Carta abierta a Mariano José de Larra

 

 Maestro: No sé si en el lugar que habita, que no es el del olvido, llegarán noticias de esta España nuestra de nuestros pesares, que ya en su tiempo era “Este país” y lo sigue siendo.

 Por si no le llegan tengo a bien dirigirme a usted con el afecto con que el más humilde e indigno de los alumnos se dirige al maestro para darle razonable conocimiento de cuanto aquí sucede en este tiempo, 178 años después de aquel en el que decidió exiliarse sin posibilidad de retorno. Me temo que las nuevas no lo sean, sino que siguen siendo casi como cuando “El pobrecito hablador” intentaba despertar las conciencias de los españoles adormecidos y sesteantes. Pues sepa maestro que el gobierno, igual que en su tiempo, no ceja en sus desvelos por tenernos protegidos y a salvo, alejados de todo peligro y que, a tal fin ha elaborado una ley que en resumen viene a decir que nos quiere en casa, callados y tranquilos, que es donde mejor se está, que ya dijo Pascal que todos los males de los hombres provienen de no saber estarse en su habitación tranquilos.

 Tanto usted, como yo, don Mariano (de Larra) somos estrictos cumplidores de la ley, que ya lo dejó usted escrito “el hombre ha de ser dócil y sumiso y cuando está, sobre todo en la clase de los súbditos, ¿qué quiere decir esa petulancia de juzgar a los que la gobiernan?” Y, por tanto yo he de quedarme en mi casa tranquilo, sin meterme en política ni andar en críticas a la Corona, que en esto como en su tiempo andamos ahora también. Reconozco que lego como soy en temas de leyes y aún a riesgo de pecar por exceso que por defecto tomaré a partir del uno de julio de este año como norma legal la de su tiempo, que es clara, precisa y no deja lugar a dudas “no permitirán los censores que se inserten en los periódicos: Primero: Artículos que viertan máximas o doctrinas que conspiren a destruir o alterar la religión, el respeto a los derechos y prerrogativas del trono, el Estatuto Real y demás leyes fundamentales de la Monarquía”. No quiero decir, ni digo que las actuales leyes, “Ley mordaza” la llaman, sean tan rigurosas y extremas como aquella que copio de uno de sus artículos; pero si digo que aplicándomela con rigor a la hora de escribir, con toda seguridad he de evitar problemas. Que ya digo que la mucha precaución nunca ha dañado a nadie y, por contra, la ligereza en el hablar y publicar es causa de males de todo tipo.

 Hoy, como en su tiempo anda este país dividido entre quienes lo quieren ver anclado en el pasado, entregado a las más rancias tradiciones y los que buscan otros aires, otras formas de entender la convivencia y saben que aquí cabemos todos, aunque no todos tengan que gustarnos. Hoy, como en su tiempo, anda el público distraído de lo que importa siguiendo las vidas de gentes de mucho relumbrón y escaso caletre, si más mérito que el de correr detrás de un balón (esto es algo que en su tiempo no lo había), un par de pechos más que aparentes y otros méritos igualmente anatómicos. Hoy, como en su tiempo, hay gentes de noble corazón y gente corta de miras, quien piensa en el interés de todos y quien sólo lo hace en sus mezquinas ambiciones. Y no es de esperar que mañana cambien las cosas demasiado en este sentido.

 Y en medio de todo esto don Mariano (Rajoy) que es quien manda anda intentando mejorar la vida de los españoles que ya la tienen muy buena y dejando que los que iban mal empeoren, que en estos, como en todos los tiempos se hacen las leyes para interés de quienes legislan, que casi siempre suele ser muy particular por mucho que lo vistan de interés general.

 En fin don Mariano (de Larra) voy acabando esta mirada mía con el agradecimiento que desde hace muchos años le llevo a quien en años de mi mocedad más imberbe contribuyó a forjar vocación, la de ir contando lo que veo, lo que pienso y lo que opino con absoluto respeto a las leyes.

 Como en su tiempo “lo que no se puede decir, no se debe decir” y no seré yo quien lo diga.