El universo poético de ‘Cántico’ (homenaje a Jorge Guillén)

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El poema ‘Cántico’, expresa el júbilo del poeta ante las formas de la vida. “Todo en el aire es pájaro” afirma el poeta. La hermosura de la vida no se oculta: está ahí, aparente, delante de nosotros. La vida es bella porque es vida: Ser, nada más. Y basta. Es la absoluta dicha.
María Jesús Pérez Ortiz
Filóloga, catedrática y escritora

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 Cada poema de ‘Cántico’ rezuma esa complacencia jubilosa de ser. Poesía de realidades: paisajes, primavera, otoño, invierno, verano, tormenta, nieve, llanura, alamedas; los estados y trances del ser humano, los niños, los amantes, el hombre solo, el despertar, el dormir; los animales, el cisne, los caballos, las abejas; los objetos materiales, la mesa, el sillón…Las cosas cotidianas son “incorruptibles dichas”. Así, siendo tan real, su poesía da la sensación perfecta de ser un mundo purificado, platónico. En el universo de ‘Cántico’, Guillén trata de salvar el instante, el minuto que el poeta vive, del transcurrir del tiempo. En ese minuto la existencia del hombre y de las cosas se sublima. En su universo poético no se explica que exista el caos: “todo es prodigio”. Poesía que nos invita a gritar en esta hora del mundo:¡Realidad, realidad, no me abandones/para mejor soñar el hondo sueño!

 Estos cánticos nos revelan el auge del amor a las cosas, al presente perdurable. Estos poemas acumulan aleluyas. Nos brindan presencias, ánimo, dichas. Nos afirman y hacen que nos aceptemos cuando tanto nos negamos.

 La jubilosa exaltación de la realidad que Jorge Guillén expresa en ‘Cántico’, representa un paso más allá en la biografía espiritual del poeta del siglo XX: el supremo sabio del que hablaba Rimbaud que después de haber descendido hasta la nada, a través de las experiencias de disolución y ruptura, canta ahora el goce del descubrimiento del mundo. Frente a la fragmentación de la realidad y su negación absoluta, ‘Cántico’ representa la salvación de la misma, porque el hombre debe testimoniar “su pertenencia a la tierra”. Por eso su ‘Cántico’ puede ser optimista, pero el de un optimista que sabe. Sabe que existe la nada, la vida monstruosa de las grandes ciudades, del hombre masa; la guerra atómica con sus posibilidades de exterminio. Y, sin embargo, su canto es el de afirmación de una realidad nuevamente restaurada, no en actitud ingenua, sino de suprema conciencia.

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 El poeta está frente a la realidad. Su poesía no logra ocultarnos al hombre de carne y hueso, que ha hecho el descubrimiento del ser y se embriaga en la tentación de agotar sus esencias. Y de esa tentación brota el ‘Cántico’, de un sentir español que estremece sangre, carne, hueso y espíritu, desde la tierra hasta la trascendencia, en una realidad total.

 La ventana de ‘Cántico’, aparece revestida de todos los mágicos poderes que acompañan habitualmente en la poesía contemporánea. Ni la torre de marfil, ni el palacio de cristal, sólo una ventana basta para descubrir las esencias: “Mi defensa es el cristal/ de una ventana que adoro”. Frente a la confusión, frente al tumulto, exclama el poeta:”Sálveme de la ventana: mi retiro”. Por la ventana entra todos los días la tranquilizadora luz de la mañana, después de las angustias de la noche; tal vez por eso, sólo a través de ella el poeta se decide a aceptar la invasión moderada y paulatina de la nueva realidad perturbadora.

 También en ‘Cántico’, el ser, en su luminosa existencia aparece rodeado de amenazas:”¡Hermosura delicada/junto al filo de la nada!” La nada es, evidentemente su enemigo principal; el caos, la noche y las sombras. Pero el ser vence a lo largo del ‘Cántico’: con los objetos que surgen al despertar del hombre, con el tiempo del día sobre la noche, con la derrota del dolor físico, con la nieve que alumbra y arde frente a las sombras.

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 A pesar de la presencia del tiempo, en ‘Cántico’ Guillén aspira a detener su fluir constante. El tiempo en ‘Cántico’ es presente o es eternidad contemplada a través de múltiples motivos: perfección de la rosa, plenitud de mayo, triunfo de la música, vejez de los árboles, aire que condensa lo pasado, olor antiguo de la tierra. El tiempo detenido, que es la aspiración de ‘Cántico’, se vive en la tensión de la música, del amor, o en la contemplación del azul. Sin embargo, el fluir se impone, a través de la sangre, de la conciencia, del mundo exterior. Pero ni aun entonces el poeta se somete: “Tanto presente, de verdad, no pasa. / Feliz el río, que pasando queda”. O también, “el agua corre al mar y queda el río”.

 A lo largo de ´Cántico´, cuando el poeta se ve obligado a aceptar el tránsito, despliega pacientemente sus defensas: cargar de contenido la vida, gozar con lentitud los instantes.

 En síntesis, ´Cántico’ se ajusta, frente a lo temporal, a la sentencia de Höderlin, comentada por Heidegger: “Mas lo permanente es fundación de los poetas”.



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