entre sonrisas que había cambiado “el mar” del poema por el pantano que contemplaba frente a ella bajo la lluvia.

Después intervino Álvaro Salvador con “El dios de los peces”, un poema profundamente ligado a la memoria, la infancia y los paisajes acuáticos, donde evocó las enseñanzas compartidas junto a la orilla de un pantano.

Uno de los momentos más emotivos llegó con el recuerdo al también Premio Nacional de Poesía Antonio Carvajal, ausente por motivos de salud al encontrarse hospitalizado en Motril a la espera de una intervención quirúrgica. Su poema “Herencia del paisaje” fue leído por José Antonio Ruiz Reina, conocido en nuestra comarca como Pepe Reina, quien explicó además la delicada situación del poeta granadino.
Esa circunstancia otorgó aún más valor simbólico al hecho de que el Bosque de la Poesía de Los Bermejales sea el único de España que reúne poemas de dos premios nacionales de poesía.

El coordinador nacional del movimiento, José María “Chema” Cotarelo, leyó el poema “Los Bermejales, tan de todos”, escrito expresamente para esta inauguración. Su intervención insistió en la idea de un paisaje compartido donde naturaleza, memoria y palabra forman ya parte inseparable del territorio.

Manuel Juan García Calvo Ruiz ofreció dos espinelas dedicadas tanto al pueblo como al trabajo realizado por la APA. Su poema “Todo menos cruzarnos de brazos” resumió perfectamente el espíritu de resistencia y esperanza que atravesó toda la jornada.

La poeta Ana María Arco sustituyó a Teresa Gómez, ausente finalmente por compromisos en Madrid, leyendo el poema “Legado”, escrito por la autora granadina expresamente para el Bosque de la Poesía.

También participó Salvador Arias, docente jubilado y escritor vinculado a Santa Cruz del Comercio y Alhama, quien finalmente optó por leer “Ay, tierra mía”, un emotivo poema cargado de memoria personal y amor por la tierra natal, regalando un ejemplar de su libro “Versos Besos del alma” a la APA.

Juani Olmos recitó “A ti, Bermejales”, una composición dedicada íntegramente al pantano y a su valor natural, mientras María Jesús Guzmán puso voz a “Un nuevo amanecer”, uno de los textos más intensos de la jornada, donde describía el dolor de un paisaje herido por el abandono y la despoblación.

José Gilabert Ramos tampoco pudo asistir finalmente, siendo Manuel Fernández Guzmán quien leyó su poema “Como los árboles”.

Entre las intervenciones más aplaudidas estuvo la de Amelia Retamero, que emocionó al público con un romance cargado de recuerdos infantiles sobre los antiguos domingos de hornazo junto al pantano, evocando meriendas familiares, juegos infantiles y escenas de otra época que aún sobreviven en la memoria colectiva de la comarca, con "Mi infancia son recuerdos".

Ana María García recitó “Transición”.

Emilia Súnico compartió el poema “Arrastras un baúl”, profundamente marcado por la experiencia de la emigración familiar y el arraigo a la tierra,.

Angustias Moreno, ausente finalmente, estuvo representada a través de la lectura realizada por su sobrina, Ana María García, del poema “El campo”.

También envió colaboración Antonia Moreno Peregrina con “El mundo que quiero”, un texto cargado de humanismo y esperanza que habló de fronteras, guerras, migraciones y convivencia.

José Antonio Ruiz Reina (Pepe Reina), además de leer a Antonio Carvajal, participó con su propio poema “Ramas quebradas”.
Manuel Fernández Guzmán aportó igualmente su poema “Poemas y árboles”, integrado ya en el bosque junto al resto de placas.
El acto concedió además un protagonismo muy especial a los escolares de la comarca, siguiendo la filosofía original de los Bosques de la Poesía internacionales.

Con alguna ausencia, aunque quedó su poema en el folleto de presentación, participaron Samira Moya García, alumna de cuarto de Primaria del CPR Los Ríos de Arenas del Rey, con “Cuida mi rincón favorito, por favor”.

