Divagaciones primaverales de un paseante ingenuo



 Aunque el calendario dice que estamos en primavera, el tiempo persiste en continuar con un invierno remolón, lo cual no debe ser impedimento para que tomemos conciencia de lo que la primavera significa.

 Renovación, reinicio de los procesos vitales, regreso del esplendor del apogeo, de ese milagro que significa la vida. Y también es estación propicia al disfrute de la vida en toda su plenitud e intensidad. No faltan en nuestra Comarca de Alhama rincones, lugares y sitios en los que poder gozar como gustemos, según nuestras aficiones y apetencias. Al senderista le ofrece caminos y rutas privilegiadas; al que gusta del arte en todas sus manifestaciones no le faltan iglesias y otros edificios de interés cultural que recorrer, con un rico patrimonio que disfrutar. El aficionado a la buena mesa y mejores caldos, también encontrará donde gozar de los placeres de la Casa de Lúculo, romano que pasó a la historia, entre otras cosas, por su afición a los placeres culinarios.

 Ciertamente para todo esto se necesita el sosiego que los tiempos niegan y el disfrute de medios de vida que cada vez son más exiguos, por la acción ineficaz, cuando no, ilegal de quienes dicen gobernarnos en todos los ámbitos; pero para los placeres sencillos de darse una caminata por alguna de las rutas que al caminante se ofrecen, y, después tomar alguna colación en cualquier de los lugares que se ofertan al sediento y hambriento, no se necesita ser un Craso, hoy diríamos un Bárcenas o un Lanzas, y bastan unos pocos euros.

 Creo que fue el escritor Manuel Vicent el que dijo que la "vida es una novela que siempre acaba mal, el protagonista muere" pero precisamente por eso mismo es preciso, y casi obligación, disfrutar al máximo de todas las posibilidades que nos ofrece. Estoy convencido de que no estamos en este mundo para "ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente" como castigo divino, sino que debemos trabajar para obtener lo que precisamos para nuestro sustento y modificar la naturaleza adaptándola a nuestras necesidades; necesidades que son bastante sencillas a poco que lo reflexionemos. Hablo de necesidades reales, no de las impuestas por la publicidad, el que dirán y otras formas de manipulación mediáticas.

 Lo que ocurre es que esos sencillos presupuestos se han pervertido y hemos llegado a esta situación en los que unos pocos se apropian de los recursos globales, destruyendo a la naturaleza y esclavizando a muchísimos, hay muchas formas de esclavitud, para satisfacer sus más mínimos caprichos. Y lo hacen amparados en que es la única forma de que el mundo funcione de manera racional, esto es, dejar que prime el interés personal del más fuerte sobre los intereses de la comunidad.

 Pero en fin, aún quedan algunos rincones de sosiego en los que poder, de vez en cuando, retirarnos cuando la actualidad con su pestilencia nos abruma demasiado. Pero después, conviene regresar.