La XIII Velada de los Romances; un canto alhameño

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Los asistentes recibieron un pin con la bandera de Alhama y un vale para canjear por el libro que no pudo estar disponible en esa noche, y que podrán retirar en el ayuntamiento a lo largo del mes de agosto
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 La temperatura suave, la brisa agradable, y el ambiente acogedor, en una noche que fue desgranando alhameñismo conforme nos adentrábamos en la Velada. El título escogido para esta ocasión no pudo ser más acertado; "Un camino por nuestra tierra". Un camino en el confluyen historia, leyendas, coplas y sentimientos, durante las dos horas en las que se volvieron a congregar, bajo el siempre antiguo y siempre nuevo, en el descrubrimiento y recuperación de nuestra historia, el entorno de la plaza de los presos, plaza mayor durante siglos, y plaza entrañable por su simbología y representación de cruce de culturas.

 El presidente del Patronato, Andrés García Maldonado, recibe al  invitado de honor, Ignacio F. Benítez Ortuzar

 Las piedras centenarias, testigos del tiempo, volvieron a hacer que nos reencontráramos con nuestro pasado, aportándonos más conocimeintos para el futuro. Y así comenzaba la noche, con la presentación de lo que sería esta en la voz del siempre elocuente presidente del Patronato de Estudios Alhameños, Andrés García Maldonado, como avanzadilla de la noche que, tras las palabras de bienvenida, presentó al invitado de honor, Ignacio Benítez Ortuzar, un alhameño ilustre, considerado como uno de los más eficientes y pródigos juristas con el que cuenta nuestra Andalucía y nuestra España, vicepresidente del Patronato y vicerrector de la Universidad de Jaén, y con actividad en cursos y conferencias por diversos países de nuestro entorno y América.

 Ignacio dedicó su intervención a la memoria de su madre, Carmen  Ortuzar Vicario (17/03/1943 – 05/03/2007)

 Con la intervención de Ignacio Benítez comenzaría este auténtico "Camino por nuestra tierra". El inicio de su intervención fue para recordar y dedicarle la noche a la memoria de su madre, Carmen Ortuzar Vicario (17/03/1943 – 05/03/2007), tan presente aún tras su eterna partida. Palabras que emocionaron a Ignacio y a su familia, presente en el acto, así como a todos cuantos la conocimos.

 En la primera fila la familia se Ignacio, seguida de numeroso  público

 Ignacio recordó su infancia por las estrechas callejuelas del barrio árabe, y aportó gran cantidad de datos que ha podido recuperar tras los diversos estudios de investigación que lleva a cabo sobre su querida Alhama. Muchos de estos datos, recientemente descubiertos, despertaron la espectación de los asistentes. Nuestros lectores podrán conocer su intervención íntegra que recogemos más abajo. Una mezcla de historia, recuerdos y sentimientos tratados con la mejor disposición.



Actuación de Rafael Acejo

 Rafael Acejo, recuperó a Miguel de Molina, en una intervención muy  aplaudidad por el público asistente

 Tras la intervención de Ignacio tuvieron lugar las intervenciones de Rafael Acejo, que recuperó en la copla a Miguel de Molina, y cuya historia recuperamos para los lectores, en otro artículo previamente publicado a esta XIII Velada. La copla que relevaría al romance tan arraigado en nuestra tierra. Rafael Acejo interpretó y recogió el favor del público con su intervención.



El "¡Ay de mi Alhama ", en el pueblo

 Silverio Gálvez, el sentimiento del rey moro que perdió Alhama

 Silverio Gálvez inició lo que a partir de ahora pretende formar parte de las siguientes veladas; al igual que hay un invitado de honor, también se invitará a un alhameño a que recite el poema cada año, aportando su sello personal a este romance entroncado en nuesta cultura y nuestra historia.