Xavi Gael Cayo Catorceno, del CEIP La Inmaculada de Fornes, con “Mi rincón favorito de Los Bermejales”.

Valentina García Fernández, alumna de Játar, con “Cuando paseo por el pantano”.

Y no pudo asistir al acto, aunque estaba previsto, Julia Moles Aguado, del CEIP Virgen del Rosario de Jayena, con “Cuidamos el medio ambiente”, su poema fue leído por la investigadora, escritora y poeta Pepa Merlo.
Sus poemas, sencillos y directos, hablaron de basura, animales, agua, árboles, peces y respeto por el entorno. Y precisamente ahí estaba una de las grandes claves del proyecto: sembrar conciencia ambiental y sentimiento de pertenencia desde las nuevas generaciones.
A lo largo de toda la mañana hubo constantes referencias al esfuerzo colectivo que sostiene este movimiento ciudadano. Porque si algo quedó claro durante la inauguración es que detrás del Bosque de la Poesía existe un trabajo silencioso, constante y enormemente generoso desarrollado por vecinos y voluntarios que llevan años negándose a aceptar el olvido de Los Bermejales.
La Asociación Pantano Avanza ha conseguido algo muy poco frecuente en pueblos pequeños castigados por la despoblación: generar ilusión colectiva. Recuperar espacios. Movilizar a vecinos. Atraer actividades culturales. Crear identidad compartida. Y hacerlo además prácticamente desde el voluntariado y el compromiso emocional con la tierra.
El antiguo colegio cerrado por falta de niños se convirtió por unas horas en símbolo exactamente contrario: un lugar lleno de vida, de voces, de música, de memoria y de futuro.

La jornada concluyó entre aplausos, conversaciones improvisadas, fotografías, platos de jamón cortados por el propio Manuel Juan García, que, como hemos descrito participó con dos espinelas, y un vino español ofrecido por el Ayuntamiento de Arenas del Rey.

