Un pregón en las ferias de Alhama

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 La historia de los “Pregones” de las Ferias y Fiestas de Alhama puede afirmarse que es larga y diversa. Creo que su comienzo propiamente dicho se debe a mi querido amigo Antonio Pastor Fernández quien, como teniente-alcalde presidente de la Comisión de Fiestas, encomendaba que escribiese un “Pregón de Fiestas” a mí también entrañable amigo y profesor Manuel Vinuesa Jiménez del Barco, para la Feria de Septiembre de 1966, así comenzaban estas proclamaciones, primero abriendo el programa que se ya se editaba con ocasión de las ferias y, al año siguiente, también con su lectura desde el balcón central del ayuntamiento.

 Durante algunos años se hizo así, después sólo venía a ser la introducción de la publicación que, por cierto, era muy esperada por las colaboraciones con las que contaba, todas sobre cuestiones y temas alhameños, además de la relación de actividades propias de los días de feria, hemos sido muchos los que hemos publicado nuestro primer artículo en estos programas.

 También tengo entendido que, en algún otro momento concreto posterior, se llegó a dar lectura pública al pregón. Fue, precisamente un sobrino de quien escribió aquel magnífico primer “Pregón de las Fiestas”, nuestro apreciado Benito Vinuesa quien, siendo teniente-alcalde de Fiestas, hace unos años, instituyó, con gran acierto y brillantez, el que se pronunciase el “Pregón de la Feria” en la misma Caseta Oficial, el primer día de feria.

 Sería muy interesante volver a recuperar del modo más adecuado esta tradición, la que me ha venido a la memoria no tan sólo por la conversación que acabo de tener con el incansable y constante, además de excelente y buen amigo, Juan Cabezas -que a sus expensas hace posible este medio de comunicación que a tantos alhameños nos une con el vivir e inquietudes de cada día de toda Alhama y su Comarca-, también porque estoy revisando las pruebas de mi próximo libro, “Pregones”, el que estaba previsto que viese la luz hace unos meses, con motivo del ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de Málaga, pero que he ido retrasando por unas y otras tareas y compromisos.

 Este libro, una selección de los ciento y pico pregones que he tenido el honor de escribir y pronunciar a lo largo de mi vida por los más diversos lugares y poblaciones, comenzando por nuestro querido pueblo, precisamente lleva como primero de los pronunciados el “Pregón de Fiestas de Alhama”, con subtítulo “Alhama de Granada, septiembre de 1967”.

 Concretamente la referencia que el programa de fiestas, donde también se publicaba, hacía de ello dice lo siguiente, encajándolo en el día 7 de septiembre, víspera del inicio de la Feria que puntualmente comenzaba al día siguiente cada año, desde que el insigne alcalde alhameño don Francisco de Toledo, en 1846, la trasladó de los últimos días de septiembre y primeros de octubre: “Día 7.- A las ocho treinta de la tarde: Desfile de carrozas, con participación de gigantes y cabezudos, acompañado por la Banda de Música local, que recorrerá las principales calles de la Ciudad y terminará frente al Excmo. Ayuntamiento en cuyo balcón central se dará lectura al Pregón de Fiestas, por su autor, Andrés García Maldonado”.

 Recuerdo, como se observará por el texto del mismo, que en aquella ocasión, tras haber escrito uno anteriormente, sabiendo que iba a ser el primero que iba a ser pronunciado en público, tras que en otros años se hablase de ello pero no se llevase a cabo, me llevó tiempo prepararlo “rebuscando” expresiones que entendía –diecinueve años y en aquella época- las adecuadas a la usanza de lo que se pretendía que fuesen estas exaltaciones, un canto a la tierra donde tenía lugar la feria o fiestas. Y siendo sincero, si en escribirlo tardé, con tantos cambios de palabras y frases enteras, más veces lo leí y releí hasta que creo que llegue a memorizarlo.