 La Coral del Centro de Día y La Coral Ciudad de Alhama fueron otros de los componentes de esta entrañable Velada, esperada ya cada verano

 La Teniente de Alcalde y Concejala de Cultura, Sonia Jiménez,  entrega una placa conmemorativa del acto a Ignacio Benítez

 Al finalizar, la representante del Ayuntamiento alhameño, la Teniente de Alcalde y concejala de Cultura, Sonia Jiménez, agradeció una vez más la iniciativa del Patronato de Estudios Alhameños, que tanto contribuye a la difusión de nuestra historia, reafirmando su compromiso de seguir avanzando en estos espacios culturales. Tras su intervención tuvo un detalle para con el invitado, entregádole una placa recuerdo de esta Velada, así como palabras de agradecimiento para las coralaes y cuantos hacen posible el evento, sin olvidar a los empleados municipales y a los medios que nos encargamos de difundirlos.

 El Patronato entregó a Ignacio Benítez una bandera de Alhama


  Bandera de Alhama, que también fu e l pin que se repartió Por su parte el propio Patronato, entregó a Ignacio Benítez una bandera de Alhama, la última que quedaba de las que se confeccionaron en la primera tirada, cuando Alhama la reconoció como su símbolo de indentidad local, ya que precisamente a estos símbolos, escudo y bandera, está dedicada la publicación que se debía haber repartido, pero que por problemas de impresión no pudo estar disponible en esa misma noche, por lo que se repartió el pin de solapa de la bandera de Alhama, y un vale para retirar la publicación del ayuntamiento a lo largo del mes de agosto.



La intervención de Ignacio Benítez Ortuzar

 Intervención del invitado de honor, Ignacio Benítez

Cuando Andrés me propuso, por acuerdo del Patronato de Estudios Alhameños, como invitado de honor en esta “velada” sobre Alhama y los romances, fue una auténtica sorpresa. Es un honor, poder compartir esta noche entre alhameños y alhameñas de nacimiento o de adopción, un momento que me llena de emoción, pero que sinceramente creo que no merezco y no sé si sabré estar a la altura del acontecimiento. Por ello, lo primero que quiero hacer, si me lo permitid, es dedicar este momento -para mí histórico- a la persona que me trasladó el amor por Alhama y lo alhameño, con sus defectos y con sus virtudes, que es mi madre, Carmen Ortúzar, que estoy seguro que desde la eternidad está aquí con nosotros.

Unas breves palabras para abrir esta ”XIII velada: Alhama, ciudad de los romances” dedicada a los “Caminos de nuestra tierra”, o lo que es lo mismo, a los “Caminos de la Comarca de Alhama”. Un número, el 13, que no me es extraño en Alhama, pues este siempre fue el número de teléfono del “Bar Andaluz”, el negocio familiar donde me crié y en el que he aprendí a vivir.

En primer lugar tengo que referirme brevemente al lugar en el que nos encontramos, una plaza llena de recuerdos de mi niñez y a la vuelvo en la intimidad cada vez que estoy en Alhama, en la que se respira la esencia de Alhama. En este marco incomparable de la Plaza de los Presos (en otro momento “Plaza Real”), en esta plaza que ha sido testigo mudo de tantos y tantos episodios sucedidos en esta tierra, muchos de ellos amargos acontecimientos, pero que todos ellos conforman la idiosincrasia de un pueblo. Podríamos decir de ella simplemente que… ahí está… viendo pasar el tiempo, como la “puerta de Alcalá”….; marcando el paso de la historia de Alhama. Centro neurálgico del paso de la Alhama musulmana a la Alhama mediaval, y puerta de entrada a la Alhama contemporánea. Al pie de la torre de la Iglesia de la Encarnación, mandada construir sobre una antigua mezquita por Isabel la Católica. Lugar en el que me asaltan los recuerdos de mi niñez, de mi época de monaguillo, que como tantos y tantos niños de mi edad, también lo fui. Las subidas al campanario por esas empinadas escaleras de caracol, con sus impresionantes vistas y sus increíbles leyendas, como la del “badajo” de una campana condenado a cadena perpetua por desprenderse cuando un labrador realizaba la obligada parada de abrevadero en el pilar que aquí se encontraba. Subida, que sin ninguna duda, debía ser de obligado cumplimiento en toda visita a Alhama, como por ejemplo –lo es- la subida al Campanile de mi querida ciudad de Florencia en Italia. Sin embargo, hoy, desgraciadamente Alhama sigue siendo el lugar de las puertas cerradas. Aforfunadamente, sus calles y su paisaje conforman un museo natural para deleite del visitante al que no se le pueden poner puertas.