La lluvia hizo su aparición débilmente sobre el pantano. Pero nadie parecía tener prisa por marcharse.
Quizá porque todos intuían que lo ocurrido allí no había sido únicamente un recital de poesía.
Había sido una declaración colectiva de resistencia.
Una manera de decir que Los Bermejales sigue vivo y que nosotros, desde alhama.com y Radio Alhama (i), lo seguiremos contando.
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El guion que preparó la Asociación Un PARAISO verde donde se plantan árboles y poemas fusionando la naturaleza con la poesía CONECTA CON BERMEJALES, TU PARAISO DE AGUA Y SOL EN GRANADA. NATURALEZA, CULTURA Y TURISMO
1.EL DIOS DE LOS PECES Si existe algún dios, Te recuerdo estos días junto a la orilla –¡Lanza el sedal con fuerza! ¡Lánzalo! Lánzalo como si en ese esfuerzo apostaras tu vida. Y la apostábamos. Entonces yo era casi un niño y tú Aprender a pescar era tan grave como saber vivir. Y yo intuía Me recuerdo, yo mismo, Hermano Álvaro Salvador (Granada)
2.MI INFANCIA SON RECUERDOS DE UN DOMINGO EN PRIMAVERA Mi infancia son recuerdos Un poquito de jamón Tocino con mucha veta tomates fritos con carne ¡Se terminó la abstinencia! Niños y niñas jugamos Amelia Retamero (Arenas del Rey, abril, 2026)
3. TRANSICIÓN Volteo la mirada al ayer verde a tu sombra alegre, Danza de hojas, manto de ocres, Nidos sin alas, quietud en las ramas. Hiedra que te sigue, Casi parece que duermes, De las ramas desnudas que sostiene el tronco que sostiene la tierra que sostiene la vida que sostiene la herida. Para volver solo queda un invierno Ana María García Moreno (Alhama de Granada)
4. ABRIL When the Robins come EMILY DICKINSON El día siete Los pájaros callaron medio mudos al vernos, aunque pronto volvieron a gritar al día siete. Sentí una rara unión El bosque quedó quieto, Subimos la colina. Yo sabía a su lado El día siete entonces, abriéndose como una tentación, sólo para mis ojos desplegó Ángeles Mora (Rute, Córdoba)
5. EL CAMPO No parece que haya vivido Una tarde tan igual, El canto de los pájaros, Cuánta paz y tranquilidad; Los prados con sus flores, Esto es digno de admirar. Qué bien se vive en el campo No sabemos valorar Hay muchos sonidos de fondo Que te invitan a pensar Sin jardinero ni agua Que las puedan regar, Qué maravilla de flores Oler a tomillo y romero Qué bien puedes respirar, Entre chaparros y almendros A veces veo el amanecer, Qué bonito en primavera Cuántas flores puedes ver. Angustias Moreno “Luna de lana” (Ventas de Zafarraya)
6. HERENCIA DEL PAISAJE A mis amigos pintores Francisco Fernández Barba y Francisco Fernández Ramírez Lo que llamaba mío ya no existe, Aún me quedan los montes y los humos que se elevan, difusos, de los sotos, Sólo ama el paisaje quien lo vive, quien lo vivió y quien vivirlo espera, Lo que llamaba mío ya es memoria Mi corazón lo lleva como perla Antonio Carvajal, 2015: El fuego en mi poder (Albolote Granada)
7. LOS BERMEJALES, TAN DE TODOS Esta tierra al fin ya tan de todos Todo sois al fin, ya tan de todos y de nadie. José María Cotarelo (Asturias)
8. ARRASTRAS UN BAÚL Arrastras un baúl Emilia Súnico (Granada)
9. POEMAS Y ÁRBOLES PALABRAS y ÁRBOLES entrelazados en un poema, en un lienzo azul turquesa, POEMAS, pinares, ardillas y viento en una fiesta de disfraces Olivos, almendros, pinos y sueños secanos y ríos entre el agua y la sierra. Hoy sembramos versos verdes En este rincón del mundo, solitario, entre veranos azules y paseos tranquilos descorremos la cortina de la infancia Mañana comenzará un nuevo ciclo de lluvia, soles y ardillas Manuel Fernández Guzmán (Bermejales)
10. Al PUEBLO DE LOS BERMEJALES “El pueblo vive” Vive el pueblo en la ribera, con pulso de agua y de viento, donde el alma va contenta TODO MENOS CRUZARNOS DE BRAZOS “Se avizoran albricias esperadas” Luce el sol sobre la orilla, prometiendo nuevos días, y entre pinos y armonías, la esperanza se perfila. Tierra fértil y sencilla, Manuel Juan García Calvo (Alhama de Granada)
11. UN NUEVO AMANECER Pantano de los Bermejales, oasis maravilloso, ardiente. Estás apagado ahora, lo sé, y mi corazón se entristece. Paraíso indescriptible, María Jesús Guzmán Lozano (Bermejales)
12. A TI, BERMEJALES El Pantano de Los Bermejales majestuoso se muestra, Juani Olmos (Alhama de Granada)
