Merceditas

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Se llama Merceditas. Es la hija de Frasco y de Teresa. Solo tiene once años y hoy ya no va a la escuela. Camina calle arriba con un cesto en la mano y un niñito rechoncho en la cadera.

Merceditas

Dos largas trenzas negras
que bajan indolentes por su espalda.
Una eterna sonrisa
que ilumina su cara angelical.
Y dos enormes ojos
bajo su amplia frente,
azules como el cielo y como el mar.

Se llama Merceditas.
Es la hija de Frasco y de Teresa.
Solo tiene once años
y hoy ya no va a la escuela.
Camina calle arriba
con un cesto en la mano
y un niñito rechoncho en la cadera.

Hace unos días que Frasco
habló con don Francisco en la taberna:
que si una boca menos,
que si unos duros más,
que ya es una mozuela…
Y Merceditas salió de su casa
y fue con don Francisco de niñera.

En una caja de lata
guardó su vieja muñeca.
Y en algún rincón del alma
guardó sus ilusiones más secretas.

Ya no salta a la comba
ni juega a la rayuela.
No corre por las calles
ni va con otras niñas a la escuela.
Ahora lava pañales en el río,
ahora sirve a señores con dinero,
ahora barre y friega.

Gana con su trabajo
un mísero salario
que ella nunca verá.
Se hizo mujer de golpe.
Y golpe a golpe hubo de madurar.

Y con sus once años,
y con sus ojos grandes,
y con sus largas trenzas,
Merceditas guardó sus ilusiones
y, en la caja de lata, su muñeca.

Santa Cruz, enero 2020
Luis Hinojosa D.


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