En segundo lugar, en relación al motivo que nos reúne aquí, la celebración de la XIII edición de la velada “Alhama, ciudad de los Romances”. Una velada ideada, como tantas otras cosas, por mi querido amigo Andrés, y que se ha consolidado como una cita de obligado cumplimiento en el verano jameño, en la que, en torno al romance del “ay de mi Alhama”, se han ido relatando los avatares históricos del momento. Curiosamente, un romance anónimo, escrito desde el sentimiento del perdedor es el que ha atraído hacia Alhama a lo largo de los últimos cinco siglos a escritores, historiadores, hispanistas y viajeros románticos que, desde los más variados países, se acercaron a la península ibérica. Poco más puedo aportar yo a lo mucho y bueno que se ha escrito sobre el mismo en los últimos cinco siglos y a lo magistralmente expuesto en este escenario en los últimos doce años por quienes me han precedido. Pero buscando siempre se encuentra algo que, sin ser repetitivo, permita darle un toque de originalidad al motivo al que se dedica esta edición de la velada. A la, últimamente maltratada, “Comarca de Alhama”, sus caminos y su entorno, porque Alhama no puede ser aprehendida en su integridad sin la comarca a la que históricamente da nombre, de igual modo, ese conjunto de pueblos que conforman la Comarca no pueden concebirse sin Alhama. Qué duda cabe, que cuando se le reprochaba al rey moro la pérdida de Alhama, se le reprochaba mucho más que la pérdida de un puñado de calles y plazas, por bellas que estas fueran, sino que se reprochaba la pérdida de un territorio a caballo entre Málaga y Granada que finalmente derivaría en el ocaso del Reino de Granada. “Por eso mereces buen rey, una pena muy doblada: que te pierdas tú y tu reino y que se acabe granada”.

La historia tiene la triste costumbre de repetirse, sin programar y cuando existe una relajación excesiva, tal vez como en otro orden de cosas, viene sucediendo en los últimos años, permitiendo la confusión de un territorio histórico con un territorio ficticio con nombre de viento costero que poco o nada identifica a esta tierra. Eso es lo que se le reprocha al “Rey moro”, haber dejado perder una pieza como Alhama. Resulta curioso que con el romance sobre la “perdida de Alhama”, el momento adquiere relevancia histórica desde la perspectiva del “derrotado”, lo cual no es normal. Historiadores han tratado de imbricar de alguna u otra forma al papel de la Reina Isabel en el empeño de conquistar Alhama, tal vez sea así, la historia siempre la escriben los vencedores, por eso hay que interpretarla, sin embargo, en este caso, gracias al sentimiento de la derrota nosotros tenemos la enorme fortuna de poder sentir de verdad en esos versos la autentica entidad de lo perdido. Eso implica una responsabilidad enorme, cara al futuro, pues el presente siempre es efímero, Mañana esta noche ya formará parte del pasado.