13. CUIDAMOS EL MEDIO AMBIENTE Estamos en la naturaleza Pero todo estaba muy mal Las ardillas no tienen árboles para escalar, los peces con poca agua para nadar. Los ciervos con miedo van pasando con miedo de los cazadores Julia Moles Aguado (6º de primaria) CEIP VIRGEN DEL ROSARIO JAYENA
14. COMO LOS ÁRBOLES Si yo pudiera, como los árboles, tomar la luz del sol y hacerla mía. Amasar los fotones Si yo fuera capaz, como los árboles, de alzar mis ramas hacia el cielo Si yo supiera aferrarme a la tierra y aguardar en silencio a que todo suceda José Gilabert Ramos “La luz en la materia” 2012 (Barbate Cádiz)
15. RAMAS QUEBRADAS (poema en prosa) Ahíto ya de luz tan apremiante, olvido la ventana y cierro el campo. Por sí misma vendrá la primavera pintando ¡Cómo me araña abril en la conciencia, cómo gotea Y tú, ciega, levantas tus ojos de mentira, sin saber que me aterra tu silencio y no quiero dejar este desierto. José Antonio Ruiz Reina (Ventas de Zafarraya)
16. CUIDA MI RINCÓN FAVORITO, POR FAVOR Entre pinos, patos y arenales se esconde mi rincón favorito el Pantano de Los Bermejales. Las personas lo visitan para ir en barco, andar o pasear A la persona que venga le pido de corazón, Mi querido pantano que me ha visto crecer, mi rincón favorito Samira Moya García (4º de Primaria) CPR LOS RÍOS ARENAS DEL REY
17. A TI, MUJER Y MADRE No conozco mayor fortuna Porque ser madre amiga mía es tu gozo y mayor ternura, un dolor, se torna alegría No hay gozo ni más fiel caricia, más noble amor ni más sincero, ni mirada más pura y limpia, Su huella, en hondos recuerdos, se graba en tus dulces caricias que guardará en su tierno pecho de amor de ti, madre querida… Y, en sus momentos de silencio, cuando se hielan las sonrisas, siempre eres, en su fuego, el leño, aliviando tan triste herida… Nunca rehuiste el cruel miedo, de surcar tu mar en tu vida, como el más recio marinero, soñaste el soplo de tu brisa, Peso a tan cruel peligro, fiero, tu noble lucha de heroína, Por tu amor, madre yo te quiero por tu esfuerzo y fiel valentía, enfrentándote, siempre, al miedo, vida entregas, a tu familia… Salvador Arias Jiménez (Santa Cruz del Comercio)
18. LEGADO La tierra se despoja de su traje de lluvia exhalando un aliento de yerba y amapolas. Horizontes del suelo nutren nuestro futuro entregado a la bruma. que conocen los tiempos de la espiga y saben aguardar. para trazar un mapa en nuestras manos con auroras de escarcha Teresa Gómez (Granada)
19. EL MUNDO QUE QUIERO Quiero ver el mundo con ojos de niño, levantar un brazo y tocar las estrellas, enredar mis pies en olas de espuma, dibujar caminos sobre arena húmeda. Tejer un vestido con hilos de sol Antonia Moreno Peregrina (Bermejales)
20. CUANDO PASEO POR EL PANTANO Cuando paseo por el pantano escucho los pájaros cantar. siento el aire fresco al caminar A lo lejos veo a mi hermano Jugamos en la orilla del pantano viendo los peces chapotear. Los pájaros vuelven a sus nidos el pantano en calma está. Valentina García Fernández (5º de Primaria) CPR LOS RÍOS JÁTAR.
21. MI RINCÓN FAVORITO DE LOS BERMEJALES En el pantano hay un rincón fresquito que me ayuda con el calorcito. Es mi sitio favorito en verano porque me baño en el pantano. En Bermejales el sol brilla como una lamparilla. Los patos y patas comen patatas. Bermejales es mi lugar favorito lo juro por mi hermanito. Xavi Gael Cayo Catorceno (5ºde Primaria) CEIP LA INMACULADA FORNES
22. A UN OLMO VIEJO Al olmo viejo, hendido por el rayo1 y en su mitad podrido, Antonio Machado
Estamos creando el primer "Bosque de la Poesía" de la comarca de Alhama. No es solo una plantación; es un centro cultural al aire libre donde convivirán árboles y poemas. Desde la Asociación Pantano Avanza (APA) presentamos con orgullo este proyecto. Una apuesta firme por visibilizar nuestra comarca a través de la excelencia literaria y el compromiso ambiental. Un paraíso verde donde se plantan árboles y poemas fusionando la naturaleza con la poesía. Bermejales renace como epicentro de la cultura. ¡Acompáñanos en este viaje! Este proyecto cultural se inscribe dentro del marco internacional de Bosques de la Poesía que tiene su origen en Argentina. Nace del empeño puesto por varios poetas de este país para llamar la atención sobre la degradación de los bosques y de la naturaleza causada por la acción humana. PLANTAMOS POEMAS PARA QUE GERMINEN CONCIENCIAS EN NUESTRO BOSQUE DE LA POESÍA |
Nuestra aportación, por Jesús Pérez Peregrina