 La verdad es que resultó bien su pronunciación, aunque jamás se me olvidará lo nervioso que estaba, a pesar de que ya tenía alguna experiencia tras la oportunidad de varias intervenciones públicas alhameñas en los dos años anteriores. Creo que por estas intervenciones y haber ganado el año anterior el Certamen Literario, además de por mi gran amistad con el alcalde, Pepe Gómez Pérez, siempre querido e igualmente inolvidable, como con Antonio Pastor, fue por lo que tuve el honor de ser designado “Pregonero” propiamente dicho de nuestra querida Feria de Septiembre, lo que supuso para mí una excelente experiencia que se ha ido extendiendo hasta nuestros días. Y la que, especialmente cuando llegan estos días de septiembre, me viene, más que a la mente, al mismísimo corazón con la mayor emoción y, sobre todo, recordando a tantos y tantos alhameños de todos aquellos años, especialmente a mis tantos e inigualables amigos y compañeros de inquietudes e ilusiones de aquellos años de la juventud.

 El pregón, en concreto, escrito en agosto de 1967 (a quien ha llegado hasta aquí en la lectura de estas líneas, ruego que no olvide ni el año que se indica, ni el estilo propio que era característico de estas exaltaciones), en Málaga, donde ya pertenecía a la plantilla del histórico diario “Sol de España”, fue textualmente el siguiente:

     
   PREGÓN DE FIESTAS DE ALHAMA

Alhama de Granada, septiembre de 1967

b_580_900_16777215_10_images_stories_noticias_2014_puerta_ayuntamiento.jpg ¡Alhama! Ciudad franca y noble, que se asienta en una colina, como queriendo ponerse de puntillas para ver más de cerca los encantos de los cielos.

 ¡Alhama! Ciudad sembrada de empinados edificios a guisa de antenas para recoger los ecos y latidos del alma nacional e incorporarlos instantáneamente a su resurgimiento, y que tiende con gracia su chal verde desde un extremo a otro de su contorno geográfico.

 ¡Alhama! Ciudad blanquecida y risueña, de auroras nacaradas que parecen desprenderse de sus viejos e históricos altares, donde yacen recuerdos y leyendas de todas las épocas; de sol centelleante como las pupilas de las alhameñas cuando la pasión las arranca de su honesto y piadoso continente; de maravillosos crepúsculos bermejos que dan matices áureo rojizos a sus alardes vetustos, a su campanario enhiesto y a sus antiguas casonas ancladas por todos los rincones de lo que fue villa mahometana.

 ¡Alhama! Ciudad poética de ambiente medieval en el sector izquierdo trazado por el eje de las callejuelas que desembocan a uno y otro lado de nuestro imperturbable castillo, donde se asientan las plazuelas como decoración para el sueño, las callejas solitarias y torcidas, los rincones melancólicos y románticos que a cada instante evocan la memoria de árabes caballerescos y de moras enamoradas y donde diríase que duermen los ecos eternos inconfundibles de serenatas de guzlas y laúdes, y del choque vibrante de espadas y cimitarras.

 ¡Alhama! Tierra de mi ser, pueblo leal y generoso, de mujeres recatadas que ríen con los ojos e incendian con la sonrisa, gozando de gracia salpimentada para triunfar en dares y tomares, y lances de amores y discreteos. En fin, esta Alhama tan buena y abnegada en algunas ocasiones, una vez más, se entrega con plenitud y sin regateo de sacrificio a dar inusitado esplendor a su ya tradicionalísima feria y fiestas septembrinas.

 Son estas fiestas como el broche de oro de una época de trabajo fecundo y afanoso, el de la recolección. Es el pueblo entero el que se entrega totalmente –como queriendo despedir oficialmente a la época del estío y agradecer, a su vez, a la Madre Naturaleza los frutos recogidos de su seno durante este periodo-, al júbilo ferial haciendo que éste se extienda hasta los más apartados y ocultos rincones de nuestra comarca, constituyendo de este modo un gozo no sólo local sino también comarcal.

 
     

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