Uniendo, por tanto, el sentido de esta velada y el carácter que este año se le ha dado, dedicándola a los caminos que surcan estas tierras, esas que lindan con la Axarquía malagueña y la vecina comarca de Loja, y se pierde en el temple granadino, como realidad histórica, sociológica y cultural, con marca propia para su desarrollo turístico, voy a hacer un breve resumen de una obra en la que llevo un tiempo trabajando y que, emulando a lo que a mediados del siglo XX hiciera D. Inocente García Carrillo al describir la visita a Alhama de Teofhilo Gautier, llamado “Alhama vista por un extranjero”, pudiéramos llamar “Alhama vista por un Catalán”, ahora que también se cumple 125 años del terremoto de la Navidad de 1884:

Por casualidad hace unos meses llegaron a mis manos unos escritos de un viaje por esta comarca relatando el viaje de dos catalanes que durante dos semanas de la primavera de 1886 hicieran por estas tierras, con el objetivo inicial de comprobar directamente el estado de las obras del barrio de Cataluña de Jatar que se estaba construyendo con la solidaridad de la prensa de Barcelona.

El viaje, como el del Rey moro que tuviera conocimiento de la pérdida de Alhama, parte desde el tristemente desaparecido Café Suizo de Granada, muy cerca del Zacatín, camino que tomara el rey moro para subir a la Alhambra. Y al igual que éste, con otra dirección, también cogiera el caballo para emprender su viaje. En el Suizo encuentra a un amigo y, con “frasco” el guía, emprenden camino hacia nuestra comarca, como no podía ser de otra manera, por La Malaha, donde hace la primera noche. Como los viajeros románticos de principio del siglo XIX en su cuaderno de viaje va redactando todas sus vivencias y aventuras, desde su encuentro con los temidos “bandoleros” de la época, “Melgares y “el Bizco del Borge”, a los que la prensa los situaban en Orán, hasta las más variadas impresiones de la tierra que le ve pasar. Su viaje podía haberse limitado a Jatar, pero, atraído por el Romance sobre la “Pérdida de Alhama”, realiza un recorrido prácticamente por toda la Comarca. Dos semanas de la Primavera de 1886 que probablemente constituyan el relato más completo que se conozca por los caminos de esta tierra:

Salen el 17 de marzo, haciendo su primera noche en La Malaha, donde se están celebrando las fiestas patronales en agradecimiento por haberse librado de los terremotos de 1884 y de la cólera del verano pasado. Va describiendo minuciosamente su recorrido, por Escuzar, la Venta del Fraile, Ventas de Huelma, Agrón (reconstruida por las poblaciones mineras de Linares), hasta llegar a Arenas del Rey, donde describe el desolador paisaje existente a un lado del rio y el estado de las obras de construcción del nuevo pueblo por la Comisaría Regia y el Fomento de Barcelona. Llegando así, a su destino inicial: Jatar. En Jatar pasan varias jornadas, aprovechando para viajar por la sierra Tejeda, visitando el quejigo centenario, los nacimientos del Potril, la Cruz de los Infantes o el barranco de Valdeinfierno, lugar que recuerda a los excursionistas asuntos de la “Divina Comedia” de Dante: “todo allí es “belleza, frescura y poesía”, “aquello es una maravilla que no puede concebir la mente más soñadora”. Allí comprendió que se encontraba en el paraje en el que un año antes había estado el Geólogo Dr. Taramelli, rector de la Universidad Italiana de Pavia, acompañado del alhameño catedrático de Medicina de la Universidad de Granada, Dr. Rafael Branchat, y le llevara a publicar en Roma su obra “Viaggio nelle regioni della Spagna colpite degli ultimi terremoti”, donde describe ese inmenso museo arqueológico. En otra jornada, de la mano de “Frasco Martín”, su inseparable guía, suben hasta un lugar donde se sorprenden al divisar el “azul del Mediterraneo” hastas las “cenicientas montañas de la vecina África”, donde afirma: “nunca espectáculo más hermoso se ha ofrecido a los ojos del hombre”.