El bosque de las orquídeas, o Los Bermejales y el bosque de las palabras

Cuentan los vecinos de Los Bermejales que hubo un tiempo en que el viento cruzaba los árboles sin detenerse en ningún sitio. Bajaba desde la sierra, rozaba el agua del pantano y seguía su camino, como si tuviera prisa por olvidar aquel rincón.
Pero una primavera ocurrió algo extraño.
Una niña llamada Alba encontró, junto a las raíces de un viejo álamo, una palabra escrita en una piedra:
Memoria.
La llevó al colegio pensando que alguien la habría perdido. Sin embargo, al día siguiente apareció otra palabra, esta vez grabada en una corteza:
Agua.
Luego otra:
Sueño.
Y otra:
Casa.
Pronto los niños empezaron a recorrer el bosque buscando palabras escondidas. Algunas estaban escritas en madera; otras colgaban de ramas finas como hojas secas. Había versos enteros dormidos entre las jaras y poemas que sólo podían leerse cuando el viento soplaba fuerte.
Los mayores decían que aquello no era normal.
Los poetas, en cambio, sonreían en silencio.
Entonces aparecieron las orquídeas.
Primero lejos del muro, cerca de los acantilados del cañón del río; ese río milenario que allí toma el nombre de Cacín y que, en otros tiempos, tuvo otros nombres de los cuales aún quedaba en la memoria el de Algar.
Después fueron naciendo en muchos rincones del bosque de pinos que rodea el pantano.
Al principio eran pocas, pequeñas y silenciosas, escondidas entre la hierba húmeda. Luego llegaron más.
Blancas, violetas, amarillas.
Diminutas unas. Extrañas otras.
Como si cada flor hubiese aprendido una manera distinta de nombrar la belleza.
El maestro del pueblo, aficionado a la botánica y enamorado de las orquídeas, llevaba años estudiando las flores silvestres que crecían junto al pantano.
Las observó durante horas, días, meses, años.
Se agachaba junto a ellas como quien escucha un secreto.
Una tarde, en una excursión con sus alumnos, se detuvo junto al sendero y señaló una pequeña flor escondida entre la hierba húmeda.
Las orquídeas no crecen en cualquier lugar —comentó mirando a los niños con esa ternura de quien todavía es capaz de soñar despierto.
Los niños se acercaron despacio, como si hablar demasiado fuerte pudiera marchitarla.
Entonces el anciano profesor les explicó que aquellas flores eran bioindicadoras. Una palabra difícil para decir algo sencillo —dijo—: las orquídeas florecen donde la vida todavía conserva el equilibrio.
Donde el suelo sigue lleno de pequeños organismos invisibles.
Donde la humedad mantiene sus antiguos ritmos.
Donde el bosque todavía respira sin miedo.
Los niños escuchaban con asombro y curiosidad, pero en silencio.
Y uno de ellos preguntó:
¿Entonces el bosque está sano?
El maestro sonrió.
Tan sano como las personas que lo cuidan.
La frase quedó suspendida entre los árboles, mezclada con el rumor del agua.
Porque todos intuyeron algo aquella tarde: que las orquídeas no estaban allí por casualidad.
Que el bosque florecía porque todavía existía gente capaz de enseñar a los niños que la belleza no sirve para hacerse rico… pero sí para salvar lugares.
Y quizá también personas.
Desde entonces, cuando alguien encontraba una orquídea entre la hierba, no la arrancaba.
La observaba unos segundos en silencio.
Como quien descubre que la naturaleza también escribe poemas.
Sólo que los escribe con flores.
Por eso seguían creciendo tantas orquídeas en los bosques de Los Bermejales.
Porque las orquídeas son flores delicadas y exigentes, capaces de desaparecer cuando el bosque olvida cómo respirar.