Ahí pensaban concluido su viaje cogiendo camino de vuelta en dirección a Alhama, atraído por el Romance del Rey Moro que nos reúne en esta velada. Cual fue su sorpresa, que prolongaron su estancia otra semana. Tras su salida de Jatar llega al rio Marchan, creyéndose encontrarse en “las orillas del Jordán” “presenciando algunos de aquellos santos pasajes de la Escritura Sagrada”. Entrando a Alhama por el camino de los Ángeles, donde describe la “ermita abierta en la misma roca”, del mismo nombre, encontrando de forma inmediata otra ermita, llamada de “nuestra señora de la Peña”. Allí relata la leyenda del salto del caballo y señala que se encuentra enterrado el “General de Marina Sr, Hoyos, fallecido en el balneario de Alhama”. Muestra sorprendido la existencia de “numerosas cruces de piedra e un metro de altura a lo largo del camino” hasta Alhama, a lo que el guía le dice que es en recuerdo de los franceses, que “entraron a degüello matando a hombres mujeres y niños, y donde murió uno se puso después una cruz”.

Llegan a Alhama por la calle Enciso, encontrando las ruinas del convento de San Diego, hospedándose en una pensión al pié de la vieja muralla, cuyos balcones tenían vistas al “Egido”, donde señala estaba el “Café de la rata”, primero que hubo en la antigua ciudad de Alhama. Describe una ciudad enclavada en un montañoso y pintoresco paisaje, cabeza de partido judicial con un censo de entre nueve y diez mil habitantes, con una importante producción en trigo de primera calidad, cebada, garbanzos, bellotas, lanas, quesos y una gran producción de aceite. Sorprende una fuerte actividad industrial, con los molinos harineros y de aceite, alfarerías, fábricas de chocolate y salchichón, poco vino y excelente vinagre y aguardiente, y fábricas de curtidos de piel de cabra, encontrando en su rio en abundancia riquísimas truchas. Consta de un bello teatro, cafés y casinos.

Quedáronse una semana en Alhama, recorriendo y describiendo paso a paso cada una de sus calles y monumentos, y –como no- los afamados baños de Alhama, sorprendido –entre otras cosas- “de su excelente y confortable fonda y cómoda hospedería para los enfermos pobres”.

De inicio describe un bello teatro de planta donde encuentran algunos telones pintados por Muriel, pintor que fue de cámara de Isabel II, describiéndolos como una “verdadera obra artística”. Señalando como “el viajero que visite Alhama tiene mucho que estudiar en sus antiguos monumentos” –hoy muchos de ellos desaparecidos-. Restos prehistóricos correspondientes a la edad de piedra; de Roma aún se conservaban “preciosos vestigios de su acueducto”, lamentándose de su destrucción pocos años antes para –con su piedra- cimentar las obras de su nuevo ayuntamiento, sus algibes, la vía romana que unía con el llano de Zafarraya, lápidas, monedas y otros objetos; De la época gótica señala la fuente llamada “caño Wamba”, señalando que “corre de boca en boca allí una curiosa tradición que envuelve la fábula de que este rey godo era hijo de Alhama”; de los árabes señala que “escogieron esta hermosa ciudad para levantar en ella sus mezquitas y sus serrallos”, “por su posición estratégica y sus inexpugnables murallas la llamaban “llave de Granada”, rodeada con una fortísima muralla con dos puertas, llamadas de Granada y de Málaga. De la época de la reconquista detalla los acontecimientos que dieron lugar al romance que hoy nos trae aquí, hasta el otorgamiento por los Reyes Católicos del reconocimiento del título de “muy noble y leal ciudad de Alhama”. Posteriormente, también hace referencia a los acontecimientos sucedidos en Alhama con la invasión francesa y la figura del fraile Carmelita, el Padre Muñoz, con su grito desde el balcón de su celda: “¡Hijos míos!, a ellos que son pocos, y la represalia posterior, a “degüello”.

Después comienzan un recorrido por las calles de Alhama: La calle del Fuerte, de San Matias, de la Cruz, de Guillén, del Agua, del Agüilla, de Enciso, del Callejón, Bermejas y los Albaizines, las más azotadas por los terremotos de 1884, en el llamado “barrio de Baena”. De la calle de las Peñas al paseo del Carmen, hasta la casa-Ayuntamiento, visitando el archivo municipal de la ciudad, calificándolo como “modelo de archivo, por su excelente organización”. En la Iglesia del Carmen, se deshace en elogios, especialmente al contemplar el “Camarín de la Virgen del Carmen”. A quince metros, mirando al Tajo, “la cruz de los ahorcados”, continúa por la calle Llana adelante hasta el sitio denominado Adarve, en la que se “haya la iglesia de Nuestra señora de las Angustias, Patrona de Alhama”, visitando en ella la dependencia llamada “la farolera”, porque ella guarda “infinidad de faroles y farolas de gran tamaño y extraordinario número de luces, que sacan exclusivamente para el rosario público en la noche de todos los santos”.

Al día siguiente, continúa su visita, primero en la casa-cuna y el antiguo hospital, las “hermosas casas de Arroyo, Navas, Pacheco e Padilla y otros edificios no menos importantes por su antigüedad y por los blasones que ostentan”, el Corralazo de Santa Catalina, la Escuela de Cristo y restos de antiguas iglesias, hasta la “era del Fandanguero”, desde donde puede observarse a “una profundidad inmensa el rio Marchan”, bajando por unas escalerillas picadas en la piedra a “una antigua mazmorra árabe”, usada por los alhameños para criar cerdos, pero donde le comentaron que había “una mina o comunicación subterránea” que comunicaba el castillo con el rio”. Desde allí, paseando por el “camino de las monjas”, llega a la fuente de la Teja, “notable por la abundancia y frescura de sus aguas potables”.

Así, llegan hasta el Castillo, de donde parte hasta la antigua plaza de la ciudad (esta Plaza de los Presos), de la que dice “donde hoy se encuentra la Cárcel del Partido, en cuyos muros se ostentan dos escudos, uno de Alhama y otro hermosísimo de los Reyes Católicos”, no lejos de la misma la calle de “Los moros” y el Pósito de Alhama, en los bajos de cuyo edificio “vimos también el antiguo tablado y la horca que sirvió en remotos tiempos para las ejecuciones de justicia”. Salieron del pósito camino de la Iglesia Parroquial de la Encarnación, donde se sorprendieron al ver una “artística portada, de estilo gótico con algunas líneas bizantinas y reminiscencias árabes de una casa antigua en perfecto estado de conservación”. Subieron una ancha escalinata de piedra, hasta la Casa rectoral de Alhama, desde donde entraron al templo gótico, en el que –entre otros piadosos objetos- vieron “el cráneo auténtico de Santa Dorotea”, el Cristo sin cara de Alonso Cano, otros frescos de Muriel, parte de objetos que conforman el actual (siempre cerrado) museo parroquial, entre ellos la riquísima indumentaria, cuyos bordados se atribuían a las manos de la reina Isabel y de sus nobles camaristas. Salieron por la “Puerta el sol”,viendo que su hermosa portada gótica, original, está cubierta por otra de grandes columnas, costeada por los beneficiarios de aquella iglesia a principios de siglo, y según datos allí adquiridos, por los ascendientes de los canteros de esta población, de apellido Ortuzar, sobrinos de un hoy célebre obispo de la China”. En este lugar, no pudieron resistir la tentación de visitar la torre, “por la ancha escalera de caracol, de piedra perfectamente tallada, llegando a las hermosas habitaciones de los campaneros y después al soberbio campanario”. “A nuestros pies se extiende la histórica ciudad, rodeada de montes encumbrados y de fértiles campiñas”.