Desaparecen cuando el suelo enferma.
Cuando el agua pierde su memoria.
Cuando el murmullo del mundo termina rompiendo algo invisible.
Hoy aquel lugar lleva el nombre de bosque de las orquídeas.
Pero nuestra historia continúa.
Muchos años después —o quizá sólo una tarde distinta— llegó al pueblo un anciano con sombrero de paja y una libreta llena de hojas sueltas. Se sentó frente al pantano y explicó el misterio:
Los bosques escuchan todo lo que los hombres olvidan. Y cuando un lugar necesita salvarse del silencio… las palabras vuelven convertidas en árboles.
Y ocurrió que, primero los niños y después, uno a uno, los vecinos del poblado comenzaron a llevar un papel doblado en el bolsillo.
Nadie hablaba de ello. Era un gesto secreto, casi vergonzoso.
Al caer la tarde caminaban hasta el campo y dejaban sus papeles dispersos como pequeñas ofrendas: en el tronco seco de un pino muerto, entre las grietas de una corteza antigua, sobre una piedra tibia junto a las flores silvestres, colgados de una rama que el viento hacía crujir suavemente.
Algunos escribían versos torpes y hermosos. Otros apenas se atrevían a dejar una sola frase, una confesión mínima, un deseo, un nombre que nunca pronunciaban en voz alta.
Hubo quien no escribió más que unas pocas palabras, temblorosas y desnudas, como si bastaran para salvarlo de algo:“Quiero que este lugar nunca se quede solo”.
Una mujer colgó un poema dedicado a su madre.
Un pescador escribió el sonido del agua cuando amanece.
Los escolares enterraron cartas con deseos para el futuro.
Y los músicos tocaron tan despacio que hasta los pinos parecían inclinarse para escuchar.
Y aunque nadie lo notó aquel día, algo comenzó a cambiar.
El poblado entero empezó a hablarle al silencio.
Poco a poco ocurrió el milagro.
Los árboles crecieron más verdes.
Los senderos volvieron a llenarse de pasos.
Las casas abandonadas encendieron luces.
Y el viento, por primera vez en muchos años, dejó de pasar de largo.
Porque había encontrado un lugar donde quedarse.
Y dicen que, cuando alguien llega a Los Bermejales y pregunta dónde está el bosque, los vecinos responden:
¿El de los árboles, el de las orquídeas o el de las palabras?
Y entonces sonríen, porque ya saben que son el mismo.
Dicen también que quien aprende a cuidar un bosque termina descubriendo algo más importante:
Que la tierra y el alma se parecen.
Ambas se agrietan con el ruido.
Ambas enferman con el olvido.
Y ambas vuelven a florecer cuando alguien las escucha con amor y paciencia.
Porque hay lugares que sólo sobreviven gracias a quienes todavía saben mirar despacio.
Y hay personas que pasan toda la vida buscando un bosque donde poder quedarse en silencio.
A veces, cuando cae la tarde y el viento baja desde la sierra, todavía puede verse algún papel doblado entre las raíces de los pinos, o en una corteza vieja; incluso, alguna vez, alguien ha visto un papel sobre el agua con forma de barquito, con un poema escrito.
Nadie sabe quién los dejó allí.
Tal vez un niño. Tal vez un anciano. Tal vez alguien que necesitaba ser escuchado.
El viento mueve apenas las ramas.
Muy cerca, entre la hierba húmeda, una pequeña orquídea tiembla sin romperse.
Y el bosque guarda silencio.
Como si estuviera leyendo.
Un día para recordar en imágenes; 10 de mayo de 2026

















































Algunos de los que plantaron su árbol y su poema








Para dar a conocer y saborear







Vídeo completo del acto