Al día siguiente, por el Paseo del Carmen y el lugar llamado “La Carrera” cogen camino de las famosas termas, las cuales las describe a la perfección, volviendo por el viejo camino de los baños, llegan a las puertas del “hundido cementerio”, a pocos metros de unos humildes caseríos, llamados los “cortijillos”, donde se encuentra una pequeña barriada que “incendieron y destruyeron los franceses a principios de siglo”, frente a la “Ermita de los Remedios”, donde “todos los gitanos de Alhama ”celebraron una fiesta en honor a la Virgen de los Remedios, al día siguiente del terremoto, por comprobar que todos ellos resultaron ilesos, según recogieron de boca del mismo Frascuchi, “patriarca de su gente e intérprete del caló”, celebrado con abundante “vino de la Costa de a doce el jarro”.

Antes de despedirse de Alhama, animados por Frasco el guía, decidieron dar un paseo por la hermosura y feracidad de las campiñas vecinas. Visitan las obras del barrio del imparcial y de la comisaría Regia, para después por el Camino de la Aurora, donde se encontraba la iglesia del mismo nombre, subiendo por una pendiente ferocísima dejando a un lado el tejar, llegan a la “cruz del Hachuelo”, lugar donde encendieron el Hachón que sirvió de señal de avance la noche de la toda de Alhama a los guerreros cristianos acampados en el valle de Dona. Allí continuando por una vía ancha, “cuya antigüedad se pierde indudablemente en la noche de los tiempos”, tras tomar agua en el pozo de Jurtiga llegan hasta la Torrecilla,desde donde observan la inmensa y feraz llanura” de Zafarraya, donde resalta la blancura de las casas y la faja azul abierta en el boquete, a la vuelta, lo hacen por las Alcaicerías.

Al día siguiente marchan para Granada, visitando a primera hora las Alfarerias, que usaban aún el mismo mecanismo de fabricación que los árabes usaban. Tomaron café en el Casino de la Mosquita y por el puente de Siete Ojos, dejando a un lado otro tejar en el lugar denominado El Vadillo en la confluencia con el camino del baño parten se despiden de Alhama, dejando a un lado Santa Cruz, siguiendo el rio que recoge todas las aguas de Arenas, Jatar y Alhama, llegan a las puertas de Cacín, visitando también el pueblo, siguiendo el camino rememorando el romance del rey moro y la pérdida de Alhama, cruzando las calles de Ventas de Huelma, por los extensos llanos del temple, dejando a la derecha Escúzar, volviendo por la Malahá y Las Gabias hasta Granada.

Esta es nuestra realidad y nuestra historia, la que implica la enorme responsabilidad a los alhameños y alhameñas de velar para que su legado pase a las generaciones venideras. Que Alhama y su Comarca no sea arrasada por un “viento de mar” de apellido “granadino”. Que la humanidad pueda seguir soñando con la Alhama abierta y hermosa, a caballo entre Málaga y Granada, que hiciera a un ciudadano anónimo expresar un sentimiento de tanta intensidad como el que emana del Romance que nos reúne aquí esta noche.

Muchas Gracias

 Ignacio desveló algunos de sus descubrimientos en la recuperación   de nuestra historia




Imágenes de la XIII Velada, el 25 de julio de 2009

 Ignacio recibe el pin de la bandera de Alhama, de manos del  presidente del Patronato
 Intervención del coro del Centro de día
 Intervención de la coral Ciudad de Alhama
 Ambas corales interpretaron conjuntamente el romance del ¡Ay de mi  Alhama!
 El presidente del Patronato entrega un pin de la bandera de Alhama  a la representante del Ayuntamiento en el Acto, Sonia Jiménez
 Palabras de agradecimiento de Sonia Jiménez
 También el Ayuntamiento estuvo representado por Javier Molina  Castañeda y Manuel Naveros Ramos
 Ignacio Benítrez con su familia al final del acto
 Al final se le repartió al público asistente el pin de la bandera  de Alhama y un vale para retirar el libro conmemorativo de esta XIII  Velada, que podrán retirar en el ayuntamiento a lo largo del mes de  agosto de 2009




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